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Resumen de ponencia
Las contradicciones entre EEUU y China en la actualidad

Grupo de Trabajo CLACSO: Estudios sobre Estados Unidos

*Gladys Cecilia Hernández Pedrazan



Este trabajo analiza como la agenda económica entre los EE.UU y China siempre ha estado y estará sujeta a presiones de orden político, especialmente por parte de las autoridades norteamericanas. Ello se infiere a partir de hechos objetivos: el diferendo económico actual ha perdido muchas de las bases que en algún momento pudieran justificar los ataques norteamericanos a China en el plano económico. Sin embargo, los temas políticos pendientes entre la Administración de Trump y China pueden ejercer un papel determinante en los acontecimientos futuros.
La estrategia de los EE.UU hacia China no ha cambiado. En el debate actual se observan diferentes dimensiones en un entramado de contradicciones que se mantienen totalmente vigentes. Se pueden identificar grupos de temas tanto comerciales (déficit comercial de EE.UU con China; guerra comercial por incremento de aranceles, dumping y desempleo en EE.UU) como financieros (irregularidades con las monedas, transnacionalización del yuan, incremento de las reservas internacionales de China y financiamiento de déficit financieros de EE.UU, peligro de la denominada opción nuclear si China decide vender los bonos del tesoro norteamericano en su poder).
En la esfera política se mantienen las disputas vinculadas a los derechos humanos (Zonas del Oeste de China, Tibet, críticas de EE.UU a la explotación de la mano de obra en China); a las relaciones bilaterales surgidas por el apoyo histórico que China ha brindado a ciertos movimientos de liberación nacional en América Latina, África y Asia; los conflictos territoriales, como en el caso del Mar Meridional.

Pero en la era de la globalización y la emergencia pujante de China han aparecido nuevas contradicciones: el incremento de la influencia China en las Relaciones Internacionales; su expansión creciente en los flujos comerciales y de inversión extranjera; la influencia real en los flujos financieros globales ( inversión extranjera directa, remesas y ayuda oficial para el desarrollo); su papel creciente en las instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial y el FMI; el ciberespionaje; la respuesta de China ante el cambio climático y su estrategia para las energías renovables; la apuesta por el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación; la informatización acelerada de la sociedad y la economía, así como el incremento de la capacidad militar de China.
Ya durante su campaña electoral, Donald Trump, quien durante años ha considerado al gigante asiático como “el principal enemigo de EE.UU” amenazaba con elevar los aranceles comerciales a los productos chinos hasta un 45% respecto al valor de la mercancía con la esperanza de que los procesos de producción regresaran a su país y con acusar a China como un país manipulador de divisas. Según estimaciones realizadas por el estratega financiero Kinger Lau del Goldman Sachs Group Inc., solamente el tema de los aranceles podría provocar una caída de hasta el 3% del PIB chino. La estrategia de los EE.UU hacia China no ha cambiado. En el debate actual se observan diferentes dimensiones en un entramado de contradicciones que se mantienen totalmente vigentes. Se pueden identificar grupos de temas tanto comerciales (déficit comercial de EE.UU con China; guerra comercial por incremento de aranceles, dumping y desempleo en EE.UU) como financieros (irregularidades con las monedas, transnacionalización del yuan, incremento de las reservas internacionales de China y financiamiento de déficit financieros de EE.UU, peligro de la denominada opción nuclear si China decide vender los bonos del tesoro norteamericano en su poder).
En la esfera política se mantienen las disputas vinculadas a los derechos humanos (Zonas del Oeste de China, Tibet, críticas de EE.UU a la explotación de la mano de obra en China); a las relaciones bilaterales surgidas por el apoyo histórico que China ha brindado a ciertos movimientos de liberación nacional en América Latina, África y Asia; los conflictos territoriales, como en el caso del Mar Meridional.

Pero en la era de la globalización y la emergencia pujante de China han aparecido nuevas contradicciones: el incremento de la influencia China en las Relaciones Internacionales; su expansión creciente en los flujos comerciales y de inversión extranjera; la influencia real en los flujos financieros globales ( inversión extranjera directa, remesas y ayuda oficial para el desarrollo); su papel creciente en las instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial y el FMI; el ciberespionaje; la respuesta de China ante el cambio climático y su estrategia para las energías renovables; la apuesta por el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación; la informatización acelerada de la sociedad y la economía, así como el incremento de la capacidad militar de China.

