Numerosos estudios dan cuenta de la actual desigualdad urbana en las ciudades chilenas (Hidalgo, Borsdorf y Zunino, 2008; López Morales, 2015 y 2013; Janoschka & Hidalgo, 2014; Sabatini & Soler, 1995; Valencia 2008, 2007 y 2006) y que la dinámica hegemónica es de liberalización en la ciudad por sobre el derecho a la ciudad. Sin embargo, dichos estudios, cuyas disciplinas, autores, objetivos y enfoques son diversos, están cruzados transversalmente por una aproximación segmentaria y por la idea de asumir la liberalización del suelo, el mercado (y su lógica en la producción, acumulación y distribución de recursos urbanos) como el principal “culpable” del fenómeno de la desigualdad urbana. Así al menos lo demuestran estudios sobre segregación urbana (Sabatini & Brain, 2008; Sabatini & Soler, 1995), gentrificación (López Morales, 2015 y 2013), vivienda de interés social y localización (Hidalgo, Borsdorf & Zunino, 2008; Hidalgo, 2005) y sobre el proceso de neoliberalización urbana en Chile (Janoschka & Hidalgo, 2014; Casgrain, 2014; Valencia, 2006, 2007; Castro Orellana, 2009; Rodriguez y Sugranyes, 2005). No obstante, el vacío que los atraviesa, dice relación con la construcción no de las ciudades propiamente tal, sino más específicamente con el diseño de un modus vivendi a partir de los planes, programas y normativas que rigen la construcción y configuración de estos.
Existe una necesidad de poner el foco en el momento anterior a los resultados sociales, económicos y urbanos, es decir, estudiar y abordar la desigualdad durante la toma de decisiones de lo que ha de suceder en las urbes chilenas, centrándose en las élites políticas y empresariales que participaron y participan de esas decisiones. El urbanismo pro empresarial del Estado chileno (Casgrain, 2014; López Morales, 2015) y sus nichos de acumulación regulada (Ruiz y Boccardo, 2015) se configuran y actúan en momentos anteriores inclusive a la operación del propio mercado (inmobiliario o de la construcción, etc).
Lo que la presente ponencia muestra es el accionar de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), organización gremial que desde su nacimiento (1951) agrupa a las empresas privadas que desempeñan todo tipo de actividades en el sector de la construcción (actualmente 8% del PIB y 10% del empleo en Chile, entre otros) (CChC, 2015), cuyo poder es amplio y creciente aún cuando es el último de los grandes gremios chilenos en constituirse. Más aún, politológicamente es interesante que la CChC cuenta desde la década de los ochenta con sociedades de inversiones de propiedad de la organización gremial y, con empresas en distintos rubros distintos de la construcción, como el de la seguridad social, educación, banca, etc, siendo uno de los grupos económicos más grandes del mercado financiero chileno. Ademas cuenta con una desarrollada área de responsabilidad social, todo lo cual, dificulta por un lado su conceptualización ya sea como gremio, grupo económico, grupo de presión, etc, a la vez que visibiliza cierta evidencia de su presión por el establecimiento de una amplia hegemonía como actor del empresariado constructor en específico.
A partir de numerosas presiones y de su posición privilegiada como actor fundamental en el ciclo económico (Cheetham, 1971), su participación ha sido clave en la proposición, promoción y aprobación de políticas públicas y leyes referidas a la ciudad, el desarrollo urbano, la salud, las pensiones, los seguros, el mercado laboral, etc. Claros ejemplos de ello son el Plan Regulador Intercomunal de Santiago de 1960 (PRIS 1960) o la propia creación del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) en 1965 (Kornbluth, 2013). Más aún, la C.Ch.C tuvo un rol fundamental en la formulación de las premisas sobre las que se funda el desarrollo urbano en Chile tras el establecimiento de la Nueva Política de Desarrollo Urbano de 1979. Asimismo, se observa la relevancia en todas las etapas (diseño, discusión, implementación) de diversas instancias y normativas urbanas (1985, 1993-1996, 2001, 2009) desde una visión que defiende la liberalización del suelo y la rentabilización privada por sobre cualquier otro fundamento, configurando y consolidando un modelo de crecimiento urbano en Chile. Existe al mismo tiempo evidencia de su participación en el diseño y configuración del Plan Laboral de 1980 que entre otras cosas desmanteló la sindicalización, la ley de Administraciones de Fondos de Pensiones y la ley de Instituciones de Salud Previsional (ISAPRES) que consolidaron el modelo de privatización de los servicios sociales y con ello un sistema neoliberal instituido constitucionalmente y, en el que tienen inversiones casi en la totalidad de las dimensiones sociales y económicas. Sin embargo, llama la atención la escasa literatura existente sobre este importante actor privado (C.Ch.C) y que a la actualidad no haya sido mayormente estudiada en su real y concreta importancia (Arriagada, 1970, Cheetham, 1971; Kornbluth, 2013).
Mediante la revisión de sus directorios y plana gerencial de las empresas que la constituyen, las memorias anuales de la propia CChC, actas parlamentarias, prensa, leyes y normativas urbanas promulgadas, entre otros documentos, se observa: i) comunicación fluida entre el aparato privado (gremial) y el aparato público del ejecutivo basada en reuniones periódicas; ii) una participación constante en el debate legislativo tanto a nivel de lobby y comisiones como en el diseño de proyectos de ley; iii) una circulación público-privada de autoridades que pasan por los altos cargos de ambos sectores con un amplísimo margen decisional y discresional; iv) el diseño empresarial del neoliberalismo en Chile, no solo en cuanto a la producción y reproducción de lo que a la ciudad respecta, sino también en ámbitos como salud y pensiones, permeando el espectro completo de la seguridad social y la privatización de la vida social; v) una altísima tasa de diversificación y heterogeneidad de las inversiones y; vi) que la desigualdad política es la principal productora de la desigualdad urbana, entre otros efectos negativos relativos a la concentración del capital.
Se sostiene que la C.Ch.C no sólo mantiene tales grados de influencia al día de hoy, sino que lo ha ido acrecentando con el correr de los años y muchas veces inclusive lo declara públicamente y la hace efectiva mediante presiones y capacidades de operación en diversos escalafones de la toma de decisiones en desmedro –en algunas oportunidades- de la planificación estatal y/o fusionándose con dicha planificación estatal –en otras-. Todo esto con resultados nocivos en las formas en que se piensa y se produce la ciudad en el capitalismo urbano actual, y específicamente para la cohesión social. Efectos que se evidencian en la segregación (Sabatini, 1997), gentrificación (López, 2013) y el desigual acceso a los bienes urbanos de distinta índole (Hidalgo, Borsdorf, Zunino, 2008). A partir de estas premisas, y del rol político económico de la C. Ch. C, se realiza una genealogía (Foucault, 2012), para describir y analizar los comportamientos empresariales no solo en lo relativo a la dinámica urbana del empresariado de la construcción, sino incluyendo su vertiente especulativa y financiera, con el fin de comprender el proceso de establecimiento del neoliberalismo realmente existente en Chile (Brenner, Peck, Theodore 2002, Garretón, 2017) en Chile y su negativo resultado social, político y económico de acumulación por despojo (Harvey, 2007).
En pocas palabras, la ponencia, parte de una investigación doctoral en curso, muestra cómo las transformaciones productivas del empresariado de la construcción en específico, lograron permear el capitalismo chileno y sus transformaciones productivas (financieras) en términos generales gracias a su capacidad de imposición y chantaje derivada de la propia desigualdad política y del entrelazamiento (a veces inclusive endogámico) de los sujetos del capital.