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Resumen de ponencia
El arte de recordar: la memoria como arma para la lucha.

*Mónica Iglesias



En esta ponencia presentamos los avances de una investigación postdoctoral cuyo propósito es explorar la conformación y la transmisión de la memoria afirmativa –entendida como aquella que recupera los aspectos socio-constructivos de las luchas, su carácter germinal de otros mundos posibles– en el caso de las mujeres pobladoras y la incidencia en su quehacer histórico. Más que de una memoria de mujeres, proponemos hablar de una “memoria feminista”. Esta comprensión de la memoria desde un punto de vista feminista, a partir de la conflictividad de dos entes –memoria y pobladoras– que “sólo son y se constituyen en la relación”, nos permite estar vigilantes frente a los riesgos de la totalización y la esencialización. Desde esta perspectiva, la memoria feminista no sólo introduce en la historia un actor y sus experiencias, anteriormente invisibilizadas, sino que reordena el marco histórico, tiñe de otro color la interpretación del pasado y cuestiona el orden epistemológico dominante. Articulando el género, la memoria y la subjetividad política, desde una perspectiva interdisciplinaria, que combina los aportes de la sociología crítica con la historia social y los estudios de género, buscamos comprender las memorias colectivas de las mujeres pobladoras organizadas en la historia reciente de Chile (1973-2015). Se trata de indagar en la memoria de las mujeres que luchan y de cómo construyen la memoria como una lucha y cómo se construyen a sí mismas como mujeres luchadoras, dando vida a movimientos sociales. En los estudios sobre memoria, ha predominado una comprensión de ésta, desde los sectores oprimidos, como registro y actualización de las ofensas y los agravios padecidos, a la espera de un futuro donde se desbaraten las relaciones de poder que los someten (Calveiro, 2008). Así, la memoria de la resistencia se concibe, en gran medida, como una estrategia para alimentar la “digna rabia” (Holloway,2008). La subjetividad antagonista, en esta primera acepción, se funda en la negatividad: en el reconocimiento de aquello y aquellos que son negados por los sectores dominantes. No obstante, la rabia que nace de la dignidad contiene en sí misma el germen de la transformación porque está inspirada por la lucha. La resistencia no es sólo oponerse a lo “impuesto” sino también construir alternativas, no es sólo espera de un tiempo mejor sino también (re)construcción de un tipo de relaciones sociales diferentes.
Desde esa perspectiva, la memoria, además de inventariar los ultrajes, requiere recuperar y re(construir)los saberes, capacidades y logros de aquellos que son dominados y negados. Esta memoria forja subjetividades antagonistas afirmativas; es una memoria afirmativa. Los actores antagonistas no luchan sólo por oprimidos, explotados o ultrajados, sino también porque pueden y saben luchar, es decir, porque han recuperado y recreado saberes que refuerzan su capacidad de resistir y de contraponer, al orden imperante, un proyecto alternativo. Es en ese pasaje de la negación a la afirmación donde la víctima puede emerger como actor, como protagonista de su/la historia (Garcés y Milos, 1987; Pinto, 2000). Para que la memoria sea “potencialmente liberadora” (Todorov, 2000) se requiere pasar de una visión “derrotista” a una construcción identitaria empoderante, a una rehabilitación del “quehacer protagónico” de los sectores populares (Salazar y Pinto, 2002). En este trabajo sostenemos que la acción de las mujeres en las organizaciones de sobrevivencia que emergieron en las poblaciones chilenas durante la Dictadura se alimenta de las experiencias de auto organización y de acción acumuladas –sedimentadas– en la memoria de esas mujeres, que las constituye como sujetos empoderadas, capaces de incidir sobre su realidad, de ser protagonistas de su historia. Memoria, mujeres y lucha serían, desde esta perspectiva, las parteras de la Historia. Afirmamos también que las pobladoras, aunque a nivel del relato no siempre asuman el discurso feminista y se reconozcan como tales, con sus prácticas sí pusieron en tensión las construcciones narrativas heteronormativas, al transformar o desbordar los lugares y los roles que la sociedad machista les asigna, y por lo tanto, pusieron en marcha formas de solidaridad y de construcción identitaria que permitieron imaginar otras formas de lo colectivo y de lo político, más allá de la versión tradicional, masculina. Por lo que es necesario dar cuenta también de las tensiones que emergen en su memoria entre género y clase, al tratarse de mujeres de sectores populares, para reflexionar acerca de las particularidades de sus experiencias y del “feminismo popular” que construyen.




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* Iglesias
Universidad de Valparaíso UV. Valparaíso, Chile