El presente escrito pretende abordar algunos aspectos acerca del uso de la violencia por parte del Estado mexicano, frente a la capacidad de resistencia de los movimientos sociales y de los grupos excluidos, a partir del análisis del fallido intento de candidatura presidencial de María de Jesús Patricio Martínez (Marichuy), representante del Consejo Indígena de Gobierno, grupo que aglutina una multiplicidad de sectores, particularmente indígenas, cuyo mayor exponente es el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Marichuy fue la única aspirante a la candidatura presidencial que hizo referencia de manera explícita a las problemáticas del México de abajo, no solo visibilizando el despojo y la opresión que sufren estos, sino también expresando su intención de emprender acciones concretas para mejorar sus condiciones de existencia.
Desde esta óptica, la candidatura de María de Jesús Patricio le otorga voz a aquellos grupos que Pilar Calveiro denomina como “prescindibles-peligrosos”, por ser los sectores de la sociedad que se encuentran fuera del orden instituido y que de manera constante sufren la violencia estatal puesto que representan una amenaza para su hegemonía. Para lograr su conservación, en numerosas ocasiones, el Estado necesita ejercer la violencia desde su centro de poder hacia los grupos que se encuentran en la periferia, mientras que al mismo tiempo demoniza y condena cualquier tipo de protesta o reacción por parte de estos, excusándose en la defensa del Estado de Derecho que él mismo vulnera constantemente.
En contrapartida, los diversos movimientos autónomos, y en particular el zapatismo, procuran, mediante la resistencia, abrir nuevos espacios de debate político, sin que esto implique necesariamente la apropiación del aparato estatal; por el contrario se construyen a sí mismos como aquella alternativa capaz de poner coto a la violencia del Estado, forjando nuevas vías de actuación política. En este sentido, la creación de los Caracoles simboliza un claro ejemplo de su proceder, tal vez el mayor; mientras que la adopción de la vía institucional puede ser considerada como un nuevo capítulo en la resistencia.
Ante la intención del zapatismo de entrar en la arena política, el Estado reaccionó frenando la candidatura de Marichuy amparado en su propio derecho, puesto que el mismo sistema electoral tiene incorporados los resguardos legales que le permiten la continuidad de los sectores dominantes, ya que al exigir una serie de requisitos que solo son accesibles para las elites, cancela cualquier posible apertura y anula la pronunciación de voces disidentes.
Las dificultades que tuvo que afrontar Marichuy pusieron de relieve los inconvenientes del sistema electoral mexicano para las candidaturas ciudadanas: se necesitaban más de ochocientas mil firmas para obtener el registro. Trabajando con un grupo de voluntarios, y sin aceptar la ayuda del Estado, el movimiento consiguió aproximadamente doscientas mil, siendo, por mucho, el registro de firmas más confiable (94,48%). El resto de los partidos pudo contratar empresas privadas que realicen esta tarea, lo cual les facilitó la labor.
A pesar de no haber llegado a la candidatura, esta iniciativa sirvió para demostrar la exclusión política intrínseca del sistema electoral mexicano. Los movimientos indígenas en general y el zapatismo en particular, moviéndose como lo vienen haciendo tanto en el marco institucional como en lo contra-institucional, deberán plantearse a futuro como lograr aquella inclusión política que hasta el momento se les ha negado. El trayecto vivido demuestra que el zapatismo es un experto en reinventarse y redescubrirse.
A futuro nos es imposible dejar de preguntarnos respecto de lo que hubiese sucedido si efectivamente Marichuy lograba la candidatura, y si realmente ese era el propósito. No pretendemos establecer algún tipo de conclusión definitiva al respecto, por la inmediatez de los acontecimientos y porque reconocemos que las especulaciones posibles son múltiples y responden en cierto modo a la diversidad de respuestas y sentidos que se pueden esgrimir, teniendo como protagonista a un movimiento tan versátil como el zapatista.