En la presente expresaremos avances de la tesis de Maestría “Aportes a una pedagogía del trabajo: Experiencias socioeducativas y construcción de identidades en “emergentes laborales” de Córdoba. Un estudio de caso”. Desde el problema de investigación indagamos sobre las experiencias socioeducativas que podrían reconocerse en “emergentes laborales” de la Pampa de Pocho – Córdoba y las identidades que se construyen al interior del mismo.
Desde un enfoque socioantropológico (Guber, 2004), en diálogo con aportes de la sociología clínica (De Gaulejac, 2013 en Taracena, s/d: 55), llevamos adelante un estudio de caso (Stake, 1998) del grupo de productores de la Agricultura Familiar de la Pampa de Pocho, Traslasierra – Córdoba “Nuestras Granjas Unidas” (en adelante NGU).
Acercamiento a Nuestras Granjas Unidas: Emergentes Laborales y Experiencias pedagógicas
NGU es un “grupo de trabajo comunitario” formado por 12 familias de pequeños productores/as con 6 años de organización. Puede incluirse “dentro del término Agricultura Familiar, ya que está caracterizada por una organización social del trabajo anclado predominantemente en vínculos de parentesco más que en relaciones salariales” (ARACH ET. AL. 2010: 19 en Maggi, 2015: 7). Actualmente forma parte del Movimiento de Trabajadores Excluidos-Rama Rural. Lo consideramos un “emergente laboral” ya que desarrolla una modalidad laboral a la que han recurrido individuos que viven de su fuerza de trabajo, con acuerdos colectivos en la posesión de los medios de producción, el proceso de trabajo y la gestión del emprendimiento, minimizando la presencia de relaciones asalariadas (Gaiger, 2004). Nos referirnos a “la gestión de los trabajadores sobre una unidad empresarial prescindiendo de capitalistas y gerentes y desarrollando su propia organización del trabajo, bajo formas no jerárquicas” (Ruggeri, 2009).
Consideramos que al interior de estos emprendimientos, se llevarían adelante experiencias socioeducativas a partir del propio proceso de trabajo y organización del mismo. Comprendemos a la pedagogía como proceso de formación humana y “a los procesos sociales de producción y reproducción de la existencia como educativos o formadores (o deseducativos o deformadores) de humanidad de los sujetos” (Caldart, 2012: 87). El aprendizaje se asume formando parte del proceso de auto y hetero-identificaciones, que facilitarían la constitución de identidades laborales novedosas.
Los emprendimientos de este tipo se proponen llevar adelante relaciones de trabajo diferentes a las establecidas por el capitalismo enfrentando a sus miembros a “nuevas responsabilidades y tareas dentro y fuera del proceso productivo y por lo tanto en la necesidad de nuevos conocimientos y saberes” (Guelman, s/f: 124). A partir de la indagación sobre el proceso de trabajo y organización de NGU, identificamos que los trabajadores/as ponen en juego, por lo menos, saberes vinculados a la planificación, estimación de costos, logística, gestiones frente a organismos públicos, división de tareas, coordinación de tareas y reuniones, técnicos-productivos. Sin embargo, los únicos espacios que poseen una “intencionalidad pedagógica” pre-definida y planificada son las instancias denominadas como talleres de capacitación y formación técnicos.
De modo complementario, hipotetizamos que, en relación a estos procesos de pedagógicos se realizarían construcciones identitarias no siempre consistentes con las formas clásicas de ser trabajador asalariado, desocupado o cuentapropista. No sin contradicciones, las prácticas colectivas para la producción y organización laboral “son de hecho parte de estas experiencias cotidianas fundantes de nuevos saberes y nuevas subjetividades e identidades colectivas” (Guelman, 2009: 124).
Narrativas Identitarias y Praxis Comunicativa
Haremos foco sobre la construcción de éstas identidades, considerándolas “como performance, situando la mirada en las prácticas sociales mediante las cuales es desplegada una identidad en contexto, a partir de utilizar los recursos narrativos disponibles” (Abatedaga y Ordóñez; 2017). Las identidades como narración se concretan cuando las personas y grupos organizados de trabajadores dan significado a sus relaciones contando su experiencia (Epston, Murray & White; 1993; 13). El relato construye la identidad del personaje, su identidad narrativa, al mismo tiempo que construye la propia historia narrada, pues “es la identidad de la historia la que hace la identidad del sujeto colectivo” (Ricoeur, 1996 en Abatedaga y Ordóñez; 2017). Con base en lo dicho, consideramos que “las articulaciones comunicativas de las organizaciones hacen presumir una disputa de sentidos por identificaciones en tanto trabajadores de otro tipo (…)” (Abatedaga y Ordóñez; 2017).
