Este trabajo se aproxima a los asesinos por encargo y su universo social y simbólico en Chone (Manabí-Ecuador), una localidad ubicada en los márgenes geográficos, de legalidad y legibilidad estatal. En primer lugar, muestra cómo se ha construido una geografía imaginaria entorno a Chone y Manabí, a partir de la cual se ha concebido periódicamente a estas localidades como ingobernables y anómicas, susceptibles a ser pacificadas a través de la intervención policial y militar, de aquí que se hayan producido estigmas sociales y territoriales en la región y la población. La estigmatización histórica de Chone y Manabí como sociedades y territorios ‘ingobernables’ que periódicamente deben ser ‘pacificados’ obedece a la recurrencia de procesos locales y provinciales considerados “anómicos” por los tradicionales centros de decisión política: 1) la insubordinación con la que fue adscrita la diferencia étnica durante el régimen colonial; 2) los permanentes levantamientos para que se abolieran los tributos durante el régimen colonial y poscolonial; 3) los conflictos por ser, junto a Quito, Guayaquil y Cuenca, uno de los núcleos políticos económicos durante el proceso formativo de la República; 4) el liberalismo radical (1880-1920) que tuvo como epicentro a Chone y Manabí; 5) los grupos de campesinos armados conocidos como “montoneras”, que fueron las fuerzas de choque del liberalismo radical; 6) el surgimiento de Los Tauras (1940-1970), que eran grupos de caciques locales que junto a sus jornaleros armados operaron en la zona para sostener su dominio territorial y económico; 7) los múltiples bandidos con cierto airé mítico y épico que surgieron en la zona (como “El Justiciero” o “Don Macario Briones”); 8) Las bandas delictivas que desde allí se expandieron a nivel nacional, como el grupo Los Quesero y el grupo Los Choneros a partir del año 2000, el cual acumuló tanto poder que incluso amenazó a Rafael Correa, el entonces presidente de Ecuador.
En segundo lugar, este trabajo analiza la presencia histórica de asesinos por encargo en dicha región y muestra cómo estos actores de violencia se articularon en distintas coyunturas a grupos de poder locales que en su momento regularon las relaciones sociales en la zona, lo que evidencia que el Estado no es esa entidad monolítica presente del mismo modo en el territorio y que en los márgenes del Estado pueden emerger grupos fácticos que lo sustituyen o a quienes se les delega funciones que le corresponden al Estado (una suerte de “estados por delegación”). Estos procesos, no obstante, obligan a adoptar cierta cautela, ya que no se inscriben en la noción ideológica de los “Estados fallidos” ni se circunscriben solo a los “sures globales”. Aquí se propone que estos proceso deben ser pensados no como una anomalía o excepción, sino como una regla.
En tercer lugar, este trabajo muestra que las aproximaciones disciplinarias hacia al asesinato por delegación en América Latina y en Ecuador se han centrado en su vertiente moderna: el sicariato. No obstante, propone que en determinados contextos esta práctica es antigua. En Ecuador, por ejemplo, el sicariato se tipificó como delito en 2014, sin embargo, en Manabí y Chone el asesinato por encargo muestra cierta densidad histórica. De aquí que se analizarán las rupturas y continuidades de las racionalidades y regímenes de sentido a partir de los cuales los asesinos por encargo han justificado su actividad criminal; y además, se mostrará que estos elementos se han reconfigurado cuando se oscila desde los asesinos por encargo “tradicionales” (“enganchados”, “destajeros” y “tronqueros”) hacia los “modernos” (sicarios).
En cuarto lugar, muestra cómo estos actores y procesos en torno a la muerte no han tenido cabida en la historia letrada oficial local y provincial, pues forman parte de un mundo no escrito que solo ha podido mantenerse vivo a través de una memoria oral que se abre de forma exclusiva en redes de sociabilidad afectiva. A su vez, este trabajo muestra que las memorias sin archivo en torno a la violencia y sus actores se han trasladado de un régimen oral a un régimen visual, sin que ello suponga un proceso de sustitución o reemplazo, ya que habitantes de la zona han producido, desde 1994 hasta la actualidad, varias películas populares que han narrado dichas experiencias y han traducido visualmente imaginarios locales. De esta forma, las memorias subterráneas individuales y colectivas se han rearticulado en filmes como Avaricia (2000) Barahúnda en la Montaña (2003), Sicarios Manabitas (2004), Tráfico y secuestro al Presidente (2008) y Ángel de los sicarios (2012).
Para concluir, en quinto lugar, se mostrará que estas cinematografías populares, a pesar de codificar procesos de alta complejidad a nivel local y de sacar a la luz lo que la cultura letrada ha dejado en la sombra, no son captadas ni entendidas en su especificidad, porque al circular por otros regímenes de sentido, impregnados por miradas clasistas y racistas, son reducidas a simples espectáculos de sangre, muerte y violencia, que refuerzan los estigmas territoriales trazados históricamente sobre la región.
Esta investigación de corte antropológica se basa en: 1) historias de vida de asesinos por encargo; 2) entrevistas a actores que de forma directa o indirecta conocieron de sus actividades; 3) revisión hemerográfica de diarios locales y nacionales contemporáneos; 4) trabajo en archivos y fondos documentales locales; 5) análisis de películas populares que se han producido en la localidad desde 1994; 6) etnografía situada en las zonas de estudio