El estado del arte de la investigación científica sobre el vínculo entre el turismo y las sociedades campesinas es el de una polarización en las posturas sobre los efectos del turismo en las comunidades locales (Gascón y Milano, 2017; Kieffer, 2015). Desde hace veinte años, el desarrollo del turismo se ha extendido en América latina y particularmente México, impulsado por instituciones gubernamentales y organismos internacionales como una solución para combatir la pobreza en áreas rurales, preservar el medio ambiente, y diversificar la oferta turística del país. Por un lado, existen estudios que presentan el turismo como una solución milagrosa para resolver los problemas del mundo rural y, por el otro, otra tendencia afirma que muy pocas veces el turismo cumple con sus objetivos y que genera impactos negativos en las comunidades donde se implementa. Este desacuerdo profundo plantea preguntarse sobre qué bases esas posturas se fundamentan, a nivel teórico, ideológico y metodológico. ¿Se trata de una interpretación divergente de una misma situación o de una focalización particular de casos de estudio sobre iniciativas con resultados diferentes?
En este contexto, más que validar una u otra de las dos posturas actuales contradictorias, el reto del estudio de la relación entre el turismo y las comunidades rurales, es alcanzar a definir mejor los criterios objetivos y subjetivos que determinan si un efecto es beneficioso o pernicioso. Reconociendo los límites así como los aportes de ambas corrientes, resulta interesante conducir investigaciones que permitan salir de esa oposición de discursos, analizando los elementos claves que han influido en la construcción y gestión de iniciativas turísticas comunitarias. Stone y Stone (2004) observaron que existen relativamente pocas evaluaciones sobre los impactos de las políticas públicas del TRC a nivel local como mecanismo de lucha contra la pobreza y de conservación de los recursos naturales. Y según Stronza y Gordillo (2008), aún menos emergieron desde las propias experiencias y percepciones locales. La sistematización de experiencias cuya finalidad sería la de comprender las prácticas para mejorarlas se vuelve un nicho de investigación interesante. El análisis de las interpretaciones locales de los procesos en juego al momento de implementar una actividad turística es crucial para entender las repercusiones tanto a nivel económico como social, cultural y ambiental en el ámbito del desarrollo comunitario. Además, conducir investigaciones con enfoque cualitativo y participativo se ha vuelto necesario para “describir e interpretar situaciones y prácticas sociales singulares, dando un lugar privilegiado al punto de vista de sus actores; desde los enfoques cualitativos se busca comprender la realidad subjetiva, el sentido que subyace a las acciones sociales” (Torres, 1996: 5). La experiencia subjetiva de los actores constituye una interesante base de conocimiento y el desarrollo del estudio de los fenómenos sociales desde la manera en cómo los sujetos experimentan e interpretan el mundo social (Berger y Luckman, 1979) es un reto importante en la investigación social, y en particular en el ámbito turístico. Para ello, se hace hincapié en la necesidad de abordar estos estudios a través de un enfoque micro-social, es decir que “parte de lo específico, de la realidad social y del turismo hacía la comprensión, producción de conceptos o construcción de conocimiento” (González Damián y Palafox, 2014, p. 816). Así, el objetivo de esta ponencia es el analizar los procesos ocurridos en la construcción de iniciativas de Turismo Rural Comunitario (TRC), así como en el manejo actual de las mismas, a través de la percepción de los actores involucrados, consolidada por observaciones y resultados obtenidos en trabajo de campo. La investigación se centró en cuatro iniciativas de TRC en México, dos en el estado de Michoacán, Angahuan y El Faro de Bucerías, y dos en el estado de Chiapas, Las Nubes y Las Guacamayas, y utilizó una metodología cualitativa y participativa.
Los resultados se dividieron en dos grandes ámbitos: 1/ los elementos claves de la fase de construcción de las iniciativas de TRC; 2/ las características principales del manejo actual de las iniciativas de TRC. Se identificaron elementos claves, algunos similares, otros propios a cada proceso, que influyeron de manera positiva y negativa en las iniciativas.
