Entre las tendencias globales más sobresalientes de las últimas tres décadas está el crecimiento sin precedentes de la migración de recursos humanos calificados. Así, 27% de los migrantes en el Grupo de los 20 (G20) tenía un alto nivel de educación (terciario) en 2010/11, frente al 23% en 2000/01. Esto corresponde a un aumento del 60% o a 12 millones adicionales de inmigrantes con educación terciaria. Estados Unidos, junto con Canadá y Reino Unido, albergan a dos tercios de los migrantes altamente calificados que viven en los países del G20. El número de inmigrantes altamente calificados en estos países aumentó en un 77% entre 2000/01 y 2010/11, llegando a cerca de 20 millones.
Al mismo tiempo, la evidencia muestra que a nivel mundial la participación de la migración femenina calificada es mayor en comparación con la población masculina, incluso supera al grupo de mujeres no calificadas y hombres migrantes calificados (Rodríguez 2014). Cifras de la OECD (2017) estiman que en 2010/11, 52% de todos los inmigrantes altamente calificados en el G20 eran mujeres, en comparación con 49% en 2000/01.
México, es un país con una larga tradición de migración hacia Estados Unidos. Al igual que en resto del mundo en las últimas décadas se ha incrementado el porcentaje de migrantes calificados con licenciatura o más para llegar a 10.2% en 2015 de 3% en 1990 (Delgado, 2016). Al mismo tiempo ha sido notable el incremento de la migración calificada femenina. En tanto la tasa media de crecimiento anual de los hombres migrantes calificados fue de 5.9% entre 1990 y 2014, la migración calificada de mujeres creció al 8.1% (Ramírez-García y Gandini, 2016).
Como se ha señalado en la International Organization for Migration (IOM, 2010) los movimientos poblacionales están relacionados con el género porque las razones por las cuales migran hombres y mujeres son diferentes, así como sus canales para migrar y sus experiencias. El contexto social en el que ocurre la migración está influido por las desigualdades según sexo y las relaciones familiares, lo cual plantea la necesidad de analizar este fenómeno. Estamos de acuerdo con analistas que enfatizan la necesidad de partir del concepto de género como una base teórica de diferenciación y no solo como una variable de control en los análisis de la migración (Kanaiaupuni, 2000). Para la Migración Calificada (MC) distintos estudios han encontrado que entre la población femenina se observa frecuentemente un impacto negativo en su profesión acompañado por el incremento en las responsabilidades del hogar (Meares, 2010). En algunos casos ocurre en términos de carreras interrumpidas en donde la experiencia laboral obtenida en el país de origen se desperdicia (Meares, 2010) y ocupan trabajos para los cuales están sobre calificadas (Ramírez-García y Gandini, 2016). En otros, puede implicar que aun teniendo credenciales académicas, las mujeres deban permanecer fuera de la fuerza de trabajo por periodos importantes (Gottfried, 2013).
La evidencia muestra que las condiciones laborales de las migrantes mexicanas calificadas en cuanto a tasa de participación, posibilidad de empleo y ocupación de puestos en los sectores de alta calificación difieren si se comparan con las mujeres altamente calificadas en México y con las de la generación 1.5. Lowell y Pederzini (2012) encuentran que la tasa de participación económica en las edades 25-54 de las mujeres con maestría y doctorado en México es de 87.3 y 96.5%, para las migrantes (generación 1.0) estas tasas son de 72.1 y 59.5% y para la generación 1.5 son de 90.2 y 84.2%, respectivamente.
El objetivo de esta investigación es examinar las características de la ocupación de las migrantes mexicanas calificadas en Estados Unidos frente a la migración masculina del mismo tipo para el año 2015. En particular indagar las distintas probabilidades de ocupar empleos de alta, media y baja calificación, así como de encontrarse fuera de la fuerza de trabajo. Este trabajo busca visibilizar la doble vulnerabilidad que enfrentan las mujeres en el país receptor: como migrantes y de género, particularmente importante para las migrantes profesionistas. La intención es mostrar que las desigualdades de género que permean en las esferas pública (mercado) y privada (hogar) inciden en forma diferenciada en la entrada a la fuerza de trabajo y en los distintos tipos de ocupación por nivel de calificación tal como ha sido encontrado en el caso de migrantes calificadas en otros países.
Para cumplir con el objetivo estimamos dos modelos econométricos multinomiales (uno para mujeres y otro para hombres) que examinan las probabilidades de no ocuparse o de emplearse en ocupaciones de distinto nivel de calificación (alta, media y baja). La fuente que utilizamos fueron los microdatos de la American Community Survey (ACS). Las variables explicativas se agruparon en tres grandes categorías: i) sociodemográfica (grupos de edad, situación conyugal y presencia de hijos), ii) capital humano (nivel de escolaridad, formación académica y afluencia en el idioma inglés) y iii) características migratorias (ciudadanía y tiempo de estancia en Estados Unidos).
Por otra parte, los resultados de la estimación econométrica muestran que, efectivamente, existen diferencias estadísticamente significativas entre los resultados de la regresión para mujeres y hombres. En relación con las características socioeconómicas, los grupos de edad sólo resultaron significativos para los hombres en las ocupaciones de calificación alta y media, mientras que para las mujeres no tiene un efecto. Por el contrario, la situación conyugal y la presencia de hijos reducen la probabilidad de participar en ocupaciones alta, media y baja entre las migrantes calificadas. Respecto a las variables sobre capital humano, algunas especialidades de la formación académica fueron significativas sólo para las mujeres: negocios, humanidades y ciencias sociales en calificación alta y, en calificación media: negocios, ICMCC y ciencias sociales. Mientras que para los hombres la única especialidad significativa fue ciencias de la salud en ocupaciones de calificación media. Cabe mencionar que los grados académicos, así como el dominio del inglés definitivamente incrementan la probabilidad de ocuparse en empleos de alta calificación, con alguna excepción.
En suma, hay una situación de desventaja para las migrantes calificadas, en comparación con sus congéneres varones. Si bien es cierto que hay un grupo de mujeres que ha roto las barreras de género en términos de avanzar en su formación académica y competir en el mercado de trabajo, todavía persisten normas, estereotipos culturales y arreglos institucionales que limitan su participación laboral en condiciones óptimas, en casi todas las sociedades con algunas diferencias. La carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado ha sido asignada socialmente a ellas, situación que repercute en la participación laboral. Para ello se requiere políticas de conciliación con corresponsabilidad social donde las tareas de trabajo doméstico y cuidados no remunerado sean compartidas entre mujeres y hombres, así como entre el Estado, el mercado y la sociedad.