Para abordar la praxis comunicativa y las narrativas identitarias es necesario problematizar las nociones de Política y Espacio Público. Para pensar la primera, retomamos a Ranciére (2007), entendiendo que las experiencias que se describen se desarrollan bajo conceptos de lo común, considerando a la justicia política no simplemente como el orden que mantiene unidas las relaciones medidas entre los individuos y los bienes, sino que determina la distribución de lo común. En cuanto al Espacio Público, coincidimos con autores que se refieren a éste como un campo de arenas, donde se dirimen conflictos de poder (O'Donnell y Oszlak: 1984). Siguiendo a Negt y Kluge, reconocemos que bajo el control de las burguesías el espacio público es “una síntesis social ilusoria” (Holder, 2009) que pretende representar a la sociedad de forma homogénea; pero esa ilusión mantiene excluidos del debate en el espacio público a numerosos sectores sociales que producen desbordes o un “espacio público proletario” (Hansen; 1993): un “contra-concepto” de las variantes burguesa e industrial, ya que representa no sólo “la potenciación de grupos hasta entonces excluidos del espacio de la opinión pública, sino también un principio de organización, un concepto diferente de la vida pública” (Hansen; 1993: 29). En este contexto, estos actores desarrollan estrategias desde los bordes, intentando proponer narrativas identitarias autogestivas, buscando reducir las diferencias entre el auto reconocimiento interno que procuran proyectar hacia el afuera y las hetero-narraciones producidas en los espacios públicos mediáticos y estatales (Abatedaga y Ordóñez, 2017).
NGU desarrolla estrategias relacionadas con la necesidad de generar herramientas comunicacionales para la comercialización (logotipo, bandera, cartilla de presentación del grupo) y con el objetivo de ser reconocidos como productores y grupo de trabajo comunitario. Mantiene presencia en medios comunitarios y radios abiertas de la zona, así como en redes sociales (página de Facebook propia). La estrategia predominante es la participación en las instancias a las que son invitados (ferias, actos, reuniones, eventos), lo que implica instancias previas de reflexión en torno a la producción de un relato común. El vínculo con otras organizaciones e instituciones constituye una estrategia central expresado entre sus objetivos .
Auto-narrativas identitarias
En esta oportunidad, los personajes del relato son los productores/as de NGU y es posible identificar nodos que conforman el entramado identitario expresado en sus narrativas: Existen elementos relacionados al relato del origen de la organización, como momento fundacional: NGU comenzó a funcionar en el año 2011, a partir de la posibilidad de presentar un proyecto (Programa para el Desarrollo de Áreas Rurales), de financiamiento de infraestructura para el trabajo productivo de las familias . Esto tenía como objetivo resolver una problemática material a través de un subsidio estatal. Sin embargo, la organización comienza a funcionar de manera comunitaria sin haber recibido el subsidio, constituyéndose como un elemento importante en su narrativa.
NGU no es una cooperativa formal, sino que funciona como un “grupo de trabajo comunitario” , el trabajo y su carácter comunitario sin puntos centrales del relato junto a la inexistencia de relaciones salariales entre los miembros, ya que lo que se intercambia es el trabajo. A su vez, se hace alusión a la organización como estrategia para poder sortear las dificultades económicas . Estos objetivos están anclados lo que podemos denominar como reivindicaciones redistributivas de la riqueza (Fraser: 2008).
Según entrevistas realizadas a sus integrantes, con el tiempo se sumaron nuevos objetivos relacionados al campo de las reivindicaciones de justicia social en la “política de reconocimiento” (Fraser, 2008). Vemos la presencia de este discurso, tanto en instancias orales de presentación del grupo, como en la propia Cartilla: “A partir de las jornadas de trabajo comunitario luchamos y llevamos a la práctica propuestas y alternativas para mantener viva la cultura de vida en el campo y nuestros mejores valores como el compañerismo, la solidaridad, la amistad, el respeto, la humildad y la igualdad” . Identificamos una búsqueda de reconocimiento en tanto Productores/as de la Agricultura Familiar, representando un sector productivo invisibilizado, un actor social organizado que lleva adelante prácticas de producción diferentes a las hegemónicas (tanto en el modo de producción como en la forma de organización del trabajo).
Es importante indicar que la construcción de narrativas identitarias no puede ser comprendida de forma lineal sino dialéctica, ya que las identidades de los trabajadores se encuentran atravesados por múltiples contradicciones y esferas que ponen en juego la construcción de conciencias y sujetos.