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Resumen de ponencia
Controversias entre el nacionalismo anticolonial y diaspórico

*Martín Alejandro Martinelli



En el presente artículo analizaremos las características del nacionalismo anticolonial y el diaspórico, en relación a la idea de nacionalismo. Para luego, aplicarlo y contrastarlo con los casos palestino y kurdo. Finalmente, compararemos estos casos con otras colonizaciones para establecer características comunes y diferencias entre ellos.
La idea de nacionalismo es tanto política como académica. Por una parte, este es un fenómeno moderno, un proyecto ideológico y político de construcción de una nación; por otra parte, es una ideología aunque con semejanzas a una religión, o un movimiento sociopolítico. A su vez, se trata de un sentimiento o conciencia de pertenencia a una comunidad cuyos miembros se identifican con un conjunto de símbolos, creencias y cosmovisiones con la pretensión de elegir su destino político. En suma, el nacionalismo es un movimiento político cuyo eje único de identidad es la nación y que adquiere dos principios básicos como la soberanía nacional y la nacionalidad.
Los nacionalismos poseen un carácter proteico y cambiante. Si bien existe por lo general un grupo étnico dominante, un proyecto que triunfa, lo cierto es que la heterogeneidad étnica y cultural es característica al interior de una nación. Podríamos dividir los tipos de nacionalismos entre: primero, el territorial; y segundo, el étnico-genealógico. El modelo fundacional de la nación es el territorial; dentro de los límites estatales se es ciudadano sin importar el origen étnico. En ese contexto, a través de por ejemplo los aparatos educativos desde el Estado se promueve la lealtad cívica basada en las identidades étnicas promovida; las burocracias estatales dominantes actúan en territorios configurados de manera legal y habitadas por ciudadanos. El patrón étnico-genealógico es aquel que varía sobre rasgos distintivos y diferenciadores con el otro para construir una nación. Se configura en un marco de heterogeneidad cultural y diferencias de poder entre los distintos grupos. El nacionalismo de diáspora sería un tercer tipo.
Los nacionalismos en el exilio o nacionalismos de diáspora, se caracterizan por carecer de una facultad primaria para estos casos como la tierra. A saber, en el caso de los kurdos, los judíos en Palestina antes de 1948 o los palestinos en su dispersión geográfica, estos tres grupos afirmaron su identidad sin los símbolos que provee un Estado independiente y en contradicción con otros flujos identitarios.
El nacionalismo anticolonial, por su parte, forjó su propio espacio de soberanía dentro de la sociedad colonial, antes de iniciar su batalla política con el poder imperial. La imitación de los supuestos logros occidentales en el campo material —imposibles sin el influjo chino y árabe, entre otros—, generaron una mayor necesidad de preservar las características de la propia cultura espiritual. Esta fórmula se convirtió en uno de los factores básicos de los nacionalismos anticoloniales en Asia y en África.
En el caso del Mashriq (o Asia Occidental), en particular, las identidades nacionales son todas recientes (en tiempos históricos) sin excepción; tal como el proceso histórico de conformación de Estados Nacionales. Esto incluye a los armenios, los kurdos o los asirios, como también a los egipcios. Cuando se dividió la región en el pacto anglo-francés de hace un siglo, Sykes-Picot de 1916, los kurdos y los palestinos quedaron fuera de la consideración.
El final de la primer guerra modificó el mapa de la región, en el Tratado de Sévres de 1920 (que no entró en vigor), los kurdos obtuvieron por primera vez un documento diplomático que consideraba su autonomía. El tratado fue un reparto del Imperio Otomano, los nuevos Estados creados no se correspondían con criterios ni históricos, sociales, geográficos o étnicos. Francia se apropió de Siria y Líbano, mientras que Gran Bretaña obtuvo con Irak, Palestina y transjordania. El 24 de junio de 1923, las potencias se reunieron para definir el destino político de esta zona geográfica, posterior al descubrimiento de petróleo. En el “Tratado de Lausana” los kurdos no fueron nombrados, por lo tanto, se les negó alguna existencia oficial y fueron divididos entre los cuatro Estados mencionados. La problemática del pueblo kurdo se asemeja a la de otras etnias perjudicadas por las fronteras creadas por los ganadores de las dos primeras guerras mundiales.
El nacionalismo prevaleció sobre las lealtades de los árabes del Mashriq en forma paulatina a partir de la desintegración del Estado otomano, si bien es cierto que hubo etapas de un predominio de un nacionalismo árabe o panarabismo. Los árabes levantinos estaban acostumbrados a una identidad y existencia imperial durante la cual la fidelidad política pertenecía al Estado Islámico “universal”. Entonces, el desarrollo de un sentido de identidad nacional a la caída del último Imperio Islámico, el Otomano, no sería automático. El proceso fue gradual y prevaleció un sentido de nacionalidad territorial específica (wataniyya) pese a que el “universalismo” del nacionalismo árabe (al-qawmiyya al-‘Arabiyya) fue adoptado por un grupo de árabes cristianos y musulmanes provenientes de Irak, Líbano, Siria, Palestina y otras partes.
En el marco de la diáspora, la dispersión a nivel internacional de una población posee mecanismos de construcción identitaria a través de una elección cultural. La intención de preservar ciertos rasgos considerados de la cultura de origen para evidenciar la propia pertenencia étnica, no conduce a la cristalización automática de aquellos.
Otros casos presentan paralelos con la colonización sucedida en Medio Oriente — si bien difieren en las motivaciones, métodos y temporalidad— como: varios casos en África (sobre todo Argelia), América Latina y Anglosajona, Oceanía, y otras regiones de Asia, así como también la cuestión de los armenios y el apartheid en Sudáfrica.
Los conquistadores, en líneas generales, concibieron una serie de mitos coloniales para intentar justificar, por ejemplo: la conquista de América, el apartheid en Sudáfrica y el sionismo en Palestina. Estos mitos se resumen en un supuesto de superioridad racial: primero, “la tierra estaba en estado virgen”; segundo, “el pueblo a ser conquistado era de una condición inferior”; tercero, “la misión de civilizar”; y por último, “la legitimación por una motivación ideológica”. El colonialismo de ocupación es un hecho histórico, tal como los casos de EE.UU., América Latina y Oceanía. En dichos casos los europeos intentaron un genocidio, a diferencia de Sudáfrica y Palestina donde practicaron la limpieza étnica y el apartheid.




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* Martinelli
Universidad Nacional de Luján UNLu. Luján, Argentina