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Resumen de ponencia
Ni policías, ni militares: obediencia, resistencia y rebeldía de gendarmes en operaciones urbanas de Buenos Aires.

Grupo de Trabajo CLACSO: Policía y seguridad en regímenes democráticos

*Sabina Frederic



La democratización de las fuerzas de seguridad dejó en Argentina solo a una fuerza federal con régimen militar, y empujó a las demás fuerzas federales (cuatro en total) y provinciales (veinticuatro en total) a su desmilitarización. Con injerencia en todo el territorio argentino, la Gendarmería Nacional Argentina (GNA) dispone de una disciplina militar sostenida en: una ley de personal compartida con las Fuerzas Armadas, reglamentos, códigos de faltas y sanciones, instrucción permanente; la renuncia al derecho a la representación política la sindicalización y la manifestación pública; y ciertas operaciones típicas: vigilancia y control fronterizo con asentamiento en Escuadrones de ciudades pequeñas, y móviles antidisturbios. Está prevista también su intervención en asuntos de Defensa y eso le asigna su carácter de fuerza intermedia, aunque no en tiempos de paz. Cuenta con tres grandes agrupamientos: gendarmes, suboficiales (gendarmes egresados del curso de cabo); y oficiales. La GNA debe su “impronta militar”, que su personal defiende, al haber pertenecido al Ejército argentino entre 1958 y 1984
Sin embargo, desde 2004 su carácter militar quedó impugnado por la ampliación de sus funciones “policiales” asociadas con la tarea de “seguridad ciudadana” prevención y represión del crimen en barrios conflictivos del área metropolitana de Buenos Aires. A partir de 2011 esta tendencia se intensificó hasta la actualidad. Pero en octubre de 2012 una protesta que tomó estado público con acuartelamientos, abandono del servicio, episodios de desobediencia masiva y manifestaciones pacíficas en la escalinata del edificio central, el Centinela, ubicado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), “marcó un antes y un después”, afirma un oficial jefe de un destacamento móvil. El epicentro fue el personal de GNA afectado a los operativos de seguridad ciudadana, es decir a la tarea policial, ya sea que estuviera o que hubiera estado involucrado.
Cinco años después, esta fuerza militar continuó incrementando su presencia con funciones policiales y en la memoria aquella rebelión se manifiesta como un hecho insoslayable sin el cual el presente en términos del modo en que el personal subalterno es tratado y remunerado, por cumplir tareas policiales en CABA, no puede entenderse. Si bien los debates especializados sobre la militarización de la seguridad en Estados Unidos (Kraska, 2007; Campbell y Campbell, 2010), México (Moloesnik y Suarez de Garay, 2012) o Argentina (Hathazy, 2016) subrayan las características de la tendencia, determinan sus alcances, la aprueban o desaprueban. Pero no hay estudios que analicen las consecuencias que tiene sobre el personal. Es decir cómo sobrellevan los integrantes de una fuerza militar su intervención sistemática en funciones policiales en área urbanas concentradas. Desde un punto de vista conceptual como muestra Peter Kraska (2007) la dicotomía militar/policial no contribuye con la comprensión del modo en que se solapan en un continuum, por eso algunos autores prefieren pensar esta tendencia como convergencia de roles entre militares y policías (Weiss, 2012; Campbell and Campbell, 2010).
Sin embargo, las investigaciones sobre el tema no han abordado la capacidad o disposición de los involucrados para reconvertirse, adaptarse, resignarse o expresar su resistencia, rechazo, desaprobación. Jorge Battaglino (2016) avanzó en esta dirección al analizar la adaptación y eficacia de la GNA como fuerza intermedia embarcada en la lucha contra el tráfico de drogas, pero omitió la incidencia de su carácter militar en dicha empresa.
En este artículo nos interesa poner en evidencia el arco de conductas que expresan obediencia, como adaptación absoluta a las condiciones del servicio, tanto como a aquellas que dan cuenta del: rechazo, la intolerancia, la disconformidad de los gendarmes a realizar funciones policiales en CABA. Orientados por los estudios de James Scott (1990) destacamos los niveles de publicidad que alcanzan esas manifestaciones y el carácter relativo de lo “oculto” y lo “publico”. Quisiéramos en nuestro análisis etnográfico de lo que Scott llama “infrapolítica de los subordinados” discutir en este contexto, donde priman estamentos, que el término “resistencia” contiene una ambivalencia, que merece explorarse. Implica aceptar y padecer, algo que se impone. Entonces las formas nativas de la resistencia indican: tolerar, aguantar, soportar, sobrellevar, sufrir, admitir, resignarse; y también pueden dar señales de la carga, el peso, disgusto o mortificación. ¿Cómo expresan los gendarmes el componente de rechazo, oposición, enfrentamiento, u obstrucción, cuál es su forma de resistir? Veremos que esta ambivalencia puede expresarse involuntariamente y sin palabras en: enfermedades, accidentes y suicidios -daños contra sí mismos-. También puede manifestarse verbalmente. Están quienes por estas vías rechazan tajantemente la policialización de su Fuerza, y quienes por el contrario se oponen a la “rigidez militar” que no permite cumplir la función policial. Indagaremos este abanico de conductas para mostrar los conflictos de diversa intensidad que el personal introduce en esta tendencia a la militarización de la seguridad cuando se trata de un fenómeno de policialización de una Fuerza militar.
Así, más que pensar estas conductas como rechazos radicales al sometimiento a: reglas, órdenes, disciplinas y jerarquías, revisamos la manera en que reconstituyen la obediencia. En este sentido compartimos la advertencia de Michael Brown (1992) a propósito de la proliferación de estudios antropológicos sobre la “resistencia” interesados en detectar los signos contra hegemónicos. Más que “subversión” o “transgresión”, el estudio de la resistencia nos lleva contrariamente en este caso al: aguante, la adaptación y la tolerancia, que coexisten con quejas, denuncias, enfermedades, accidentes y suicidios, interpretados por ellos como formas en las que el cuerpo rechaza las condiciones del servicio. Inscribimos este análisis en las perspectivas constructivistas sobre cómo determinadas personas se subsumen queriendo entregarse a estos mundos de vida o deseando pertenecer, ya sea en el Ejército brasilero (Castro, 1991) la policía militar brasilera (Sá, 2002), el Ejército argentino (Badaró, 2008) o la gendarmería argentina (Melotto, 2017). Suscribimos así con los enfoques que mostraron las fisuras, flexibilidades y debilidades del mundo de vida militar y no sólo las fuentes de la disciplina rígida y corporativa.
Aplicamos un abordaje etnográfico construido por nuestro trabajo de campo desarrollado entre 2012 y 2017 en unidades de: la CABA, una ciudad de frontera con Bolivia, dos de las tres escuelas de formación de gendarmes; y dos destacamentos móviles: uno en Buenos Aires y otro en el noreste de la Argentina. Desarrollamos más de 50 entrevistas con el uso de guías abiertas a integrantes de distinta jerarquía en su mayoría a varones, pues la incorporación de las mujeres ha sido lenta y reciente. También participamos de conversaciones espontaneas y realizamos observación participante de patrullajes, controles de ruta, instrucción y capacitación.




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* Frederic
Departamento de Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Quilmes - DCS/UNQ. Bernal, Argentina