Print Friendly and PDF



Resumen de ponencia
"¿Qué decimos cuando decimos 'negro' en los servicios de comunicación audiovisual?”: El movimiento afro-argentino y la lucha por el signo[

Grupo de Trabajo CLACSO: Intelectuales y política

*Dana Rosenzvit



En octubre del año 2015, en el marco de la Ley de Servicios Audiovisuales –conocida como Ley de Medios-, la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual organizó, en Buenos Aires, una Mesa de trabajo en la que participaron las organizaciones representantes de los afrodescendientes y de los inmigrantes de África, así como representantes de instituciones oficiales y de espacios académicos, que llevó el título: "¿Qué decimos cuando decimos 'negro' en los servicios de comunicación audiovisual? Hacia un debate sobre racismo, identidades y pluralismo". El objetivo del encuentro fue el de analizar los usos del lenguaje, los imaginarios, la estereotipación y las categorías estigmatizantes en los medios audiovisuales, así como la discriminación mediática por invisibilización, analizando el concepto de negritud y afrodescendencia y resaltando la importancia de la diversidad de voces en los medios de comunicación. Producto de este encuentro se elaboró el “Decálogo de buenas prácticas en relación al tratamiento mediático audiovisual del colectivo de afrodescendientes en Argentina”.
El documento en cuestión, así como el encuentro del que fue resultado, da cuenta de una batalla colectiva, protagonizada por el movimiento afroargentino, en la cual el enemigo es histórico y hegemónico, y el signo lingüístico “negro” es el botín. El objetivo de este trabajo es indagar en las dinámicas continuadoras del patrón de poder colonial y racializante que se reproducen en el uso de la palabra “negro” para referirse a las poblaciones afroargentinas; así como reflexionar en torno a la construcción de sentidos contrahegemónicos y emancipatorios desarrollados por el movimiento afroargentino.

Voloshinov (o Batjin) explica que las significaciones de una sociedad están configuradas siempre por discursos socioculturales que luchan por la definición en cada signo, siendo éste último unidad de identidad y diferencia. Así, subyace a cada signo la lucha por su acentuación y valoración, en la que los grupos enfrentados intentan hegemonizar su sentido. De esta forma el lenguaje se convierte en un arma valiosa de los grupos dominantes, al hegemonizar el sentido de los signos imponiendo un sentido racista y conservador. Así en nuestra América Latina, todavía inmersa en lógicas de colonialidad del poder (Quijano, 2000) los procesos de subalternización (racial, étnica y patriarcal) se reproducen a través del habla, produciendo sentidos que se repiten e incorporan inconscientemente. Tal como explica Grimson (2013) es en la lengua que se establecen las desigualdades categoriales de cada sociedad a través de la construcción de tipologías para clasificar a la población. En sociedades hiper-comunicadas, como lo es la sociedad argentina, los medios de comunicación se convierten en grandes productores de sentido, reproductores de desigualdad que se consolidan en cada palabra.
En “Fuerza de ley. El «fundamento místico de la autoridad»”, Derrida (1997) sostiene que la distinción benjaminiana entre la violencia fundadora y la violencia conservadora es amenazada por la iterabilidad, en este sentido explica que el derecho (pero nosotros nos referimos aquí al lenguaje lo cual también aplica) es una fuerza que se instala para ser conservada, implicando que la violencia que lo funda es la misma que la que lo conserva. A estos efectos la violencia se repite atravesando desplazamientos que hacen posible su conservación. Entendemos aquí como violencia fundadora al proceso por el cual, en el marco de la Trata Atlántica colonial, las poblaciones esclavizadas fueron marcadas con el signo de la negritud, y sostenemos que la iterabilidad en el uso de este signo, como marca subalternizante, ha producido violencia conservadora reproduccionista.
La colonialidad del poder, por la cual las relaciones de dominación coloniales han persistido más allá de la ruptura del nexo político colonial, ha precisado de la reproducción de la ideología dominante y de su manipulación “en y por palabras” (Althusser, 1971 citado en Spivak 2003). El hecho de que la dominación a la que aquí nos referimos esté basada en el registro simbólico, en los usos y reproducciones de ciertos signos, no implica que la violencia generada sea solamente de tipo simbólico, nunca tan lejos. La invención del signo “negro” ha sido de tipo performativo. Esto quiere decir que el lenguaje ha producido efectos materiales, y (en este caso) es inseparable de la violencia física, la cual ha funcionado como su soporte y su resultado.




......................

* Rosenzvit
Universidad de Buenos Aires UBA. Buenos Aires, Argentina