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Resumen de ponencia
El cuerpo de la nación: migración y dispositivos escolares de normalización en Santiago de Chile

*Leonora Beniscelli Contreras



En el marco de un crecimiento sostenido de los estudiantes migrantes en las escuelas chilenas durante las dos últimas décadas y una diversificación de sus países de origen, esta ponencia se propone reflexionar sobre las condiciones y posibilidades reales de incorporar un enfoque educativo intercultural en el país, a partir de la exploración en torno a un eje específico: la implicación del cuerpo en el proceso pedagógico. Mediante el análisis de resultados de estudios de caso en dos escuelas básicas de la Región Metropolitana con una proporción muy significativa de estudiantes migrantes (ambas por sobre el 50%, mientras el promedio de alumnos migrantes a nivel nacional está aún por debajo del 3%), y además consideradas experiencias emblemáticas en el desarrollo de prácticas para acoger a los alumnos migrantes, la ponencia muestra una permanente tensión entre el despliegue de dispositivos escolares orientados a homogeneizar y normar los cuerpos, por un lado, y la interpelación que esta diversidad cultural y de orígenes en permanente renovación significa para estos dispositivos, enmarcados en un sistema educativo que ha tenido entre sus principales objetivos implícitos la construcción (imaginaria) de una corporalidad homogénea para la nación, por otro. A partir de los hallazgos de estos estudios de caso y el análisis de los mismos, nos proponemos abordar esta tensión desde la perspectiva de la interculturalidad crítica, que es desde dónde nos situamos.
En general, en la escuela las diferencias culturales de los niños son vistas como una dificultad para aprender e integrarse a la sociedad y, por lo tanto, se asume que es necesario igualarlos para enseñarles (Hirmas et al., 2005). Una dimensión fundamental de esta “igualación” es la estandarización del cuerpo, sus apariencias y sus movimientos, para la cual son fundamentales ciertos rituales escolares que constituyen una operación sutil y, por lo mismo, muy poderosa, a partir de la cual se intenta encarnar en el habitus de los estudiantes/ciudadanos una homogeneidad cultural que se comprende como un imperativo para la existencia y continuidad del Estado-nación. Estas prácticas configuran un régimen corporal escolar que remite a la violencia simbólica constitutiva del sistema educativo: “para vencer las resistencias de las formas culturales antagónicas, el sistema escolar necesita recurrir a la violencia, violencia simbólica, que puede tomar formas muy diversas e incluso extraordinariamente refinadas -y por tanto más difícilmente aprehensibles-, pero que tiene siempre como efecto la desvalorización y el empobrecimiento de toda otra forma cultural, y la sumisión de sus portadores” (Bourdieu y Passeron, 1998: 9).
Los sistemas escolares modernos fueron concebidos como “sistemas constructores de nación” (Johnson, 2015) en un momento en que el llamado “currículum oculto” no estaba aún encubierto (Johnson, 2015), e históricamente se han caracterizado por ser ética y culturalmente homogeneizadores. Al respecto, la noción de curriculum oculto, concepto clave para el análisis que se propone, alude a “todo aquello que la escuela enseña pero que no figura explícitamente en ningún documento. Está conformado por creencias, mitos, principios, normas, rituales, etc. que prescriben y sancionan modalidades de relación y comportamiento de acuerdo con una escala de valores” (Ziffer, 2008, p. 27-28). Específicamente los rituales escolares constituyen uno de los dispositivos más claros de este currículum oculto, junto a la arquitectura, los símbolos, las rutinas, entre otros. La propuesta analítica de esta ponencia apunta precisamente a mostrar el modo en que rituales y rutinas escolares, marcadas por una disciplina de carácter militar y signadas por símbolos patrios, procuran -desde una intencionalidad no subjetiva- homogeneizar los cuerpos migrantes. Cuerpos que, a partir de sus negritudes, su indigenidad andina y una erotización de las niñas y adolescentes, tensionan la imagen del ciudadano ideal imaginado y atentan contra una moralidad blanqueada, dos elementos que constituyen pilares estructurantes de la identidad nacional construida y promovida por y desde el Estado.
La presencia tan poderosa de rituales homogeneizadores en escuelas caracterizadas por una tan evidente diversidad cultural (que incluso les ha hecho incorporar la idea de multiculturalidad e interculturalidad a sus definiciones institucionales), nos interroga sobre las posibilidades de abordar la diversidad asociada a la migración en un sistema escolar con un horizonte asimilacionista inscrito en su curriculum oculto y, por lo tanto, difícil de problematizar. En ese escenario, nos preguntamos en este escrito si es posible pensar la existencia de una escuela intercultural en una institución construida sobre estas bases, y cómo abordar en las escuelas y las políticas educativas este nudo crítico (y tan omitido) para la interculturalidad que es la continuidad de dispositivos corporales tendientes a la homogeneización.
La metodología utilizada en los dos estudios de caso de los que surgen los hallazgos presentados y analizados -estudios abordados de manera independiente- fue de carácter cualitativo, y se apoyó principalmente en la observación participante, entrevistas a actores clave (directivos y profesores) y grupos focales (profesores, estudiantes, padres y apoderados).




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* Beniscelli Contreras
Facultad de Ciencias Sociales. Dirección de Investigación y Postgrado. Universidad Alberto Hurtado - FCS/UAHURTADO. Santiago, Chile