En la novela Línea de Sombra -del celebrado escritor Joseph Conrad- un joven capitán del barco reflexiona sobre la experiencia vivida al final del viaje cargado de desafíos de todo orden. Conversa con un comandante ya retirado, Giles (nombre del capitán veterano) al final del diálogo advierte lo siguiente: “Es preciso que un hombre luche contra la mala suerte, contra sus errores, su conciencia y otras zarandajas por el estilo”.
El diálogo entre capitanes de dos generaciones comporta una lección básica sobre los significados de la experiencia colectiva: la vida en sociedad también es un entramado conflictivo de encuentros intergeneracionales que deben ser regulados y transformados de manera pacífica. Varias generaciones de colombianos han hecho parte o han presenciado a distancia el conflicto armado interno.
Las estadísticas de los impactos humanitarios del conflicto armado en Colombia indican que la confrontación arrojó más de ocho millones de víctimas, siete millones de desplazados y alrededor de trescientos mil asesinados por los señores de la guerra. Con la puesta en marcha de los acuerdo de paz se ha generado una esperanza colectiva (no exenta de tensiones sociales y políticas) para superar la confrontación armada y transitar hacia una paz estable y duradera.
El actual proceso de transición del conflicto armado hacia una sociedad más pacífica, plantea al menos cuatro desafíos: erradicar la violencia directa como medio para tramitar los conflictos sociales y políticos, construir una sociedad más justa e igualitaria, interiorizar la regulación pacífica de los conflictos en las prácticas cotidianas y darle paso a las juventudes en la creación de las reglas del juego en los territorios.
Dadas las prácticas de intimidación y el control de facto desarrollado durante décadas por parte de los actores armados -cuyas implicaciones han sido, entre otras, la destrucción de los tejidos sociales, el sometimiento social y político y el temor a ser joven instrumento al servicio de la guerra- el proceso de transición implica poner en marcha dispositivos que restituyan la voz y la acción, contribuyan a generar capacidades políticas en los jóvenes y a innovar en los repertorios
Desde mediados de la década de los años noventa, el conflicto armado adquirió una nueva dinámica en el departamento de Caldas, Colombia –y en el conjunto de la región- como consecuencia de las transformaciones detonadas por la crisis cafetera y sus implicaciones sociales, económicas, ambientales y políticas. Entre los detonantes de la crisis están los cambios en el modelo económico, la caída del pacto mundial del café y la puesta en marcha del Consenso de Washington.
Durante más de tres lustros, grupos guerrilleros y paramilitares desataron una confrontación armada por el control territorial que arrojó más de cien mil víctimas en un departamento localizado en la región central andina. Como impactos de la disputa se encuentran pueblos abandonados, desplazamientos forzados, asesinatos así como transformaciones ambientales y económicas asociadas a los cambios en el uso del suelo. La conflictividad en la región cafetera, a juicio de investigadores como Mónica Rettberg , está ligada a la pobreza de las familias campesinas y al debilitamiento de las instituciones que por casi un siglo habían sustentado el desarrollo social y económico.
Una década después, en un escenario nacional de diálogos políticos para la paz entre la insurgencia armada y el gobierno nacional, aún se encuentran en el territorio conflictos sociales, económicos, ambientales y políticos ligados a los impactos de la confrontación (se trata de cuestiones centrales como la reparación a la víctimas, el retorno y la restitución de tierras). Estos procesos centran buena parte de la atención institucional y de la agenda de investigación social en las universidades regionales.
Superado el conflicto armado en el departamento a finales de la década del 2000, han surgido experiencias que pueden ser consideradas como constructoras de capacidades para la paz territorial. Se trata de diversas formas organizativas, en particular de los jóvenes, para el agenciamiento social y cultural. Son experiencias locales, al mismo tiempo eficaces y silenciosas, que en su proceso arrojan información vital para la formulación de políticas públicas con base en las realidades y expectativas locales. El estudio de estas experiencias de paz en medio de conflictos y violencias adquiere distintas denominaciones (resistencias, innovaciones, resiliencias comunitarias, entre otros); para efectos de la investigación que aquí se recoge ellas se enmarcan dentro de la categoría de paz imperfecta.
Los trabajos de investigación y el agenciamiento de nuevas realidades, con enfoques colaborativos sustentados en diálogos entre jóvenes, académicos y actores institucionales con enfoque territorial, hacen parte de las estrategias que se han puesto en marcha para el cultivo de paces en el territorio.
La ponencia que se pone a consideración, tiene como punto de partida una investigación en la cual hemos participado los autores como parte de un equipo de trabajo, en el marco de un proyecto que convocan dos universidades (Universidad de Caldas y Universidad Nacional sede Manizales). El objetivo central de la investigación y la propuesta metodológica consiste en estudiar e intervenir experiencias sociales y artísticas que redimensionan pacíficamente los conflictos -a través de la realización de laboratorios artísticos en tres subregiones del departamento de Caldas- como base para el diseño y formulación de políticas públicas para el cultivo de la paz en los territorios.
En esencia se trata de co-construir y reflexionar sobre las experiencias sociales producidas entre jóvenes, organizaciones sociales de distinto tipo y académicos qué, en procesos de diálogos colectivos, buscan generar y apropiar estrategias y prácticas para transformar positivamente los conflictos. De las experiencias es posible derivar múltiples lecciones para el diseño y la formulación de políticas públicas para las paces en los territorios. Algunas de las acciones que actualmente se realizan en regiones afectadas directamente por el conflicto armado reciente en el departamento de Caldas, se están orientando a la comprensión de los procesos socio-culturales de los jóvenes y a los agenciamientos de capacidades políticas con base en trabajos colaborativos, en cuyo centro están las expresiones juveniles como generadoras de procesos de cambio y transformación en escenarios locales.
La ponencia presentará reflexiones teóricas y metodológicas sobre la experiencia de construcción de paces en medio de conflictos y violencias, los procesos de agenciamientos social y cultural de los jóvenes, así como los dispositivos diseñados para formular lineamientos de política pública como aporte a la construcción de paz territorial.