Habilidades socioemocionales en la escuela media/ Potenciando la inserción laboral de los jóvenes
Autores: María Isabel Epele- Docente Extensionista UNQ
Este trabajo es parte de la elaboración del PROYECTO DE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA (PEU) “DESARROLLO DE COMPETENCIAS LABORALES, HABILIDADES SOCIOEMOCIONALES.” que se implementa en escuelas técnicas de enseñanza media pertenecientes a la comunidad de UNQ.
A través del diseño e implementación de un conjunto de talleres se busca brindar elementos que faciliten la cognición de las emociones propias y ajenas, y el desarrollo de habilidades socioemocionales, acordes a todo proceso de aprendizaje creativo, tanto vivencial como de índole académico, y que son requeridas en la inserción al mundo laboral.
Se propone facilitar herramientas para el desarrollo de las competencias laborales socioemocionales o “blandas”, es decir, aquellas habilidades referidas a las actitudes y comportamientos que favorecen la construcción de autonomía, el acceso al mundo del trabajo, la integración y el desarrollo en actividades productivas individuales y colectivas.
Favorecer su cognición y fortalecimiento sería una estrategia para mejorar las condiciones de tránsito hacia la adultez y la inserción laboral/ empleabilidad de jóvenes en situación desventajada.
Para tal fin se concreta el diseño e implementación de materiales físicos y/o electrónicos, en dispositivos de enseñanza y de aprendizaje presenciales y virtuales, mediante una serie de talleres enmarcados en el aprendizaje vivencial o experiencial, como la metodología preferencial para llevar adelante las prácticas de la formación.
Desde este enfoque se definen aquellas competencias socioemocionales o transversales como habilidades para la vida, de autoconocimiento, aspectos de desarrollo de la personalidad, modalidades de relación con las personas y estilos de afrontamientos de los procesos de resolución de problemas. Se entiende que estas competencias aplican a todo desempeño en el mundo del trabajo y representan temas a abordar en la educación formal e informal.
Algunas competencias seleccionadas para los talleres son:
● Autoconocimiento
● Empatía
● Aprender a aprender
● Habilidades de comunicación
● Proactividad y planificación
● Relaciones interpersonales y trabajo en equipo
● Negociación y resolución de conflictos
● Manejo de emociones y sentimientos.
Fundamentación
A partir de los cambios sucesivos motorizados por la innovación tecnológica, la integración de las naciones y la apertura comercial fruto de la globalización, los requerimientos del mundo del trabajo se transforman en demandas de mayor calificación, más flexibilidad y saberes múltiples que promuevan la adaptabilidad constante a situaciones cambiantes y exigentes.
En este escenario, los jóvenes parecen ser los que pueden adaptarse con más agilidad, ya que crecen en contacto directo con las tecnologías de la información y en un mercado de trabajo que implica continuas adaptaciones. Pero el tránsito de la adolescencia a la adultez ha cambiado drásticamente desde los ’80 en adelante. Las trayectorias juveniles en periodos anteriores tenían un recorrido casi linealmente predeterminado, desde la escuela al empleo o de los estudios superiores a la inserción laboral. Este proceso se diluye en el presente, determinando gran diversidad de trayectorias juveniles, donde las transiciones son discontinuas, no lineales, sin responder a un único formato.
Nuevas formas de trabajo han modificado el antiguo concepto de empleo, generalizando formas de trabajo informal, subempleo y tercerizaciones; haciendo cada vez más difuso el límite entre estar ocupado o desocupado.
Los estudios latinoamericanos de las últimas décadas presentan y reiteran la profunda desigualdad y vulnerabilidad que padece la población joven en relación a las oportunidades de empleo y de acceso al trabajo formal. Si bien, el desempleo y la informalidad afectan a grupos sociales diversos de la población activa, los jóvenes padecen una segmentación creciente, especialmente cuando provienen de sectores populares o socioeconómicamente desventajados.
Al ingresar al mundo del trabajo, los jóvenes en situación desventajada se enfrentan a problemas de desempleo e informalidad, realizando trabajos de escasa calidad, con bajos ingresos, gran inestabilidad, y carencia de seguridad y protección.
Esta situación de los jóvenes en desventaja se complejiza con factores de contexto tales como:
● Su alta exposición a los cambios económicos: son los primeros en ser despedidos en períodos de recesión, y los últimos en acceder al trabajo en épocas de crecimiento.
● La discriminación geográfica, por inaccesibilidad o por provenir de barrios considerados peligrosos.
● Las demandas de los empleadores: exigencia de estudios secundarios y/o universitarios aún para tareas de baja calificación.
