El concepto movimiento social se ha puesto en duda para nombrar a las protestas de la última década. Una vez más, se destaca la novedad y se pasa por alto la continuidad entre ciclos de movilización. La cualidad performativa fue uno de los elementos de novedad más nombrados por académicos y periodistas, pero ¿a qué se refiere? Esta propuesta parte de una tesis realizada a nivel licenciatura que se propuso esclarecer las diferentes acepciones de lo performativo en relación a los movimientos sociales y averiguar si es, en efecto, un elemento distintivo de los últimos fenómenos de protesta. En esta ponencia se pretende dar cuenta de las reflexiones que han actualizado aquella investigación.
La investigación parte de la lectura de producciones académicas recientes que declaran la obsolescencia del concepto movimiento social para nombrar a los últimos fenómenos de protesta, debido a su novedad. Proponen, en cambio, el uso de otros términos para nombrarlos. Términos que exaltan sus cualidades comunicativas (especialmente el uso de las redes de internet) y sus principios políticos, alejados de la representación institucional.
Los resultados a los que se llegó se traducen en tres propuestas 1) reconocer la tradición de los postulados teóricos desarrollados durante la segunda mitad del siglo XX, ya que continúan siendo la pauta para la explicación, la discusión y el enriquecimiento dialéctico de las teorías de los movimientos sociales de las últimas dos décadas; 2) comprender que la aparente novedad de los movimientos que integran el último ciclo de protesta no es absoluta, pues las propiedades organizativas (la aparente falta de jerarquía), políticas (el desapego por la política partidista) y comunicativas (uso de las nuevas tecnología) con las que se les caracteriza ya habían sido observadas con anterioridad (si bien de manera incipiente) en movimientos pertenecientes al ciclo de protestas altermundistas; y 3) que la performatividad, en sus múltiples acepciones (como recurso discursivo, como elemento ritual y como puesta en escena), tiene relación con la movilización social desde hace tiempo, por lo que no es un elemento exclusivo de los más recientes fenómenos de protesta.
Se reconoce que la performatividad es una cualidad que ha tomado un papel fundamental en las últimas protestas al ser una forma expresiva que, a la vez, materializa la experiencia de los participantes. Especialmente desde el giro cultural, en el estudio de las protestas se han resaltado los análisis del cuerpo, las emociones, la acción y lo simbólico. Sin embargo, cabe preguntarse si lo novedoso es el elemento performativo o si, en realidad, la novedad radica en la intensidad con la que se ha estudiado actualmente y no en el elemento en sí. Sobre todo, se considera pertinente reflexionar si es justo atribuir la cualidad performativa como una novedad que diferencie los movimientos sociales contemporáneos de sus antecesores.
Se destaca que lo performativo alude a múltiples acepciones donde se incluyen: 1) una larga tradición en el arte acción y en la filosofía, partiendo de la filosofía del lenguaje, 2) la formación de la escuela de estudios de performance, que se propuso analizar la realidad social como ritual y transmisor cultural, y 3) su más reciente incursión en la protesta, donde se le asigna el sinónimo de política prefigurativa. Por lo que se propone una reflexión sobre el estudio actual de la protesta, bajo el argumento de que la cualidad performativa estaba presente en los movimientos sociales desde hace medio siglo.
En consecuencia, se anuncia pertinente pensar en los matices necesarios para el estudio de los movimientos sociales contemporáneos y la pertinencia de no proponer a botepronto el uso de términos que sumen a la confusión conceptual.
Por otro lado, se considera que la subjetividad ha adquirido un sentido central para la comprensión de las últimas protestas. Particularmente, porque ha tomado el lugar en el estudio de los movimientos sociales que antes pertenecía a la identidad. Desde la perspectiva de la acción, resulta pertinente pensar en las atribuciones que se hacen hacia la subjetividad política juvenil como rechazo de la representación institucional, cuando resulta que el rechazo se dirige también hacia la radicalización. Muestra de ello está en los contrastantes productos políticos que han surgido de los más recientes movimientos.
En la actualidad, la movilización trata con identidades fragmentadas que ponen en cuestión la dirección misma de los movimientos sociales particulares. La diferenciación, el uso de redes y el individualismo afectan las formas de acción, la articulación y los desenlaces de los movimientos. Efectos que pueden resultar contraproducentes con los fines de la protesta y que se relacionan con el rechazo personal hacia la institucionalización, así como a la radicalización de la organización social.
En resumen, esta ponencia tiene por objetivo realizar una reflexión sobre los participantes de los movimientos sociales actuales, si es que pueden seguir llamándose así, a partir de dos categorías centrales: la subjetividad y la performatividad. Con el fin de analizar los medios, desenlaces y transformaciones que permean en estos fenómenos y que ponen en tela de juicio su concepción teórica.