Un paradigma que orientó buena parte del trabajo de la ciencia política y la sociología política durante los últimos veinte años en América Latina fue el de la democratización y la consolidación democrática en la región. Fue gracias a los procesos de transición iniciados en los años ochenta del siglo XX, que la democracia se volvió un tema central durante un espacio de más de veinte años (O´Donnell, Schmiter y Whitehead, 1994; Morlino, 2005). Para buena parte de los estudiosos de la política y la sociología de la región, parecía que en adelante todas las discusiones acerca del Estado y de la política nacional o internacional tendrían como premisa la existencia de la democracia, ya fuera de alta o baja calidad, consolidada o no, o con uno u otro adjetivo (Lynn, 1990; Garretón, 1997; Smith, 2004, 2009; Pérez-Liñán y Whitehead, 2011; Gargarella, 2015, 2017).
Sin embargo, los primeros 17 años del siglo XXI han traído de vuelta un fenómeno que se pensaba superado, esto el surgimiento de nuevos Golpes de Estado (GE) en casos como los de Venezuela (2002), Haití (2004), Bolivia (2008), Honduras (2009), Ecuador (2010), Paraguay (2012) y Brasil (2016). Desde nuestra perspectiva el resurgimiento del GE implica un cuestionamiento de fondo a todos los esfuerzos políticos por construir democracia en la región, así como también a todos aquellos modelos teóricos que han intentado de una u otra forma influir en su construcción. Principalmente de aquellas ópticas que centraron en su parte meramente procedimental (Przeworski, 2010; Ansaldi, 2001,2008).
Los nuevos Golpes de Estado, o Neogolpismo, varían sensiblemente de acuerdo al tipo clásico de GE que se presentó durante el siglo XX, ya que poseen características novedosas que hacen de su investigación un asunto importante para mantener el orden democrático e institucional en los países de la región. Por ello presentamos en este artículo una revisión conceptual del GE, para después contrastar este concepto con las tendencias que tuvo el fenómeno durante el siglo XX. Posteriormente presentamos una revisión y análisis de ocho casos recientes en la región a fin de poder captar sus principales tendencias y posibles características. A partir de ello presentamos una propuesta conceptual para definir al neogolpismo y contrastarlo conceptualmente con el GE en su acepción clásica. Finalmente presentamos una serie de conclusiones tentativas que permita comprender la importancia de este fenómeno y los riesgos que implica en la política regional.
En este trabajo se propone la existencia de nuevas modalidades de Golpe de Estado en América Latina que significan serios riesgos de violencia y conflicto político para algunas sociedades latinoamericanas en el siglo XXI. La última década del siglo XX fue celebrada por numerosos intelectuales y actores políticos como la década en la que se dejaron atrás los fantasmas del golpismo gracias a las “transiciones a la democracia” en la zona. Dichas transiciones fueron posibilitadas por la celebración de pactos políticos intraelitarios y el establecimiento de instituciones oficiales que sirvieron para dar el impulso al establecimiento de la democracia representativa como la principal forma de resolver la pugna por los gobiernos nacionales. Sin embargo en los primeros quince años del siglo XX hemos visto tanto casos fallidos como exitosos de golpes de Estado en países como: Perú (2000), Ecuador (2000-2005-2010), Venezuela (2002) (fallido), Haití (2004), Bolivia (2008) (fallido), Honduras (2009), Paraguay (2012).
Si bien el modelo clásico del fenómeno en América Latina involucra la toma del poder mediante la violencia, bien fuera por fuerzas civiles o militares, en la actualidad hablamos de que existe la presencia de otros elementos que significan un cambio en la forma como típicamente se presentaban este tipo de fenómenos en la zona. Algunos elementos son: la intervención de medios masivos de comunicación como parte de la organización del golpe de Estado, la presencia de golpes “parlamentarios”, el uso de instancias judiciales, etc. Estos elementos hacen pensar acerca de una reformulación del fenómeno del golpismo en América Latina, una situación que se hace presente en un escenario regional en donde la presencia de gobiernos progresistas han significado un reajuste importante en la política regional.
Sostenemos que estas formas de neogolpismo de Estado significan un riesgo importante para las sociedades latinoamericanas, dada la histórica preeminencia del fenómeno durante el siglo XIX y XX en la zona y las posibilidades de que el fenómeno vuelva a presentarse recurrentemente.