● Trayectorias escolares que otorgan credenciales de baja calidad, lo que en muchas ocasiones reproduce la exclusión, intensificando así la segmentación.
● Carencia de redes eficaces de adultos que actúen como referentes en el entorno familiar y comunitario, para formarse en la cultura del trabajo.
● Escasez de ámbitos institucionales que favorezcan la preparación en las competencias laborales “blandas” requeridas por el mundo del trabajo.
Es de considerar la importancia que adquiere la carencia de un capital social como factor determinante de la segmentación intrageneracional. Según John Durston (2001), el capital social refiere a “el contenido de ciertas relaciones sociales que combinan actitudes de confianza, con conductas de reciprocidad y cooperación”. Este enfoque permite analizar los beneficios que proporciona a los que lo poseen en comparación con los que no cuentan con este activo.
En numerosos grupos sociales, las instituciones que tradicionalmente fueron el soporte para la transición hacia la adultez, la familia, la escuela, la comunidad de pertenencia se presentan debilitadas en su función de integración social, como consecuencia de procesos de exclusión y empobrecimiento continuo.
En la complejidad de este escenario, la escuela, como dispositivo institucional de pertenencia para los jóvenes, sigue siendo un espacio de subjetivación y de inserción social, con el potencial de ser el soporte organizador de los tiempos y dinámicas de las trayectorias juveniles, capaz de proveer recursos para las estrategias y decisiones individuales. Está en manos de quienes toman decisiones en la escuela, incorporar en su tarea la temática de la inserción laboral, y crear dispositivos que provean de herramientas a los jóvenes que transitan esa etapa.
La calidad educativa y la oportunidad de acceder a circuitos de formación de buen nivel es un determinante de la brecha existente entre segmentos de jóvenes, en términos de posibilidades de inserción laboral.
El trabajo remunerado, conforme a empleo o actividad productiva autónoma, requiere jóvenes con capacidad de reconocer los recursos con que cuentan, de apreciar sus propias capacidades, de afrontar adversidades y apuntar a la adquisición de una actitud de identificación y superación de las limitaciones.
En el contexto actual, dentro de los modelos sociopolíticos liberales se torna indispensable contar con competencias que van más allá de los conocimientos y habilidades adquiridas por el estudio y la formación específica.
¿Cómo formar para la empleabilidad cuando algunas de las condiciones de acceso al empleo son subjetivas, individuales, motivacionales? ¿Cómo construir la educabilidad cuando ser educado implica compartir actitudes y valores propios de una situación social a la que no se puede acceder? (Spinoza, 2001)
Las Competencias laborales
Las sucesivas transformaciones que impulsa la revolución tecnológica desde los ´80 junto al proceso de globalización, determinó cambios cualitativos y cuantitativos en el mundo del trabajo que modificaron los requerimientos y condiciones de partida para iniciarse en la actividad laboral. De las numerosas investigaciones del tema se concluye que la posesión de recursos intelectuales y aptitudes no garantiza la inserción y el buen desempeño laboral.
No siendo suficiente esta combinación de factores surge el enfoque de Competencias como un modo de integrar los modelos teóricos anteriores y orientarlo a la práctica concreta en la complejidad del mundo del trabajo actual.
“La competencia laboral es un concepto dinámico, que imprime énfasis y valor a la capacidad humana para innovar, para enfrentar el cambio y gestionarlo, anticipándose y preparándose para él, en vez de convertirse en víctima pasiva y arrasada por transformaciones sin control” (Ducci, 1997)
Por lo tanto, el concepto de competencia surge de la necesidad de valorar no sólo el conjunto de los conocimientos y las habilidades y destrezas desarrolladas por una persona, sino de apreciar su capacidad de emplearlas para responder a situaciones, resolver problemas y desenvolverse cotidianamente. Igualmente, implica una mirada a las condiciones del individuo y disposiciones con las que actúa, es decir, al componente actitudinal que incide sobre los resultados de sus decisiones para actuar.
La formación en competencias laborales es un enfoque amplio que se desarrolla en América Latina y el Caribe. Rápidamente ha propiciado el trabajo conjunto de países con historias y culturas diversas, con perspectivas y propósitos diferentes, a partir del interés que suscita y la aplicabilidad de su propuesta en políticas de educación y empleo.
De las competencias que posea, la adaptabilidad y la capacidad de gestionar sus propias habilidades, destrezas y actitudes para lograr resultados reales, dependerá en parte la mejora de las posibilidades de inserción y mantenimiento en la actividad productiva que le permita sustentarse en la vida. Se trata de la facultad de movilizar un conjunto de recursos cognitivos, saberes, habilidades e informaciones para solucionar con pertinencia y eficacia una serie de situaciones.