La cotidianidad de gran parte de las mujeres trans que ejercen el trabajo sexual en la Galería de Manizales, Colombia, transcurre entre las habitaciones de sus casas o residencias, la Calle de las Guapas y la plaza de mercado, es decir, la ciudad es un triángulo para ellas. Entre las principales razones que explican este fenómeno, se encuentra fundamentalmente la injusticia espacial, que se refiere a ciertas formas de organización política del espacio que excluyen y confinan en determinados lugares de las ciudades a quienes no se ajustan al modelo hegemónico de normalidad social, económica, sexual y/o de género.
En Manizales, ese lugar de confinamiento para quienes han sido “anormalizados” es la Galería o plaza de mercado, y específicamente para las mujeres trans que ejercen el trabajo sexual es la Calle de las Guapas, un espacio de unos cuantos metros que hace las veces de frontera y de refugio para ellas. Reconocida popularmente como un espacio marginal, o un espacio otro en el sentido foucaultiano, opera como límite porque estas mujeres prefieren no ocupar otros espacios más allá de la Calle, porque distintos actores sociales e institucionales –especialmente la Policía Nacional- las violentan y confinan allí para evitar que “se propague la prostitución” o que den una “mala imagen” de la ciudad. Pero, opera también como refugio porque ellas se han apropiado del espacio en el que las confinaron y han hecho de él un resquicio desde el que agencian prácticas colectivas de resistencia tales como la creación de su propio colectivo social, estrategias de intervención del espacio urbano, procesos de formación para la defensa de sus derechos humanos, construcción de lenguajes propios, entre otras.
Estas reflexiones surgen de la tesis de maestría que me encuentro realizando, que se titula “Prácticas colectivas de resistencia ante la injusticia espacial de las mujeres transgénero que ejercen el trabajo sexual en la Calle de las Guapas de la ciudad de Manizales”, en el marco de la Maestría en Justicia Social y Construcción de Paz de la Universidad de Caldas en Colombia. En ella busco comprender cómo se configuran estas prácticas, teniendo en cuenta el contexto mencionado en líneas anteriores. La metodología que guía la investigación es la etnografía feminista –donde lo personal no sólo es político sino también teórico-, y las teorías que sustentan este trabajo son, por un lado, el discurso reflexivo sobre la justicia social de Iris Marion Young, y por el otro, el concepto de justicia espacial de Edward Soja.
La injusticia social, según Young, opera a través de cinco aspectos: la explotación, la marginación, la carencia de poder, el imperialismo cultural y la violencia, los cuales efectivamente se expresan en las vidas de las mujeres trans en América Latina, y en este caso, de la Calle de las Guapas. Sin embargo, las consecuencias espaciales que se derivan de estas cinco caras de la opresión no han sido suficientemente estudiadas en lo que esta población se refiere, por lo cual quiero compartir en esta ponencia no sólo la categoría de injusticia espacial, sino también el concepto de confinamiento, que es el que específicamente ha hecho que la ciudad para Las Guapas sea solamente un triángulo.
El confinamiento podría definirse, parafraseando a Inzulza y Galleguillos (2014), como la creación de espacios cerrados a partir de la transformación de espacios públicos, en los cuales se configura un clima de separación y desconfianza donde se estigmatiza la diferencia. Estos autores proponen que el confinamiento va de la mano de la seclusión socioespacial, que según Wacquant (2011) tiene que ver con el aislamiento de ciertos individuos y actividades sociales hacia determinados espacios. Si bien Young propone la marginación como un proceso de exclusión, esa cara de la opresión tiene que ver con los estigmas sociales que se les asignan a ciertos grupos, es decir, como individuo no interactúo con determinadas personas y las hago a un lado por tener X o Y características. Sin embargo, la cara del confinamiento tiene que ver directamente con el ejercicio de segregación de la diferencia a algún espacio que se vuelve periférico, no sólo por su ubicación sino por el sentido social y político que se le otorga. En el caso de la población en cuestión, ese espacio es la Calle de las Guapas.
Finalmente, en esta ponencia quiero expresar que Las Guapas no solo son víctimas de la injusticia social y espacial, sino que también la impugnan a partir de múltiples prácticas colectivas de resistencia que agencian cotidianamente. La ciudad que se les ha impuesto de forma triangular comienza a adquirir otras formas posibles a partir de los desacuerdos que las mujeres trans plantean y de los repertorios que emplean para disputar significados de ciudad, de cuerpo, de trabajo, de feminidad, e incluso de familia, en una ciudad conservadora como Manizales.