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Resumen de ponencia
Colombia entre la guerra y la paz: De las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC – EP, a la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. Una lucha por la apertura democrática en una país de tradición oligárquica

*Yacila Perea Palacios



El relato de la democracia colombiana como referente de estabilidad gubernamental para los países vecinos de Sur y Centro América, en tanto único país de la región en donde se logró mantener el régimen de representatividad como sistema de gobierno, en tiempos de profundas fracturas de la institucionalidad democrática en el siglo XX, que originaron dictaduras en la mayoría de los países de la región en la segunda mitad del siglo XX, mitifica el alcance real de la democracia colombiana en tanto régimen de gobierno, en un país de una marcada tradición de exclusión política y social de la mayoría de sus habitantes.
Para comprender en realidad la democracia colombiana, es necesario establecer el paralelismo entre esta y la génesis del conflicto social y armado colombiano, que durante más de 50 años tuvo lugar entre el Estado colombiano, en el cual intervinieron también fuerzas paramilitares, y los distintos grupos guerrilleros que se nutrieron de la inconformidad provocada por la desigualdad social, entre miles de sus ciudadanos de segunda clase, de la periferia, o de la otredad.
No se trata aquí de hacer una genealogía de la guerra, más bien lo que se pretende es establecer como las convulsiones sociales de un sistema de representación mediocre y excluyente, de mediados del siglo XX, posibilitaron el surgimiento de distintos grupos guerrilleros en un periodo donde insurgencia contra estatal y Estado democrático convivieron por mucho tiempo, mostrando lo sobre valorado de la democracia representativa, y lo adaptable al proceso histórico.
Las viejas y nuevas castas políticas han hecho del sistema democrático en Colombia, una especie de levitan que devora cualquier manifestación alterna de participación y representación política, manteniendo profundas prácticas de corte oligárquico; y en esta era contemporánea si se quiere, por lógicas dictatoriales, que han subsumido en ella a gran parte de la ciudadanía, provocando el desdibujamiento de la democracia como valor real, y subsumiéndolo a un estado inconsciente de negación de la democracia como valor universal. Así, la participación a nuevos actores en el escenario político queda básicamente negado.
La firma del Acuerdo Final de Paz para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera en Colombia, presenta una coyuntura política, social, y de movimiento o movilidad, totalmente nueva para el país, que obliga la transformación de las viejas y viciadas formas que tenemos de entender la democracia, para abrir paso a una ampliación, y si se quiere reconfiguración, que permita la entrada a nuevos actores, y el debate profundo con la derechización del sistema democrático colombiano.
Los reiterados Incumplimiento del Gobierno Nacional al Acuerdo Final de Paz, son una muestra fehaciente, de que al estamento del poder colombiano, no les interesa transformar el orden social existente de desigualdad e injusticia. Para consolidar la paz como un valor y un derecho universal de todos los colombianos, como bien lo estipula la Constitución Política de 1991, es necesario que en conjunto de los colombianos, y las clases dominantes de corte oligárquico, generen los espacios de inserción del partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, surgido de la firma del Acuerdo Final de Paz, y a todos sus ex combatientes, a la democracia y la política colombiana, ya que el momento histórico debe superar la mistificación ideológica, para concentrarse en un Acuerdo sobre lo fundamental, en palabras de Álvaro Gómez Hurtado.
El proyecto de refundación del Estado – Nación, no implica la desaparición de las diferencias, que son propias y necesarias de la humanidad y de las sociedades; implica tener la capacidad de poner a dialogar distintas significaciones ideológicas, culturales, económicas y sociales, en propósito de la defensa de la justicia social para todos y todas sus integrantes.
La difícil situación que atraviesa el país no genera muchas esperanzas sobre la posibilidad de un acuerdo sobre lo fundamental que nos lleve a superar tantas décadas de odio y derramamiento de sangre. La polarización es cada vez más profunda, y el contexto político electoral no podía ser más desfavorable para la implementación de los Acuerdos, en un país que se ha especializado en consumir el discurso de la guerra como elemento de cohesión y si se quiere, hasta de simbología nacional. Es por eso que el momento presenta un reto en cuanto a la posibilidad real de participación o consolidación de fuerzas políticas alternativas, progresistas o de izquierda, por lo que es necesario preguntarse ¿en una sociedad como la colombiana, marcada por la guerra y el odio, cuáles son las posibilidades reales de consolidar la apertura democrática como posibilidad real de construcción de paz en medio de los debates políticos de izquierdas y de derechas?





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* Perea Palacios
Pontificia Universidad Javeriana PUJ. Bogotá, Colombia