Resumen de ponencia
¿EL PROCESO DE DESPLAZAMIENTO DE LA GANADERÍA BOVINA HACIA REGIONES ÁRIDAS, CONTRIBUYE AL DESARROLLO TERRITORIAL Ó A LA FRAGILIDAD AMBIENTAL?
*Javier Alejandro Vitale Gutierrez
*Jorge Silva Colomer
*Martín Alberto Pérez
La ganadería se encuentra en una transformación profunda buscando nuevos modelos tecnológicos y escenarios de sustentabilidad. Desde el proceso de agriculturalización en la década de los 90` su sostenibilidad requiere de adaptaciones a nuevos ambientes que no siempre permiten una intensificación productiva. Su desacople del componente agrícola es irreversible, pero no seguirá las mismas dinámicas en todos los territorios. El escenario agroalimentario ofrece a la ganadería la oportunidad y posibilidad de ejercer un rol relevante en el desarrollo territorial pero dependerá de la capacidad de los actores involucrados para diseñar sistemas por ambientes, de alta eficiencia en el uso de los suelos y agua.
La ganadería ha sufrido transformaciones y desplazamientos en los últimos 15 años. Las políticas públicas que fomentaron el desarrollo agrícola, la biotecnología, la tecnología de precisión y los eventos climáticos, como las sequías, condujeron a transformaciones estructurales en el modelo ganadero del país. La ganadería entró en un proceso de crisis respecto del espacio y rol de la misma en la estrategia agroalimentaria y exportadora del país.
La creciente competencia de la agricultura de cosecha por tierras de calidad hace improbable el retorno masivo de la ganadería pastoril a esos territorios. No se visualiza en el futuro el rol protagónico de la ganadería en la economía nacional que la misma ostentara en el pasado. Pero, por su menor relevancia relativa en la composición de la demanda doméstica de carnes en el mercado interno comparada con otras décadas y ante cambios de los hábitos de consumo de la población, la ganadería tiene la oportunidad de captar mejores precios, de diversificar mercados, explorar mercados de mayor valor, incorporar atributos de calidad al negocio y promover atributos locales o regionales, tanto en el mercado interno como externo.
La relocalización e intensificación de la ganadería tendió a generalizarse a partir de las zonas agrícolas núcleo, pero los modelos emergentes difieren entre regiones. En las regiones marginales a la agricultura se desarrollan modelos semi-intensificados apuntados a controlar el riesgo y los costos, donde la incidencia del costo de oportunidad de la tierra es menor al de las regiones agrícolas. Ello implica que en esas regiones la participación del componente pastoril es mayor. Las regiones núcleo de la producción agrícola retienen la ganadería en modelos intensivos, con poco o nada de superficie.
La agriculturización llevo al desplazamiento de la ganadería hacia la región del noreste del país pero también hacia la región de Cuyo. Estas regiones se vieron ocupadas por modelos de mayor intensificación forzando a los ecosistemas y causando daños ambientales de importancia.
La provincia de Mendoza, como ejemplo de zona árida cuyana, sufrió un proceso lento de adaptación debido a la baja disponibilidad de forraje que el clima árido y semiárido otorga con sus característicos pastizales naturales. Sus escasas lluvias de verano (de 200 a 400mm), según variaciones de norte a sur, permiten muy baja carga animal logrando producciones promedios de carne por ha y año de 5kg a nivel provincial. Pese a estos bajos valores productivos existen políticas públicas que promueven la producción de carne en zonas áridas, considerándola una oportunidad para diversificar la matriz productiva.
El cambio climático trajo a la provincia una tendencia a mayores precipitaciones de lluvia y granizo, y gradual aumento de las temperaturas. Estas tendencias perjudican a la agricultura tradicional pero favorecen al proyecto ganadero bovino.
De todas maneras, la base productiva de 5 kg por hectárea no es un valor que permita pensar en una rentabilidad sostenida y menos competir con productividades muy superiores en otras regiones del país. Incluso si la carne sintética se instala en los mercados en los próximos años sería una competencia clara para empresas con baja producción y mínima rentabilidad.
La provincia produce un número de terneros que no cubre ni el 10% de la necesidades de carne bovina de la provincia y si se quisiera avanzar a valores más importantes de mercado interno haría falta triplicar o más la cantidad de vientres (madres) sobre los mismos pastizales. Esta posibilidad no es viable en lo que hace a un modelo ganadero sustentable.
Expertos consideran avanzar en la cadena productiva con aporte de forrajes obtenidos en el oasis. El clima semiárido-árido acompañado con riego artificial es una excelente combinación para producir importante volumen de materia seca de alfalfa que permitiría recriar o engordar los animales criados en el secano.
Esta posibilidad debe analizarse considerando que la ganadería tendría que competir con otros negocios como la agricultura intensiva hortícola o el turismo en el uso del agua que proviene de los menores deshielos que se producen año a año. Además, el límite de la producción está dado por la fragilidad ambiental y el número de terneros logrados para su engorde con apoyo del oasis sería el mismo salvo la mejora que podría dar el uso de nuevas tecnologías.
Las tierras de pastoreo de zonas áridas y semiáridas se caracterizan por su fragilidad y si se manejan inadecuadamente se generan procesos de erosión acelerada del suelo y consecuentemente una disminución de su receptividad. Una correcta carga animal sobre el pastizal natural es la manera de lograr una productividad sostenida.
Por último, es importante referirnos a la tecnología de frontera que podría a través de la biogenética mejorar la oferta forrajera y la receptividad de los pastizales pero sin duda modificando los ecosistemas y aumentando la fragilidad de los mismos.
Todo hace suponer que el desplazamiento de la ganadería hacia zonas áridas no es positivo para el desarrollo territorial de estas regiones ya que la presión sobre el ambiente traería mayor erosión y posible desertificación. Tal vez una innovación en el modelo podría mejorar la rentabilidad y la sustentabilidad, pero los ejemplos negativos de la pampa húmeda, no hacen ser optimistas.