En cuanto al proceso de construcción de las iniciativas, se analizó el origen del turismo, el papel de los comuneros en la implementación de la actividad turística, los apoyos financieros y políticos recibidos así como las formas de organización colectiva de las comunidades rurales.
En cuanto al proceso de manejo actual, se analizó el papel de los socios en la gestión de la actividad turística, el nivel de autosuficiencia frente a las políticas públicas de subsidio así como la visión a futuro de los socios sobre el turismo en la comunidad.
A partir de estos resultados, se discutieron las relaciones existentes entre los procesos de construcción de las iniciativas y su fase actual, resaltando la importancia de la participación local, de la cohesión social y del capital social comunitario como factores claves del éxito de las iniciativas de TRC. Estos cuatro Centros ecoturísticos constituyen ejemplos de iniciativas turísticas comunitarias con similitudes tanto en sus procesos de construcción como en sus fases actuales de gestión. Sin embargo, los resultados han sido disparejos, aún cuando los programas, proyectos y formas de operar fueran iguales. En Las Guacamayas, iniciativa en la que los actores locales han tenido un papel más preponderante en la implementación del turismo y en la que los mismos socios son los gerentes, se ha logrado fomentar un capital social fuerte entre los socios de la cooperativa, situación propicia a mejores resultados actualmente en cuanto a organización interna, gestión del personal, desarrollo comunitario, conservación ambiental, servicio turístico, etc. En Angahuan, Las Nubes y el Faro, la participación local durante la fase de construcción turística ha sido más esporádica, dando resultados, en términos organizativos por lo menos, menos favorables, tal como lo han reportado en otro contexto Garduño et al. (2009). El caso de Angahuan, con los conflictos generados por la definición confusa de las reglas de renta de caballos, remite a una falla en el capital social comunitario: se puede perder el control colectivo, dejando los “free riders” o “gorrón”, definidos por Olson (1965) como personas que están motivadas a no contribuir en un esfuerzo común del que se beneficia y a “gorronear”, la posibilidad de beneficiarse del capital social sin aportar esfuerzos o recursos propios a su fortalecimiento (Durston, 2003).
Esta situación contrastante nos demuestra el papel clave de las comunidades rurales en la apropiación de las iniciativas turísticas. Los resultados recabados en la presente investigación tienden a confirmar la importancia del empoderamiento (Sofield, 2003) y de la generación de capital social y humano (Barbini, 2008; Durston, 2000) por los actores durante el proceso de construcción de las iniciativas turísticas para la gestión actual. Así, se plantea que un mayor nivel de participación e involucramiento en la iniciativa coinciden con un capital social comunitario mayor y una percepción más positiva de los beneficios recibidos. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la implementación del TRC se enmarca en el discurso internacional sobre el desarrollo, mismo que, según Escobar (2005: 4) “ha operado a través de la profesionalización de problemas de desarrollo, lo cual ha incluido el surgimiento de conocimientos especializados así como campos para lidiar con todos los aspectos del “subdesarrollo”. Estos procesos facilitaron la vinculación sistemática de conocimiento y práctica por medio de proyectos e intervenciones particulares. Así, la participación de los actores en la implementación de estas iniciativas de TRC, remite a una conceptualización de la participación bastante limitada por parte de los impulsores de estas iniciativas. La participación, en estos casos, ha sido vista como una herramienta técnica, una bondad indiscutible, un requerimiento que garantizaría en sí el éxito del Programa y legitimaría las acciones implementadas, un paso indispensable en la aplicación de las políticas públicas, es decir no otra cosa que una herramienta a favor del desarrollo capitalista.
Finalmente, el estudio de los procesos sociales, culturales, económicos y ambientales que ocurren en torno al TRC es un nicho de investigación novedoso tanto para la producción de conocimientos académicos para entender cómo se han construido estos procesos en el tiempo, como para poder resolver problemáticas sociales en el futuro en el ámbito del turismo y del desarrollo comunitario.