La presente ponencia pretende analizar los desafíos de algunos movimientos sociales de Paraguay y mostrar cómo han pasado de la simple inconformidad a llevar a cabo acciones puntuales que buscan la construcción de un mundo más justo, incluyente, un mundo más humano. Se trata de hacer explícito un hilo conductor entre las reivindicaciones sociales y la búsqueda de la justicia.
Paraguay bordea los 7 millones de habitantes en la actualidad (2017) y es uno de los más desiguales e inequitativos del mundo. Problemas como el desempleo, el subempleo, la pobreza extrema, el analfabetismo, el acceso a un sistema de salud y a una pensión digna son el pan de cada día en este país suramericano.
No sólo es el desempleo que bordea el 30% de la población, uno de las principales larvas de la sociedad paraguaya, sino el subempleo también lo es, donde muchos individuos se encuentran ejerciendo un determinado oficio, donde no tienen lo mínimo de seguridad social, como es el caso de la informalidad.
Igualmente, otra situación preocupante tiene que ver con la cantidad de paraguayos que viven con menos de US$ 4,0 al día (umbral regional de pobreza), más de un millón de personas. La pobreza y la desigualdad de ingresos siguen siendo un reto importante, situación que se agrava en el sector rural y en las laderas de las ciudades, creando suburbios donde la situación social es muy precaria y las condiciones sanitarias son verdaderamente paupérrimas.
Efectivamente, la pobreza obedece a factores multidimensionales que exige por parte del Estado estrategias integrales para su superación que en el caso del Paraguay, todavía están por implementar. Con los altos índices de pobreza se afectan todos los derechos, entre ellos, la justicia, la participación, la alimentación, la salud y la educación. Es evidente que la pobreza también socava los cimientos de la democracia donde existe inequidad y faltan oportunidades para salir avantes al interior de la sociedad. Se habla de un crecimiento económico, donde los dueños de grandes conglomerados ganan, pero no de un desarrollo económico que beneficie a todos los paraguayos.
En el 2012 cerca de unos 200.000 niños se encontraban por fuera del sistema educativo, la mayoría de ellos en condiciones de pobreza.
En relación con las prestaciones jubilatorias y de pensiones, Paraguay tiene una situación muy baja, en relación con sus países vecinos y miembros de MERCOSUR, con tan sólo el 16, 6 % en comparación con Argentina, 89, 3%, Brasil, el 85,1 y Uruguay, 84,5 . O sea que no sólo no hay un empleo formal, sino que es muy improbable que uno se pensione en Paraguay. Este país hace parte, del Mercado Común del Sur (Mercosur) desde su fundación en marzo de 1991, no obstante, su talante social es el más bajo de los países miembros y su
A pesar de que existe una política de subsidios monetarios que coadyuvan en los ingresos monetarios de los hogares paraguayos que en el 2014 lograron beneficiar al 27% de la población rural en condiciones de pobreza extrema y al 28 % del sector urbano, se logró palpar que la cobertura es pequeña, en relación con lo que se requiere. Adicionalmente a esto, también se logró evidenciar que los recursos financieros para estas políticas son limitados y no obedecen a una política de estado, sino a programas temporales que rayan con el asistencialismo.
A pesar de los esfuerzos en materia de educación, en el fomento de trabajo formal, en la reducción de la deuda pública y en la extensión de la protección social en la última década 2007-2017, Paraguay es un país que sigue quedando relegado en el continente, junto con otros países de altos niveles de pobreza y desigualdad, como Bolivia y El Salvador. Aunque significativos, estos progresos han sido muy lentos y siguen reflejando atraso y falta de interés de las clases dirigentes para empoderar a los excluidos y más débiles.
Es pertinente fraguar una concertación nacional donde surjan escenarios que permitan articular las necesidades y las peticiones de todos los paraguayos donde se oteen horizontes de esperanza tanto a nivel laboral, productivo, educativo y social. En esta concertación nacional, no sólo tienen cabida los movimientos sociales, sino que es un imperativo que sean protagonistas del afianzamiento de unas políticas para la equidad y la inclusión social, las cuales tanto necesita el país suramericano.