Esta comunicación pretende constituirse en una oportunidad para compartir algunos de los hallazgos que han emergido en el curso del proyecto de investigación “Subjetividades Recluidas: identidades gays y trans en el contexto carcelario”, financiado por la Universidad Central (Bogotá – Colombia), cuya apuesta principal apela a la pregunta por las formas particulares en que identidades sexuales y de género contra-hegemónicas son construidas por un grupo de personas privadas de la libertad en el Establecimiento Carcelario Bogotá – La Modelo, y las prácticas de resistencia que emergen para hacer frente a las diferentes formas de opresión por razón de la identidad de género y la orientación sexual.
Fueron múltiples los caminos de indagación empleados, que apostaban particularmente por el discurso para reconocer, comprender, reflexionar y construir conjuntamente sentido; recurriendo a los métodos biográficos y, concretamente, a las historias de vida para dilucidar el proceso de construcción de subjetividades, haciendo uso de herramientas metodológicas como las entrevistas a profundidad y los grupos focales, así como de dispositivos dialógicos y conversacionales propios de un enfoque sistémico – construccionista social, en el marco de lo que denominamos Encuentros Reflexivos.
En el relato de las y los participantes encontramos que, el mismo acto de responder afirmativamente ante la invitación al auto-reconocimiento como lesbiana, gay, bisexual, transgenerista, transexual e intersexual (LGBTI) que promueve el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC) dentro de la reclusión - altamente criticado por muchos sectores del ámbito organizativo y académico por el afán de control y normalización que parece esconder - se constituye para este grupo de personas en un acto reivindicativo que efectivamente vale “la pena”, esa pena* que hay que pagar por ser “la marica**” de la reclusión, pues a pesar de los altos riesgos que entraña reconocerse sexualmente diverso en la cárcel, es precisamente ese reclamo de identidad el que permite desestabilizar las relaciones de género y el organizamiento de la sexualidad dentro de la reclusión, abriéndose paso la diversidad como el agua entre las estructuras más herméticas, en el uso y despliegue de diferentes estrategias de resistencia que van desde la solidaridad y el amor, hasta la violencia y agresión.
El proceso de investigar, al proponer espacios de encuentro donde los participantes pueden conversar distinto, contribuye a afianzar los lazos de solidaridad entre ellos, de tal forma que la referencia, muchas veces ficcional, a una comunidad LGBTI como un grupo de personas con fines y características comunes, parece consolidarse, en el caso de este grupo concreto en la reclusión, como comunidad política, en donde son los vínculos que se construyen en la convivencia más que las mismas identidades sexuales y de género diversas, los que se constituyen en punto de articulación colectiva, lo cual cohabita con el conflicto y otras maneras de organización social que privilegian las luchas individuales por sus derechos.
En ese sentido, esta búsqueda ha permitido comprender la producción de subjetividades en el contexto de esta reclusión como un proceso vivo, en permanente disputa, tránsito, negociación y actualización, que resulta ininteligible cuando se separa de las prácticas, relaciones y contextos sociales en los que tiene lugar, así como del cruce de las categorías de género y diversidad sexual con otras categorías sociales. Al mismo tiempo, ha permitido identificar cómo la puesta en escena o perfomance de dichas identidades, se constituye en un acto político que cuestiona y resiste el peso normalizador del mandato de masculinidad y la prescripción de heterosexualidad en una prisión de varones, que se sostienen en un ejercicio de la homofobia y transfobia como dispositivos normalizadores con caracteres variantes de bajo y alto impacto en términos del modo como operan las diferentes violencias en las relaciones entre quienes se reconocen como LGBTI, los otros reclusos, la guardia, el sistema penitenciario y, en términos más amplios, el mismo Estado.
* Coloquialmente, al tiempo de condena que sirven las personas privadas de la libertad en la reclusión se le llama “pagar la pena”.
** Usamos con preferencia, para la presentación de resultados, las palabras y adjetivos que las y los participantes de la investigación emplean para referirse a sí mismos y a otras personas con identidades sexuales y de género diversas dentro de la reclusión (loca, piroba, travesti, marica, entre otras) como un intento por evitar la colonización de las vidas e identidades de las personas por el discurso académico que comúnmente habla de personas LGBTI.