En el mundo moderno occidental, la colonialidad del desarrollo, se inscribe en la cotidianidad de quienes, en busca de un mejor vivir, asumen la vida moderna como máxima aspiración de felicidad y buena vida. En tal sentido, las necesidades intentan ser cubiertas con ingresos, empleo y consumo, insertándose así en la economía capitalista. Sin embargo, otras formas de economía, han entrado a ser parte importante de la lucha por la vida en la ciudad, y en esta perspectiva se orientan al “buen vivir, vivir bien, comunalidad o estar bien”, desde los cuales, emergen principios van en consonancia hacia la vida en plenitud en relación a lo humano y lo no humano, y apuestan por valores como la solidaridad, la reciprocidad y la complementariedad. Se trata de otras formas de concebir dimensiones claves de la vida en relación a la naturaleza, la salud, el trabajo y la economía, entre otros. La concepción del buen vivir, casi siempre es relacionada como propuesta desde los pueblos indígenas, sin embargo tamién en el contexto citadino-urbano emergen a partir de distintas experiencias sentidos otros de vida que tienen su expresión en lo cotidiano. Expresiones o formas organizadas que desde diferentes prácticas comunitarias (redes de trueque, cooperativas, asociaciones, mutuales, experiencias de comercio justo, iniciativas comunitarias, colectivas y autogestionadas) actúan en los ámbitos de producción y reproducción social en la ciudad; es decir, otras formas de organización y producción, que no funcionan con la lógica de acumulación de capital, sino que por el contrario se desempeñan bajo otras concepciones de economía orientadas hacia otro tipo de principios o valores más relacionados con los ámbitos familiares, comunitarios, en un entorno social y de la naturaleza concebido desde otra cosmogonía. Desde estas premisas, el propósito de esta ponencia, es presentar estos sentidos otros de vida que emergen en distintas experiencias organizativas de iniciativa comunitaria no gubernamentales en la ciudad de Medellín; y que en esta perspectiva conducen a la re-significación de la calidad de vida, visibilizando y revindicando su propia visión del vivir bien. La visibilidad de estas prácticas surge, ante la urgencia de descolonizar la economía, basada en la empresa, la acumulación, el mercado, el trabajo y la individualidad que, se postulan como parámetros únicos. Para ello se tomaron 10 experiencias organizativas (Ciudad Frecuencia, Corporación Nuestra Gente, Colyflor, Proyecto Trueke, Parque de sueños SUJU, Asociación de mujeres de las independencias, Huertos Urbanos, FOMENTAMOS, Red de Circuitos solidarios Vamos Mujer, Red de Confeccionistas de la Comuna 13) que se hallaron por redes (bola de nieve), pues permitía la identificación de participantes clave que se agregan a la muestra, se les pregunta si conocen a otras personas que puedan proporcionar datos más amplios y, una vez contactados, se incluyeron también. De esta manera, sin tener fijado de antemano el número de experiencias a abordar, se nos abrió la posibilidad de incorporar distintas expresiones en los barrios, como parte de su vida cotidiana,; así mismo se indagó por formas de resistencia directa y organizada que, desde diferentes propuestas y desde su propia manera de ver el mundo y lo económico, pudieran aportar a esa solidaridad comunal.Se pudo concluir que existen otras racionalidades económicas, es decir, a diferencia de la economía capitalista que se fundamenta en la competencia y el afán de lucro, en estas prácticas aflora otro tipo de valores que van más allá del individualismo y egocentrismo y que están relacionados con otro tipo de aspiraciones de vida, que constituyen el vivir bien. En un contexto heterogéneo como el de América Latina, perviven experiencias y prácticas que forman un horizonte económico plural que evidencian la posibilidad de una racionalidad alternativa a la racionalidad instrumental en Colombia, y principalmente en la ciudad de Medellín, y que en este sentido visibilizan otras maneras de vivir, orientadas al bienestar colectivo y donde se le da prioridad a la satisfacción de necesidades por encima de la participación en el mercado y que se nombran como buen vivir, vivir bien, vivir sabroso, vivir rico.Desde estas experiencias abordadas, se visualizaron otras relaciones distintas a las de dominación-explotación respecto de la autoridad colectiva, de la subjetividad y de la naturaleza y evidencian el buen vivir, en tanto una nueva forma de vida desde una racionalidad liberadora, pero que se encuentra inmersa en un contexto de constante tensión con el mercado.Es desde estos sentires de las personas donde se abre la posibilidad esperanzadora de la existencia de experiencias que poseen como eje articulador la solidaridad en la vida social en conjunto y que desde esta perspectiva ponen en cuestión la colonialidad del poder. Organizarse es defender el territorio. Su actividad, más allá de la utilidad que se consiga en la producción del bien o servicio, tendrá como objetivo aportar a tener una vida en tranquilidad y de cierto modo a la superación de los hechos violentos que enmarcaron el conflicto armado y que, aunque con una dinámica distinta, sigue imperando en los barrios que habitan