La política de Trump hacia Moscú: Más allá de la trama rusa.
Santiago Pérez Benítez
Subdirector. Centro de Investigaciones de Política Internacional
La actual política de EEUU hacia Rusia tiene sus antecedentes en la proyección de las Administraciones norteamericanas desde el fin de la guerra fría. Tanto demócratas como republicanos han tratado a Rusia como país vencido, imponiéndole condiciones onerosas en las negociaciones internacionales y tomando medidas que amplios sectores de las clases dominantes rusas han percibido como humillantes. Sobre esos preceptos geopolíticos se ha percibido una estrategia para la imposición de la superioridad militar, el acercamiento de la OTAN a las fronteras rusas, la subversión interna y las acciones para socavar la influencia rusa en su entorno regional.
En el período 1992 hasta el 2005 hubo reacciones adversas de Moscú a esta política, pero no estuvieron acompañadas de acciones decisivas rusas que intentaran revertir decididamente la situación. Tales fueron los casos de la oposición de Moscú a la agresión de EEUU y la OTAN a Yugoslavia en el 1999, y a la agresión a Irak en el 2003, ya durante la primera Administración Putin. Igual oposición rusa tuvo durante el período las dos olas de expansión de la OTAN hacia el Este, así como los intentos de EEUU y la UE de construir vías de acceso de los energéticos del espacio postsoviético hacia Europa sin pasar por el territorio ruso.
Igor Ivanov, exCanciller ruso de estos años, incluyendo el primer mandato de Putin (hasta el 2004) ha señalado “En los primeros años del siglo XXI para Rusia la orientación hacia Occidente fue la prioritaria. Muchas veces la dirección rusa demostró su disposición a muy serias inversiones políticas en esa dirección. Quiero subrayarlo: Rusia no hizo ningún paso, no tomó ni una decisión, no lanzó ninguna iniciativa que fuera a ser tomada por nuestros socios occidentales como inamistosos o que les causara perjuicios a sus intereses legítimos” (Ivanov, 2012).
Desde el 2005 hasta fines del 2013 las relaciones Rusia EEUU cobraron más una dinámica de conflicto-colaboración, es decir, hubo una presencia de importantes desavenencias y contradicciones provocadas por la reacción cada vez más activa de Rusia, aunque se mantuvieron intereses compartidos, e incluso en determinados momentos primó la cooperación sobre el conflicto.
Siguió siendo en la etapa, y hasta la actualidad, una variable clave la ausencia de una relación económica significativa entre EEUU y Rusia, lo que ha hecho que la relación sea volátil y sujeta a las coyunturas políticas. Para el 2013 el comercio bilateral Rusia EEUU fue de sólo 38 mil millones de USD, lo que resulta insignificante comparado con los más de 430 mil millones de intercambio comercial que tuvo Rusia con la UE ese mismo año. Esa débil relación comercial ha explicado también la existencia de pocos grupos de presión económicos en ambos países interesados en la mejoría de la relación bilateral cuando han primado más los conflictos que la cooperación.
El proceso de enfrentamiento entre Rusia y EEUU a partir de la segunda Administración de Putin a mediados de los años dos mil se explicó por la reemergencia de Rusia como potencia global dado el crecimiento económico logrado por los altos precios de los hidrocarburos; la recuperación de su estado y el fortalecimiento de sus grandes monopolios de materias primas. También incidió la estabilidad política alcanzada en la década del 2000, además de los movimientos al interior de la élite rusa que, sin prescindir de la influencia de la oligarquía privada, favorecieron a los sectores de la burocracia más vinculados al Estado, las exportaciones de energéticos y a las estructuras de la seguridad nacional incluyendo al complejo militar industrial. Fue predominante el discurso patriótico y de gran potencia.
No obstante, pese a las crecientes contradicciones, el país se mantuvo dentro de la estructura del capitalismo globalizado en su rol de exportador de materias primas y de capitales, incrementando en este período las relaciones económicas y financieras con Occidente, aunque trató de diversificar también sus nexos con China y otros actores internacionales. La estrategia rusa fue la de tratar de lograr una mejor colocación de su Estado en el sistema político internacional y de sus monopolios en la arquitectura económica global, tratando de ser reconocido como potencia global por parte de EEUU y el resto de los actores internacionales.
A partir de la crisis del 2008 en EEUU y en el 2010 posteriormente en la UE, la dirección rusa comenzó a percibir dichos fenómenos como expresión de debilidades estructurales del Occidente histórico , lo que según su lógica, contrastaba con la tendencia hacia la multipolaridad de las relaciones internacionales y la emergencia de otros polos de poder entre los cuales incluían a la propia Rusia .
La crisis ucraniana fue un parteaguas en la confrontación de Occidente con Rusia y ayudó a disparar en ambos lados los resortes de la hostilidad, la mentalidad de la confrontación fue el pretexto para instaurar en las relaciones internacionales el ambiente de guerra fría que le resulta tan atractivo a los círculos del imperialismo global.
