En el artículo, yo plantee el siguiente marco analítico: “si hay una literatura menor”, expresión utilizada por Deleuze y Guattari para definir la obra de Franz Kafka, ¿por qué no pensar también en una historia menor? Las narrativas femeninas, marcadas por recortes temporales, al ser narradas y descritas, posibilitan el surgimiento de discursos marginalizados y no visibilizados por la historia tradicional. Es esta historia menor –memoria femenina, más bien subjetiva, familiar, afectiva y maternal, olvidada por la memoria oficial – que me propongo a analizar. Siendo así, la historia del femenino, al ser entendida como una historia menor, puede producir, a través de líneas de fuga que ella construye, discontinuidades en la historia oficial. La historia oficial construyó una narrativa legitimadora en lo que se refiere a los conceptos de mayor/menor, íntimamente vinculados a los mecanismos de selección y exclusión dirigidas por las instancias de legitimación de la “verdad”. Por consiguiente, los criterios legitimadores de la selección son marcadamente históricos, inexactos, ocurridos en un determinado tiempo y lugar. La historia de las mujeres, a su vez, narra y revela una “historia menor”, del silencio , una historia del confinamiento, arbitraria, rodeada de misterios y zonas oscuras.
El ejercicio que haremos aquí es subvertir el concepto de “menor”, le tornando potente, y lo comprender en la historia de las mujeres como aquél que está por debajo de la palabra de orden y que se ubica fuera de las imágenes impuestas por la mayoría. Para la historia oficial, el acontecimiento histórico que envolvía el femenino estaba en segundo plano, ya que vinculado a los sentimientos, privado al subjetivo. Esa memoria, esa experiencia femenina, transmitida mismo en silencio, escapó de una territorialidad marcada por el poder masculino y posibilitó que las narrativas menores pueden construir un devenir político, engendrando la construcción de una enunciación colectiva que se hizo no por la consciencia nacional, sino por múltiples solidaridades entre las solitarias, las regeneradas y las no ciudadanas.
Al traernos el análisis al ámbito de las narrativas femeninas, mostramos vagarosamente que sus historias no se refieren solamente al ámbito privado, a los casos de amor, a los cuidados de la familia, al servir, a las reglas de comportamientos. No; hay otra historia desarrollándose dentro de una historia mayor; una condición de invisibilidad y de miseria (sea cual fuese ella); una condición política, cultural, económica, social, sexual, y otras. Hay una potencialidad política, un devenir político, una “historia menor” que, cuando mirada por el microscopio, no revela solamente casos universales, pero conflictos de género que se involucran, de manera compleja, las representaciones sociales que producirán sus cuerpos y sus subjetividades en el caminar de la historia.
Las mujeres, al escribir la historia, siendo osadas y recatadas, desbocadas y púdicas, sexuales e etéreas, pasan a dibujar un devenir político como potência. Usan sus lugares como potencia inventiva – la potencia de un pensamiento “nómada”, abierto a las conexiones, que desviase de los procesos de subjetivación manipuladores y dictantes de reglas y conductas del patriarcado. Sus movimientos políticos que, por menores que sean, huyen por las ventanas y por los desvíos que Kafka señala, e insiste en producir nuevos modelos de liderazgos, de que gobiernen a ellas mismas, de crearen estrategias como acto político. Fundase así un pensamiento menor femenino, o sea, un pensamiento de resistencia, que se inventa en la incertidumbre, en una historia menor de fugas-intensivas.
La “historia menor” tornase imprescindible a los pequeños artificios, las proposiciones menores y – ¿por qué no? – a las inutilidades dadas por el discurso hegemónico. Ese proceso de singularización, producto de un todo, explota las narrativas y las memorias menores, subalternas y variadas, cuando percibidas por las perspectivas de otros sujetos.
¿Cómo es posible pensar, crear, hacer y existir otra historia que está encubierta por la universal? ¿Qué puede ser la historia de las mujeres? Pensar bajo los lineamientos de la “historia menor” es percibir las posibilidades, transformando los pequeños experimentos en resistencias femeninas que subvierten las relaciones de poder. Deleuze apunta que el desvío ante lo que es mayoritario es la ventaja que se presenta al menor. Así es la importancia cualitativa de la minoría: desviarse del padrón, irrespetar el criterio establecido e históricamente interiorizado como natural. Es crear el nuevo y promover el desplazamiento.
En la historia mayor, hay la pérdida del contexto para pensarse en un ambiente que funciona casi como un escenario, un mosaico, que forma el todo. Ya en la “historia menor”, lo que vibra es una política, una acción dentro, con y a partir de un contexto. No hay una historia universal desplazada de las condiciones y de la forma que produce, pues en la historia menor, “el caso individual tornase el más necesario, indispensable, incrementando el microscopio, en la medida que otra historia agitase en él” (DELEUZE Y GUATTARI, 2014, p.26).
La singularidad femenina abarca una pluralidad que la constituye. La historia menor tornase visible – y sensible – esta municipalidad constituyendo un acto político, como lo hace y lo hizo el movimiento feminista. Estas historias existen en razón de los actos de resistencia, de fuerza política y de contestación. En esto sentido, la historia de las mujeres está formada no sólo por el consentimiento , pero también por la resistencia ante los dispositivos de poder la normalizan y la disciplinan.