La pregunta por la ciudad convoca asuntos de relevancia no solo económica, ética, política, sino también arquitectónica y filosófica. Las ciudades se debaten entre su memoria y su porvenir, planteando la necesidad de decisiones, de planificación, de negociaciones e intervenciones que se inscriben en sus vías, en el trazado de sus espacios, sea en piedra o en otros soportes y materialidades. Por eso, la construcción y planeación de la ciudad es un escenario de combate en el que se decide ante lo indecidible, sin conocer las posibles consecuencias, pero sin poder evadir la necesidad de tomar alguna opción.
Efectivamente, los procesos de urbanización no se dan separados de las dinámicas políticas y económicas, lo que hace que las intervenciones físicas en la ciudad no sean neutras política o filosóficamente, pues la ciudad es el escenario de posibilidad y el resultado de tales transformaciones. Por lo tanto las cuestiones arquitectónicas y urbanísticas no son algo autoreferencial de interés solo para clientes o empresarios, para los expertos en esas áreas,
Por otra parte, aquel espacio físico de encuentro de los ciudadanos libres y políticamente activos, en el que se puede tomar la palabra, encontrarse, compartir y decidir, no corresponde exactamente con lo que aún se llama ciudad. Es necesario tener en cuenta elementos que han llevado a la interrupción de ese modelo de ciudad. Además, la noción de asociación e interacción de los individuos se modifica en la situación actual de cambios y problemas a gran escala como el crecimiento de la población y el cambio en su distribución. Estamos ante un escenario en el que urbanismo y política se implican, se remplazan y hasta identifican.
A esto se refiere Francisco Jarauta en la conferencia La construcción de la ciudad genérica, allí sostiene que el actual orden económico (globalizado) y político trasforma las condiciones de la reflexión sobre lo social y la acción política; haciendo que la ciudad sea el escenario complejo de las luchas sociales. En consecuencia, escribe Jarauta, “la arquitectura contemporánea es uno de los espacios en los que de forma más directa inciden los interrogantes acerca de la nueva civilización”.
Cabe preguntarse ¿A qué modelo filosófico o antropoteológico corresponden las ciudades actuales y su proyección a futuro?
Pensar la ciudad implica preguntarse por la memoria, la herencia y las ruinas de la ciudad que hacen parte de su historia, pero también por el futuro, por la ciudad y los ciudadanos por venir. Las ciudades son como palimpsestos en los que se sedimentan diferentes capas de historia, de trazos y transformaciones consecutivas, que superponen registros temporales y materiales de modo no sincrónico ni progresivo.
Toda responsabilidad y herencia remite a una serie de exigencias contradictorias, no solo para los expertos, técnicos o planeadores urbanos, sino también para los ciudadnos, ya que la ciudad no habla, pero impone y ordena, obliga a interpretar y traducir, enfrenta a problemas concretos que exigen soluciones y decisiones. Por ejemplo, qué conservar y qué no, como escribe Derrida en Les arts de l’espace (2015):
Dicho de otro modo, aquello que hace posible la comunidad viviente de las generaciones que viven y construyen la ciudad, cuya permanencia se extiende en la proyección misma de una ciudad a ser des-reconstruida, es la renuncia paradójica a la torre absoluta, a la ciudad total y que toca el cielo, es la aceptación de aquello que un lógico definiría, posiblemente, como un “axioma de incompletitud”. Una ciudad es un conjunto que debe permanecer indefinido y estructuralmente no saturable, abierto a su propia transformación, según incrementos que alteran o desplazan cuanto sea posible la memoria de su patrimonio. Una ciudad debe permanecer abierta respecto a aquello que sabe que no sabe aún, aquello que será: se debe inscribir, como un contenido, el respeto por ese no-saber en la ciencia y en la competencia (habilidad, capacidad, jurisdicción) arquitectónica o urbanística (Derrida, 2015, p. 129).
Esto también es discutido por Derrida en un foro acerca de Berlin, evento en el que diferentes intelectuales y políticos son invitados a discutir acerca del futuro de la ciudad después de la caída del muro y de la designación de la ciudad como futura capital. Esto hace pensar en la necesidad de dejar abierta la posibilidad de que ocurran nuevas cosas, de no intentar resolver con antelación el uso de los espacios y la proyección de la ciudad, pues es necesario dejar abiertas posibilidades para los ciudadanos por venir, para la ciudad por venir y no reducir la ciudad a un programa
Por lo anterior, es pertinente esta invitación a pensar la ciudad por venir, lo que será heredado en el futuro por otras generaciones, así como las memorias de las ciudades, su pasado. Esto solo es posible si se trata acerca de las nuevas configuraciones de aquello que se llama “ciudad” y que es un híbrido de muchos otros modelos y dinámicas: sean económicas, tecnológicas, ecológicas. Estas reflexiones están guiadas por aquello que Jacques Derrida plantea cuando es invitado a participar en foros acerca acerca de la planeación, intervención o reconstrucción de ciudades como Berlín, Los Ángeles, Praga.