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Resumen de ponencia
El porvenir: experiencia, expectativa y praticas posibles

*Paula Godinho




El objectivo de la comunicación es interrogar el porvenir, en busca de las prácticas posibles, a partir de las cuales los seres humanos planean futuros, en situaciones de cambio, a través de dos categorías conceptuales sugeridas por Reinhart Koselleck: el espacio de la experiencia y el horizonte de la expectativa. Entrecruzo lo que pasó y lo que vendrá, detectando el tiempo histórico en el campo de la investigación empírica (Koselleck, 1979:337). En las sociedades rurales, se lanza la semilla a la tierra, se cuida, se cosecha. Se reserva una parte para el sustento, otra para tributos varios y otra para la fiesta, destinada a la celebración, al tiempo ceremonial, a la diversión, al gasto improductivo o al derroche, a lo que Georges Bataille llamaba “la parte maldita”. Sin embargo, una parte de lo producido tiene que separarse del consumo para servir de simiente, para que el ciclo no se interrumpa el año siguiente. Una parte de lo que se produce se destina al futuro. La busca de la reproducción social y de las continuidades se integra en una preferencia de la antropología por la duración y el consenso, en detrimento del cambio y del conflicto, de la indagación acerca de los agentes sociales, de la dominación, de la resistencia y de la autonomía de los grupos sociales subalternos, como agentes históricos significativos. En terrenos y tiempos diversos, las brechas en el tiempo remiten a ceremonias, cíclicas, pero imprevisibles (Godinho 2010), o a momentos en los que la duración es interrumpida y conoce nuevos caminos, debido a formatos de acción colectiva (Godinho, 2001; 2011). Me interesa ese espacio-tiempo, liminar y disruptivo, que no supone necesariamente una fractura en la sociedad, pero que inyecta energía en ella. Inspiradas en Pierre Bourdieu y su Esquisse d’une théorie de la pratique, las prácticas posibles articulan la noción de estrategia, incorporando lo que viene heredado, pero también las capacidades de acción y las coyunturas. Como enseña Maurice Godelier, para que lo imaginado pueda actuar socialmente, es necesario que su contenido ideal sea compartido, comunicado e interiorizado por otros (Godelier, 2015:240). Siendo antropóloga, mi recorrido nunca se hizo dentro de la monomanía disciplinar, debido a los estudios sobre la memoria y a los enfoques procesales. Labré un campo entre la antropología y la historia, sabiendo que los espacios dejados incultos, entre campos cultivados, son también los puntos de vuelta de arado de los bueyes, o del tractor que los sustituyó: sin ese espacio liminar, apartado del cultivo, éste no puede realizarse. Las fronteras, los límites –reales o metafóricos–, son complejos y estimulantes, porque el entrelazamiento de escalas no se pliega al cierre analítico. Casi todas las personas viven con los ojos en lo que está hacia adelante. Federico García Lorca, en un magnífico discurso leído con motivo de la inauguración de la biblioteca pública de su pueblo natal, Fuente Vaqueros, cerca de Granada, sintetizó magníficamente esta situación: “Porque es necesario que sepáis todos que los hombres no trabajamos para nosotros sino para los que vienen detrás, y que éste es el sentido moral de todas las revoluciones, y en último caso, el verdadero sentido de la vida.” Lo nuevo es, también, el aún no de Ernst Bloch, la utopía concreta que depende del esfuerzo, de la voluntad, de la capacidad de construir colectivos, por oposición a la utopía abstracta, en la espera de sí, dependiente del azar, de lo aleatorio, de la suerte. Marc Edelman menciona una consigna de los campesinos costarriqueños con los cuales trabajó: “¡No nos arrebatarán el futuro!”. Habían iniciado la creación de ligas internacionales, para protegerse de las multinacionales norteamericanas, que les imponían monocultivos y fijaban los precios, empobreciéndolos. Etnografías apasionantes, como la suya, y las prácticas posibles en otros puntos del globo, hacen pensar que no hay causas perdidas, sino suspendidas. Aún así, un día podremos descubrir que los molinos contra los que arremetía Don Quijote, no eran molinos, sino gigantes. Si naturalizamos en los últimos 30 años la bondad de la propiedad privada y del derecho a explotar y extraer plusvalía hasta el límite, considerando sacrosanto el derecho de propiedad, tal vez convenga poner sobre la mesa todos los otros derechos que van siendo retirados a los seres humanos, y que se pueden expresar de manera vernácula en los versos de una canción de Sérgio Godinho: la paz, el pan, vivienda, salud, educación. En estos momentos de pérdida, de impasse, de callejón sin salida, conviene no olvidar el derecho al dispendio y a la fiesta, porque también en ellos se edifica el tiempo inmenso del futuro. Lo que propongo con esta aproximación a las prácticas posibles es contribuir para pensar la posibilidad de un mundo común, en que se reinvente una manera más plena y creativa un programa de igualdad, que aumente la dignidad, la autonomía y la libertad de las personas a partir del anclaje en el terreno antropológico.




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* Godinho
Faculdade de Ciências Sociais e Humanas - Universidade Nova de Lisboa FCSH-UNL. Lisboa, Portugal