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Resumen de ponencia
Dos iguales también hacen pareja

*Rocco Carbone



El lenguaje tiene una capacidad performativa y las palabras son más que palabras porque con ellas se pueden “hacer cosas”: acciones, por ejemplo, que como tal inciden el cuerpo de otrx. Esas acciones a veces pueden “herir” cuando son vejatorias de las identidades. Y este es un aspecto definitorio que las poblaciones homosexuales sufrieron sobre su propio cuerpo, a lo largo de la historia, a través de varios enunciados de contenido heteropatriarcal por no compartir la norma sexogenérica heterosexual. En distintas latitudes y a lo largo del tiempo, las poblaciones homosexuales fueron y son discursivamente (y no sólo) insultadas. Esas palabras, todas con un contenido degradante, han impactado e impactan bajo la forma de la agresión sobre la subjetividad de quien la recibe. En este sentido, el homosexual es un “sujeto estigmatizable” y en términos colectivos, las poblaciones homosexuales configuran “comunidades sufrientes”.

En mi ponencia, a través de la literatura, el teatro más precisamente, y las acciones militantes –en tanto paradigma epistemológico al cual nos pretendemos atener–, nos referiremos a subjetividades estigmatizadas a través de un número; situadas en un ambiente sociohistórico marcadamente homofóbico y, en términos generales, de opresión social. Ese número representa menos un “chiste” homofóbico que un insulto explícito, una agresión verbal discriminatoria que al mismo tiempo es resignificado por gestos culturales y militantes que de alguna manera suturan heridas del lenguaje autoritario de antaño. Ese número es 108 y el contexto sociohistórico que interrogaremos vía el teatro y las acciones militantes es un país poco conocido en el entramado cultural del Cono Sur: Paraguay, encabalgado entre un pasado autoritario y un presente de enormes fragilidades democráticas.

La ponencia pretende desentrañar las articulaciones de la sexualidad en tanto operador epistemológico que permite entender las dimensiones políticas y subjetivas de un orden autoritario: la dictadura paraguaya, conocida como stronato (1954-1989). Por el otro, busca focalizar el uso del espacio público. Estas vertientes son puestas en diálogo a partir de una pieza de teatro –108 y un quemado (2002/2010) del dramaturgo paraguayo Agustín Núñez– que reflexiona sobre la primera razzia a la población homosexual asuncena implementada por la dictadura paraguaya en 1959. La dramaturgia tematiza cómo se acuña el número 108 y, entre otras cosas, la marcha forzada de lxs homosexuales obligados a desfilar, a ser expuestos públicamente frente a los ojos de la sociedad por el stronato. Un poder que a todas luces negaba la vida de lo diversaemente deseante. Este relato busca poner en diálogo ese momento oprobioso –reconstruido a través de la obra de Núñez más otras discursividades “no ficcionales” contemporáneas de los hechos– con lo que pasa hoy en día en la ciudad de Asunción con el Besatón –“la exposición del motivo de rechazo a la homosexualidad”–, un evento promovido anualmente por una organización sexogenérico-militante, de base comunitaria y solidaria, que lucha por los derechos de la comunidad LGTBIQ: SomosGay, un proyecto político nacido en Paraguay en 2005 y que se institucionalizó en 2009.

Conjeturas. La ponencia es articulada a partir de una hipótesis sobre el espacio público: lo que ayer había sido la calle-teatro del horror y el agravio, hoy se transforma en calle-teatro de la acción política; articulada con una subhipótesis: la literatura y las acciones militantes son vehículos que viajan hacia el pasado, lo recuperan, lo traen de vuelta hacia nosotrxs y lo resignifican amasando un contenido contrautoritario en el que las “mismas” palabras ya no quieren (decir) lo mismo porque no afectan de la misma manera, pues ya no significan un estigma porque que al darlo vuelta lo presentan como forma de honra u orgullo. Si la homofobia y las distintas formas de violencia sexual persisten en Paraguay como instrumentos de poder, las acciones de los movimientos LGTBIQ, puestos en diálogo con ciertos textos literarios, resultan de las más desafiantes como forma del orgullo –para reivindicar públicamente deseo, amor, afectos al margen de la heteronorma– y de resemantización de prácticas y palabras autoritarias que ahora son también –más bien– gestos de afirmación. Con coraje remarcable, una parte de la ciudadanía, todos los años, regularmente, toma la calle para reivindicar su derecho a la alteridad y enfrentar la mentalidad heteropatriarcal en marchas provocadoras y saludables. De esto desciende que entre la represión y afirmación de derechos se mueve también una política de los afectos que hace que las “mismas” palabras apelen a sentidos comunes totalmente contrapuestos.




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* Carbone
Universidad Nacional de General Sarmiento/CONICET UNGS/CONICET. Los Polvorines, Argentina