“Abrir un libro, abrir el mundo” es un proyecto que se realiza como parte de la formación de profesores de español como lengua extranjera en la Universidade Federal de Pernambuco, Brasil, cuyos propósitos y principios este trabajo se propone a presentar y discutir. A través de la planificación y realización de talleres de lectura en escuelas de la red pública de educación básica de la ciudad de Recife, el proyecto “Abrir un libro, abrir el mundo” tiene por objetivo partir de textos literarios latinoamericanos para instigar reflexiones sobre la historia y la geografía de las identidades, y sobre el concepto mismo de literatura, a través de los lentes de las Epistemologías del Sur. Se entiende que llevar a las escuelas textos literarios latinoamericanos que aporten elementos para reflexionar sobre la colonialidad es una forma de resistencia en nuestro contexto, marcado por la perdida de espacio del Español como Lengua Extranjera (E/LE) en la educación básica, resultante de cambios significativos en las políticas lingüísticas nacionales – que, a la vez, reflejan cambios de estrategias e intereses del país en la política internacional. El proyecto de integración latinoamericana que estuvo en el trasfondo de la difusión de la enseñanza de E/LE en el país desde 2005 se ve amenazado cuando, en 2016, es revocada la llamada “Lei del Español” y el inglés queda como el único idioma extranjero que tiene su oferta asegurada en las escuelas de educación básica.
En el proyecto, los textos literarios son elegidos y llevados a las escuelas con el propósito de fomentar la mirada crítica sobre la historia y la geografía en su perspectiva tradicional, es decir, eurocentrica, y provocar la sensibilidad hacia otras maneras de pensar el mundo y de pensarse en el mundo – otras maneras de “vivir” y “con-vivir”. De las lecturas realizadas son propuestas producciones y reflexiones que se desarrollan a partir de la perspectiva de la interculturalidad crítica (Walsh, 2007). Juntamente a perspectiva de las espistemologías del sur, la interculturalidad crítica permite analizar la idea misma de literatura como algo mucho más amplio y diversificado de lo que solemos encontrar en los manuales escolares. De alguna manera, se hace necesario descolonizar la propia noción de literatura para que deje de ser algo lejano a los niños y jóvenes en edad escolar y se abra a la potencia de sus intervenciones, contribuciones y co-construcciones. En una acepción más generosa, la literatura puede abrir el mundo en muchas configuraciones posibles, o mejor, expande las posibilidades de imaginar otros mundos y el mundo de otras maneras.
Partiendo de los textos literarios muchas veces se puede explicitar las múltiples jerarquías – o “heterojerarquías” – señaladas por Ramón Grosfoguel como las contribuciones de las naves ibéricas a Abya Yala. Además, la literatura por veces trae a tona cuestiones privadas que con ella vienen a público y nos permite identificar rasgos históricos y geográficos en lo que eventualmente se considera bajo la insignia de “universal”. Con eso, es posible discutir la existencia de una geopolítica del conocimiento que alimenta cierto discurso sobre la modernidad y sobre el saber los cuales, apoyados en la colonialidad del saber (Quijano, 1992, 2000) y en la instrumentalización de la razón, omite su origen geográfica y social para presentarse como universal (Castro-Gómez, 2005).
En el ámbito de la educación, como señala Catherine Walsh (2007), la opción intercultural implica la labor de cuestionar la epistemología moderna de la razón instrumental y dualista (nosotros-los otros; ciencia-magia; historia-naturaleza; moderno-primitivo) para desencantarse de la “retórica de la modernidad” (Mignolo, 2008). En ese sentido, como señala Aníbal Quijano (1992), “...es necesaria la descolonización epistemológica, para dar paso luego a una nueva comunicación inter-cultural, a un intercambio de experiencias y de significaciones, como la base de otra racionalidad”. El concepto de interculturalidad crítica en el que se apoya el proyecto “Abrir un libro” es, pues, este que aspira a una “descolonización epistemológica” o, en los términos de Mignolo, el que emprende una “desobediencia epistemológica” para ayudar a vislumbrar y construir “un mundo en el que quepan muchos mundos”. En esa tarea, la literatura latinoamericana en toda su variedad y potencia, nos abastece de sensibilidades y amplia el abanico de posibilidades entre lo real y lo imposible.