Desde una perspectiva clásica de la industrialización, la siderurgia está íntimamente ligada con su desarrollo por medio de la producción de bienes de capital e insumos básicos para el resto de sectores industriales, al grado que se llegó a considerar al acero como un símbolo del progreso y la siderurgia como el prototipo de industria moderna por el tamaño de las plantas, su alto grado de mecanización y fuertes inversiones de capital. Sin embargo, desde los años setenta del siglo XX, en el contexto de la crisis del capitalismo, la industria siderúrgica atraviesa por una crisis profunda que se intenta resolver por medio de reestructuración del sector.
La reestructuración comienza en 1974 con la crisis por los precios del petróleo aunado a la disminución de la demanda de bienes de capital y la llegada de materiales sustitutos del acero (plásticos, aluminio, fibras, aleaciones especiales, granito, fibrocemento, multirrevestidos, resinas, etc.), así como la presión de nuevas legislaciones ambientales, especialmente en los países desarrollados.
La competencia entre las industrias se intensifica e impulsa la implementación del desarrollo tecnológico al mismo tiempo que la reorganización del proceso de producción y el aumento de la productividad del trabajo, lo cual se reflejó en el despido masivo de trabajadores, tan sólo entre 1974 y 1990 el número de trabajadores pasó de 2 millones 355 mil a 1 millón 388 mil y para el año 2000 disminuyó a 885 mil. En contraparte la producción mundial de acero aumentó de 703 millones de toneladas en 1974 a 769 millones en 1990 y después a 847 millones para el año 2000 y a 1 620 millones 408 mil toneladas en 2015. Tenemos por tanto un aumento de la productividad del trabajador medida en función de la cantidad de acero producido sobre el número de trabajadores ocupados, es decir un incremento de la composición orgánica de capital, un incremento en la intensidad del trabajo y un aumento de la explotación de los trabajadores en este sector. Aunado a esto desde los años setenta comienza un proceso de sobreproducción en el sector siderúrgico que va a marcar el rumbo de la reestructuración.
La reestructuración significó una nueva división internacional del trabajo donde los países desarrollados se dedicaron a la producción de aceros especializados y de alta resistencia, demandados por los sectores automotriz, aeroespacial y militar, entre otros. Por su parte los países subdesarrollados y dependientes continuaron con la producción de aceros tradicionales. En el terreno productivo las miniacerías representan una renovación fundamental, junto con la incorporación de nuevas tecnologías y procesos de automatización que permitieron la fragmentación del proceso integral de producción y el fortalecimiento de la subcontratación.
En un proceso aparentemente contradictorio la reestructuración de la industria siderúrgica continuó impulsando la sobreproducción, la caída de los precios y la concentración y centralización de capital.
En el siglo XXI se profundizaron los procesos de reestructuración. Las grandes empresas impulsaron el desarrollo científico técnico para buscar nuevos productos (aleaciones de alto rendimiento, laminados en capas y recubiertos, etc.) que ofrecieran mayores oportunidades de crecimiento y utilidad. Además se integraron o desincorporaron operaciones distintas de la cadena productiva (servicios, distribución, procesamiento). Con China como el principal productor y el principal consumidor de acero se dio un cambio en la estructura de la producción mundial del acero, se diversificó hacia diferentes regiones, especialmente hacia los países subdesarrollados que permitió un gran salto en la oferta mundial del acero. También se intensificó la competencia por el aumento de la producción y proliferaron prácticas desleales y señalamientos de dumping.
Para realizar inversiones en el desarrollo tecnológico e impulsar la especialización en la producción muchas empresas se vieron obligadas a aliarse con empresas nacionales y extranjeras, en lo que se denominó joint ventures. En algunos casos esta situación llevó a la fusión total de las empresas.
Es en este contexto que la ponencia analizará la lucha laboral y política de la sección 271 del Sindicato Nacional de Trabajadores Minero Metalúrgicos de la República Mexicana (SNTMMRM) en la empresa Sicartsa, actualmente propiedad del gigante trasnacional Arcelor Mittal. En ese sentido se revisará la lucha del sindicato por impedir el despido de los trabajadores y por mantener sus derechos y prestaciones, así como la forma en que han enfrentado la reestructuración productiva de Sicartsa. Es de señalar que la “nueva política laboral y sindical” de la sección 271 le ha resultado en incrementos salariales y contractuales alrededor del 12% del 2007 al 2017, mientras otros sindicatos lograron incrementos alrededor del 4%.