Pudiera afirmarse que China ya se encuentra traduciendo en términos globales el notable incremento de su capacidad económica, por lo que el diferendo histórico entre China y los EE.UU puede recrudecerse, especialmente por las características prepotentes del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Ya la idea iba y venía desde la campaña electoral. "China es nuestro enemigo, ellos nos quieren destruir", en 2011 escribiría Trump, en la red social, (Twitter Donald Trump, 2011). Entre las múltiples acusaciones a China convendría analizar cuáles son los elemento reales y aquellos factores que ya convierten en obsoletos estos argumentos. En función de tales variables también deben apuntarse las reacciones que tales postulados pueden desencadenar, de ser mantenidas por la Administración Trump.

El argumento abanderado es sin dudas el problema del empleo: “China le ha quitado puestos de trabajo a los estadounidenses”. Uno de los temas que circuló en la campaña electoral fue: “China te quita tu trabajo, por eso vota por Trump”.
A inicios de 2016, una investigación del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) analizó la relación comercial entre Estados Unidos y China, establecida en la década de los años 90 y que se consolidó con el acuerdo en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001. Los autores de "El shock de China: Aprendiendo del ajuste del mercado de la mano de obra a los grandes cambios en el comercio" ("The China Shock: Learning from Labor Market Adjustment to Large Changes in Trade") concluyeron que esa relación "afectó dramáticamente un gran número de industrias que empleaban mucha mano de obra en Estados Unidos". En esos sectores, los puestos de trabajo se movieron en masa a China. Entre 1999 y 2011, el crecimiento de las importaciones de China le costaron a Estados Unidos alrededor de 2.4 millones de puestos de trabajo.
Trump se encargó de prometer en su campaña electoral que castigaría a las compañías estadounidenses que transfieran sus puestos de trabajo a Asia. Planteó que impondría aranceles de hasta 45% a los productos chinos.
Sin dudas, la creación de empleo es un aspecto determinante para cualquier economía, pero no queda claro si cambiar de lugar los procesos de producción de Asia a los EE.UU. puede ser considerada la mejor política para fomentar nuevas fuentes de empleo. Muchos son los economistas que han debatido si realmente este objetivo es plausible. La globalización ha desatado tal intervinculación productiva a través de las cadenas de valor internacionales que lo que aparentemente perjudica a determinadas empresas en los EE.UU puede haber estado beneficiando a otras empresas norteamericanas que se trasladaron a Asia buscando una mano de obra más barata. Las fábricas chinas también han sido claves en el crecimiento de las ventas mundiales de las transnacionales tecnológicas estadounidense
Adicionalmente, el desarrollo tecnológico también ha provocado que muchos procesos de producción manufacturera se vuelvan más automatizados, disminuyendo la demanda real de mano de obra a escala global, pero fundamentalmente en los países desarrollados. El caso emblemático en este sentido es la empresa de supermercados Walmart, que ha sido incapaz de fabricar productos a bajos precios empleando mano de obra estadounidense y redirigió su producción hacia la mecanización.
De hecho, generar políticas de estímulo al empleo en el período de la denominada post- crisis, tal y como en su momento promovió el Presidente Obama de los EE.UU., al proponer crear 1.6 millón de empleos al año, pudiera tener mayores impactos en este sentido. Efectivamente, lo que el ciudadano promedio norteamericano no conoce es que las empresas no regresarán a EE.UU, por lo menos no en la magnitud necesaria para resolver el tema del desempleo. De hecho "las fábricas que no volverán a Detroit o a Ohio, van a estar en China y si no van a estar en China, van a estar en México o en otro lugar porque el costo de la mano de obra de Estados Unidos hace imposible fabricar muchos productos allí”.
El otro elemento clave en este debate es cuál debe ser el factor determinante, el descenso de los precios como resultado de las importaciones baratas de otras regiones, en el caso analizado, desde China, o la propia generación de empleos.
Si bien algunos analistas plantean que tal desempeño en las tendencias seguidas por la inversión de las empresas al desplazarse a otras regiones cuya mano de obra es más barata resulta manejable porque se reducen los costos de las mercancías y el comercio, en general, puede contribuir a reducir los precios de ciertos productos y servicios, con lo que se reduce el costo de vida, por otra parte, para los trabajadores que fueron desplazados, el hecho de que los precios sean 10% más baratos en Walmart no es suficiente para compensar el hecho de que estén desempleados
Adicionalmente, vale recordar que cualquier incremento en los aranceles, tal y como ha propuesto Trump automáticamente impactaría con un aumento de los precios en las mercancías importadas, por ejemplo, los productos de cons




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* Hernández Pedrazan
Centro de Investigaciones de la Economía Mundial - CIEM. La Habana, Cuba