Evidentemente Rusia, a la altura de la segunda Administración Obama fue el target escogido para el contraataque estratégico del gobierno profundo de EEUU en aras de recuperar las posiciones perdidas en el período final de la Administración Bush y el primer período de Obama.
Los objetivos estratégicos que EEUU persiguió en esa crisis fueron:
- Reafirmación del liderazgo y la hegemonía de EEUU a nivel mundial en tanto que “nación excepcional”.
- Debilitamiento económico y político estructural de Rusia como bloque de poder.
- Mensaje de poder al resto de los bloques emergentes y aliados, respecto a las capacidades y voluntad de ejercerlas por parte de EEUU.
- Determinación de EEUU de evitar cambios en las bases y reglas del orden mundial impuesto por ellos después de la segunda guerra mundial frente a amenazas de cambios en el mismo.
- Generación de las condiciones para un cambio de régimen al interior de Rusia.
- Aislamiento de Rusia en las organizaciones internacionales -G-8; OSCE; detenimiento de la acción del Consejo Rusia- OTAN, en la ONU.
- Satanización de la figura de Vladimir Putin a nivel internacional.
- A través de las sanciones (sobre todo las de dificultar el acceso a financiamientos occidentales a las grandes corporaciones rusas), y la reducción de los precios del petróleo a nivel internacional, se busca el debilitamiento de los grandes monopolios rusos (Gazprom, Rosnieft, Sberbank y otros) así como del Estado ruso, cuyo presupuesto se nutre fundamentalmente de los impuestos de los monopolios energéticos.
- Consolidar a Ucrania como un estado nacionalista hostil a Rusia en su flanco occidental. Lograr un acomodo favorable a Kiev con las regiones del Este, que reduzca las posibilidades de influencia política y subversiva de Rusia.
- Transición de Ucrania hacia la esfera de influencia de EEUU, la UE y la OTAN.
- Debilitamiento estructural de la Unión Económica Euroasiática de la cual Ucrania no formará parte.
- Incrementar la influencia occidental hacia el resto de los países del espacio postsoviético, sobre todo Georgia, Moldova, pero también Azerbaiyán, Armenia y Belarús, todos incluídos en la Asociación Oriental.
- Incremento de la inestabilidad en el espacio postsoviético que obligue a Rusia a concentrarse en estos problemas y reduzca su activismo en otros conflictos, sobre todo en Medio Oriente.
- Fortalecimiento de la OTAN y de las relaciones trasatlánticas.
- Aseguramiento de la lealtad a EEUU de los países del Báltico, Polonia, Rumanía y otros, que continúen siendo caballos de Troya norteamericanos en la UE.
- Erosión de la dependencia económica de la UE de Rusia, sobre todo en el área energética.
- Aseguramiento, en lo posible, de mayores espacios de mercado en Europa para los portadores energéticos norteamericanos.
- Aceleración de las negociaciones del Acuerdo Trasatlántico de Inversión y Comercio de EEUU con la UE.
- Mantener la interacción con Rusia para ayudar a resolver otros problemas de la agenda norteamericana de política exterior como Siria e Irán.
En cuanto a Rusia, sus objetivos durante la crisis ucraniana fueron:
- Resistir los embates de los Estados y sectores oligárquicos de EEUU y la UE bajo el supuesto de que “mientras más retrocedemos y nos justificamos, más descarados, cínicos y agresivos se vuelven nuestros oponentes” (Putin, 2014).
- Tratar de mantener la calidad, el poderío, el activismo y la imagen de Rusia como potencia global.
- Lograr el reconocimiento y respeto de Occidente a los intereses de Rusia en el espacio postsoviético.
- Profundizar los nexos con los países de la Unión Económica Euroasiática.
- Sin hacer grandes concesiones, lograr retornar a las relaciones cooperación-conflicto con EEUU y la UE previas al conflicto ucraniano.
- Promover la diversificación de sus relaciones políticas y socios económicos, incluyendo a China, Turquía, India, países de América Latina.
- Aprovechar la crisis ucraniana para moderar y tratar de reducir el papel global de Occidente y ampliar los nexos con los BRICS y sus mecanismos en aras de modificar las normas económicas y políticas del sistema internacional impuesto. Reducir el uso del dólar en las transacciones internacionales.
- Evitar caer en una carrera armamentista, pero sostener la paridad militar frente a EEUU y la OTAN.
- Tratar de mantener su cuota de mercado de gas y petróleo en la UE y en Ucrania.
- Evitar la consolidación de un estado ucraniano de derecha. Generarle costos económicos, políticos y militares al actual gobierno.
- Evitar la dependencia del traslado de gas a través de Ucrania, privilegiando el Northstream, Belarús y las exportaciones a Turquía, además de las exportaciones a Asia.
- Lograr una Ucrania descentralizada donde se respete la autonomía econó