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Resumen de ponencia
La subjetividad política de la desigualdad: Exploración de resistencias étnicas, de clase y/o de género. El caso chileno.

*Claudia Garrido



A partir de una revisión longitudinal de los informes de Desarrollo Humano en Chile , en los últimos 20 años, y del análisis de contenido y discurso de los reportes de Derechos Humanos recientes, se constata la incertidumbre con que la ciudadanía vislumbra el futuro, junto a una fuerte introyección de sentimientos de individualización; el desgaste de nociones de colectividad; y la persistencia de brechas de desigualdad. En este escenario, los efectos materiales de la implementación del modelo neoliberal chileno sobre vidas concretas, son comprendidos desde el abordaje de elementos de subjetivación de los malos tratos sociales, vividos particularmente por personas en situación de pobreza; mujeres e integrantes de pueblos originarios.

Entenderemos la pobreza como una categoría social construida, y a los sujetos pobres, como aquellos seres particulares en los que se concretiza esa situación particular. “Los pobres no están fuera sino dentro de la sociedad. Ocupan realmente una posición concreta por el hecho de estar en una situación de dependencia respecto a la colectividad que los reconoce como tales y se encarga de ellos, pero están subraya Simmel, estrechamente ligados a los objetivos de ésta” (Paugam, 2007:52).

A partir de la construcción de la categoría social de la pobreza, se puede señalar que en la experiencia de ser pobre se aprende la descalificación social (Paugam, 2007). Si esta categoría de clase es cruzada con marcadores de sexo (y adscripciones de género), junto a la pertenencia e identificación con pueblos originarios, lo que obtenemos es una experiencia persistente en la vulneración de derechos, que menoscaban cuerpos e identidades de pobres, mujeres e indígenas. Y lo que destaca uno de los informes del PNUD (Desigualdades, 2017), es que los malos tratos cristalizan el problema de la desigualdad en lo cotidiano.


“Lo más terrible de la pobreza […] es ser pobre y nada más que pobre, es decir, que la sociedad no pueda definirte más que por el hecho de ser [LO QUE HA DEFINIDO QUE SEAS] pobre” (Paugam, 2007: 63).

Parafraseando a Paugam (2007), diríamos que el aprendizaje social por el estatus de ser pobre, mujer o indígena indicaría que ya no se puede aspirar a otra ubicación dentro de la configuración social, convirtiéndose en un estigma presente en sus relaciones sociales, cuestión que se vería reforzada por nociones como “combate a la pobreza”, “terrorismo” (indígena), o “mundo doméstico”, lo que no haría más que desvalorizar el estatus social asignado. Y esta ubicación social, no se define únicamente por la dimensión material, sino que es reforzada por formas de descalificación que las personas introyectan subjetivamente. Es a partir de este último elemento que exploramos también en posibilidades de (auto) valoración social.

En virtud de lo antecedente, planteamos las siguientes inquietudes investigativas: ¿puede este aprendizaje de la descalificación social devolverse a la sociedad, no como gesto hostil sino como un proceso creativo y de resistencias? ¿Cómo describiríamos éstas y cómo son significadas por los propios sujetos? ¿En qué medida la violencia y discriminación social puede ser tematizada políticamente como fuente de conflicto sociopolítico y cultural? ¿Podemos proponer la existencia de una inversión de estigma de dicho conflicto? Lo que reflexionamos es tanto una propuesta de <> como la emergencia de una <> de las discriminaciones y vulneraciones experimentadas: una práctica cotidiana de resistencia, dignidad y creatividad; es decir un tránsito de la nuda vida a la vita activa.

Nos interesa, en resumen, que nuestra producción de conocimiento explore una praxis, vinculada con los poderes e imaginaciones que se instituyen en la vida cotidiana, espacio factual que asumimos conflictivo por antonomasia, en tanto que lugar de disputa hegemónica y generación de discursos contra-públicos que nos informan acerca de las reivindicaciones en las dimensiones de la redistribución, el reconocimiento y la representación política; y que representan desafíos éticos en nuestra lucha por la justicia y la dignidad humana.




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* Garrido
Grupo de trabajo Clacso: Reinvenciones de lo común CLACSO. Coordinación Bogotá, Chile