Introducción
Entre el fin del S XX y el comienzo del S XXI el agro latinoamericano, y el uruguayo en particular, atravesaron cambios de enorme magnitud. Avanzando en el estudio de estas transformaciones, algunos autores prefirieron profundizar en el impacto que ha generado la penetración y profundización del modelo de lo que ha dado en llamarse el “agronegocio” (Piñeiro & Cardeillac, 2017) (Piñeiro D. , 2014) (Piñeiro D. , 2010) mientras otros, tomando esto como base, propusieron una interpretación teórica del significado de esta metamorfosis que sitúa al país y su paisaje rural en un estadio nuevo e irreversible (Carámbula, 2015). Por otro lado, algunos trabajos optaron por estudiar las modificaciones organizacionales de la producción agropecuaria, centrando su atención en el modo en que se concretaron formas de organizar la producción en red en el agro uruguayo (Errea, Peyrou, Secco, y Souto, 2011) mientras que otros, alertaron sobre algunas de las consecuencias que la consolidación del agronegocio sojero generó en el país. Particularmente, llamaron la atención sobre la distribución crecientemente desigual de la riqueza generada en el agro, la sustitución de capital por trabajo, la reducción del empleo generado y el desplazamiento de productores de menor escala, (Oyhantçabal & Narbondo, 2008).
Ahora bien, más allá de las pequeñas o grandes diferencias de los enfoques, lo cierto es que todos realizan comparaciones relativamente estáticas de la estructura agropecuaria en diferentes momentos, usualmente a partir de información censal, y generalmente no profundizan en las diferencias que se generan entre distintos tipos de explotaciones, al menos no más allá de analizar tendencias por tamaño.
En el caso de este trabajo, en cambio, se presenta un análisis de cohortes por edad de los productores, para el período 2000 – 2011. En la ponencia se presentan los resultados de un análisis que realiza una distinción entre productores empresariales y productores familiares, para luego estudiar por tamaño dentro de cada tipo y cohorte como se ha dado el proceso de ajuste estructural entre 2000 y 2011 , así como sus consecuencias para la estructura agraria y los procesos de desarrollo.
Herencia, sucesión y relevo en la producción agropecuaria
El problema de la herencia y la sucesión de las empresas familiares ha sido muy discutido en general y en particular en el caso de la producción familiar, (Baker, Lobley, & Whitehead, 2013; GASSON & ERRINGTON, 1993); (FENNELL, 1981); (Abramovay, Silvestro, Cortina, Baldissera, Ferrari, & Testa., 1998); (Mishra, El-Osta, & Shaik, 2010).
El mismo, resulta muy relevante al menos por dos aspectos. Por un lado, porque la trasferencia inter-generacional de las explotaciones agropecuarias es el mecanismo más usual de generación de nuevos productores. De hecho, uno de los elementos que caracterizan a la producción agropecuaria es que, a diferencia de la mayoría de los sectores de la economía, usualmente los negocios se traspasan a la interna de la familia; (Mishra, El-Osta, & Shaik, 2010)). Por otro lado, la sustentabilidad de la producción familiar y su desarrollo, suele estar condicionada por la posibilidad de continuidad en el tiempo; es decir, por la posibilidad de que este proceso de sucesión ocurra de modo exitoso (Shanin, 1983) (Chayanov, 1974).
Así, la sucesión resulta ser más que un acto individual: se trata de un conjunto extendido de transiciones (Lobley, 2010), y un proceso, que implica secuencias de transiciones de varios individuos en varias dimensiones: no se reduce a los eventos de herencia y retiro, aunque los comprende.
En consecuencia, aun cuando la sucesión puede parecer un proceso de transferencia unilateral de bienes, de la generación saliente a la entrante, resulta mucho más realista considerarlo como una red de relaciones de intercambio (Kennedy, 1991). En esa red, es posible detectar los beneficios y costos en los que incurren los distintos participantes. En cuanto a los beneficios para los herederos, es posible distinguir dos dimensiones: una material, la adquisición de bienes productivos que valoran; y otra simbólico-subjetiva, los beneficios psicológicos y emocionales derivados de la expresión pública de la valoración del donante por el heredero, que se concreta en el traspaso. Adicionalmente, en varias sociedades rurales la asunción del control sobre los recursos productivos es un marcador social: indica la transición a la adultez de modo pleno (Kennedy, 1991)
Más allá de esas características generales del proceso de sucesión, los antecedentes advierten como la probabilidad de observar un proceso de sucesión y relevo exitoso no se distribuye de modo aleatorio: hay varios factores que operan para favorecer o limitar esas probabilidades. Entre ellos, uno que destaca es el tamaño de la explotación. Al respecto, los antecedentes muestran que la probabilidad de transferencia inter-generacional y de supervivencia de la explotación es mayor en las explotaciones más grandes, ya que siguen siendo valiosas aun cuando el costo asociado a la espera aumenta. (Borec, Bohak, Turk, & Prišenk, 2013).
Resultados
En cuanto a resultados, el análisis confirma la existencia una diferencia muy significativa en las trayectorias de las explotaciones de la Producción Familiar en comparación con la Producción Empresarial. En este sentido, cobra relevancia desde el punto de vista empírico y manifiesta su pertinencia para el análisis de la realidad contemporánea del agro uruguayo, la distinción teórico-conceptual discutida en los antecedentes que construye al productor familiar como un tipo específico y distinto al productor empresarial. Adicionalmente, también ha resultado adecuada a la información disponible la distinción de sub-tipos de PF en función de su grado de riqueza o capacidad de acumulación de recursos, en este caso concreto, tierra. Así, también el análisis de los procesos de diferenciación de la PF adquiere pertinencia y relevancia.
Por otro lado, y avanzando en la interpretación del cambio (básicamente la disminución) del número de productores observada entre el 2000 y el 2011, el trabajo realizado deja claro que mientras hubo una retirada generalizada de productores empresariales y grandes obstáculos a la entrada de los mismos, en el caso de la producción familiar el centro de la disminución del número de productores está explicado por una insuficiente capacidad de remplazo de productores integrantes de cohortes de edad que alcanzaron o superaron los 66 años entre el 2000 y el 2011.