Las provincias altas de Cusco y Apurímac (Perú) son el escenario de lo que se ha venido a llamar “el corredor minero del sur andino”, en el cual se articulan espacialmente diversas iniciativas de minería formal e informal, configurándose en un proyecto territorial extractivo. La presente ponencia expone parte de las conclusiones obtenidas en un proceso de investigación-acción-participativa (IAP) llevada a cabo con organizaciones de jóvenes rurales en dicho corredor minero. Ese proceso giró en torno a sus visiones y propuestas referidas a las distintas formas de extractivismo minero con las que conviven. La lectura de las conclusiones de esta IAP se hace desde un esfuerzo de poder dialogar críticamente con las apuestas que subyacen al discurso y la práctica de estas y estos jóvenes, buscando construir alternativas frente a estos extractivismos. Es así que desde el análisis del discurso se indaga en la forma en que ellas y ellos se sitúan en las configuraciones de poder extractivas que experimentan localmente, y cómo es que se posicionan frente a ellas. A partir de este análisis, se identifican algunas posibles rutas de diálogo crítico en torno al tema.
La primera sección de la ponencia expone y discute las formas en que las y los jóvenes se representan a la minería tal y como la conocen localmente. Argumento que las distintas manifestaciones del extractivismo en dichas provincias representan oportunidades y amenazas para los proyectos de vida personales de las y los jóvenes, así como para la realización de las expectativas que tienen sobre sus propios espacios de vida rurales. Las acciones de posicionamiento y cooptación de las empresas mineras en estas zonas representan ante las y los jóvenes oportunidades para potenciar sus aspiraciones de emancipación personal en distintas dimensiones. Por otro lado, también están presentes imágenes de destrucción de los equilibrios sociales y ambientales, además de abusos e incomprensión. De ahí que la forma principal en la que la minería se les aparece es como un dilema permanente. Argumento que este dilema se configura de forma racional, más no necesariamente utilitaria.
Dado este escenario, la opción de muchas y muchos jóvenes sobre cómo afrontarlo es la de plantearse una convivencia contestada con la minería. Es decir, no se cuestión su permanencia (o más bien, se resignan ante ella), pero existe un esfuerzo permanente por proyectarle límites, exigirle beneficios, y hasta construir alternativas durante la convivencia (y sirviéndose de ella) que permitan justamente pensar rutas para salir de la misma.
La segunda sección de la ponencia trata acerca de la forma en que las y los jóvenes expresan su posicionamiento frente a este escenario. Argumento que existe una apuesta por ocupar nuevos roles sociales, entendidos también como nuevos lugares de enunciación: roles de dirigente o autoridad local, empresario, técnico/profesional, y el de una “conciencia crítica” local. La mayor parte de estos roles se conciben como formas de acceder a nuevos recursos y ámbitos sociales que imprimen en el sujeto capacidades sociales particulares. Al reconocerse que las empresas mineras, pertenecerían a un ámbito social “distinto y superior”, las capacidades adquiridas les permitirían a los jóvenes ser interlocutores con ellas. Pero al no perder los vínculos que tienen con sus espacios sociales de origen, las y los jóvenes pueden aún comunicarse con sus pares y fungir de intermediadores. El desarrollo de nuevos liderazgos juveniles es planteado en estas coordenadas de intermediación entre ámbitos culturales y de poder.
Un segundo elemento de esta sección es el conjunto de aspiraciones que las y los jóvenes tienen para sus territorios en el marco de la expansión extractiva. Existen un conjunto de expectativas de habilitación del territorio para generar “desarrollo”, satisfacer las expectativas de vida de sus pares, y así ser menos atraíbles y vulnerables ante las ofertas de trabajo y educación que presentan las empresas mineras. La característica trasversal a dichas propuestas es la búsqueda por modernizar la producción y los servicios públicos presentes en el territorio. Sin embargo, esto no implica un proyecto de disolución del paisaje rural ni de sus instituciones básicas (como las comunidades campesinas). De ahí que he venido a llamar a este conjunto de expectativas proyecto de modernización “selectiva” del territorio.
En la tercera sección de la ponencia se argumentará que en las rutas que trazan las y los jóvenes puede rastrearse un proyecto colectivo. Discuto que en su heterogeneidad, este proyecto apunta a construir un “lugar social” que esté en mejores condiciones para afrontar al extractivismo. El elemento subyacente a sus proyectos y expectativas es el reconocimiento implícito del conflicto cultural, y la constatación de la desvalorización de la cultura campesina que produce a sus sujetos como subalternos. Frente a esto, las y los jóvenes se proyectan a veces como agentes, a veces como beneficiarios, de esta modernización selectiva. A partir de sus nuevas capacidades re-elaboran su relación con el campo, distanciándose de la matriz campesina, pero sin romper con el campo por completo. Reconocen el desnivel y lo nivelan ingresando a la modernidad, para incidir sobre su territorio, no para desvincularse. Esta tensión constituye sus lugares de enunciación.
Se argumentará que, en el debate entre neoliberalismo extractivo y alternativas frente a este, las y los jóvenes rurales plantean en su acción y discurso una vía propia. Esta vía, sin adscribirse a ninguno de los referentes políticos e intelectuales en debate contemporáneo, contiene elementos con los cuales algunos de estos referentes pueden dialogar. En lo que sigue de esta sección se discutirán algunos apuntes que buscan viabilizar estos diálogos. Desde las reflexiones sobre la interculturalidad y la descolonización, se apuntará que la interpelación del lugar de enunciación de los jóvenes en un elemento clave para, justamente, fortalecer el lugar social que buscan construir. Y desde la reflexiones ambientalistas, se trazarán algunos elementos que antes que una radicalización o especialización ecologista, ayudarían a densificar el espacio social con sentidos ambientalistas, en la lógica de fortalecer una apuesta popular.
Al tratarse de las apuestas y reflexiones de jóvenes rurales, se considera que lo discutido en esta ponencia es relevante no sólo para la teoría acerca del extractivismo en América Latina, sino sobre todo, para reflexión-acción-crítica en torno al futuro del campo rural.