Cuando hablamos del diálogo pensamos inmediatamente en la comunicación entre dos o más personas. Conversaciones, palabras, puntos de acuerdo, entendimiento y un sin número de características que giran alrededor de una breve charla.
El diálogo, en su forma más primitiva, resulta inherente en la vida humana. Dicha actividad se ha manifestado en nuestra historia como una de las principales herramientas para encontrar el conocimiento.
El diálogo “es un conversar, un discutir y responder entre personas asociadas al común interés […] En este sentido, el principio del diálogo fue una adquisición fundamental que paso del pensamiento griego al pensamiento moderno y que en la edad contemporánea conserva un valor normativo eminente” (Abbagnano, 2001, p. 322); el cual se observa en la dinámica de nuestra vida cotidiana.
Sin embargo el desarrollo de nuestra comunicación, a veces difiere de mantenernos en una simple plática entre personas. Hay actividades que pueden complejizar nuestro trato con los demás; la mentira, el convencimiento, la persuasión, el amedrentar o simple hecho de ignorar, son diferentes posibilidades o actividades que pueden surgir dentro del encuentro con el otro.
Dichas actividades oscurecen la intencionalidad de un diálogo. La utilidad, el interés, la hostilidad, el engaño, la negociación y demás hacen notar la complejidad que existe dentro de las relaciones sociales. El campo político no se escapa de esto; ¿Cuál es el sentido del diálogo dentro del campo político?
Sin embargo, en la actualidad, hemos sido testigos de diferentes situaciones políticas que han optado en fortalecer la diferencia entre “nosotros y ellos”. La política entendida como “el conjunto de prácticas e instituciones cuyo objetivo es organizar la coexistencia humana en el contexto de la conflictividad derivada de lo político” (Mouffe, 2011, pp.13-16), ha sido el estandarte dentro de los diferentes actores políticos que han puesto de manifiesto el desagrado a la alteridad.
Los discursos incitados en fomentar las diferencias, en observar al otro como un peligro, en el proteccionismo de una identidad, la construcción de una cosmovisión dominante, o la naturaleza antagónica como único escape para la resolución de conflictos, es una realidad tangible dentro de la política actual. Sin embargo, no es la única cara de la moneda.
Dentro de la política existen diferentes mecanismos, conocimientos o habilidades que pueden generar un acuerdo. Por lo tanto está investigación busca echar un vistazo de las diferentes actividades políticas que se tienen como herramienta para la resolución de conflictos, pero al mismo tiempo, saber ¿cómo se entiende el diálogo como una actividad política para la resolución de conflictos?, ¿Qué características tiene? Y observar ¿cuál es la importancia del diálogo para el concepto político actual?
El diálogo no busca suprimir o eliminar las situaciones de conflictos. El diálogo reconoce dichas conductas. El conflicto sigue teniendo un papel importante en la construcción y fomento de las relaciones de poder. Sin embargo,se busca generar procesos diferentes que puedan proponer soluciones enfocadas en el encuentro con el otro.
El valor del diálogo radica en su proceso. Es una apuesta directa a generar relaciones, empatía y acuerdos entre sujetos. Es una visión complementaria que pretende abarcar aquellos discursos o visiones que no se encuentran a la dinámica antes expresada. Son relaciones cara a cara. Es una relación directa, que no tiene intereses inmediatos.
El campo político no sólo tiene entrada para el desarrollo de los intereses de algunos grupos o del mismo conflicto. Los fenómenos civiles, las acciones colectivas, los movimientos sociales, el desarrollo de la voluntad individual, la solidaridad de una comunidad, el reclamo de algunos derechos, la deliberación para encontrar un acuerdo, el reconocimiento entre iguales, entre otras cosas, también están dentro de la realidad política.
El diálogo y lo político tienen una relación directa en el encuentro con el otro.