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Resumen de ponencia
Mestizaje, los olvidos que de-forman sujetos

*Octavio Marino Pedoni



Este texto busca problematizar la relación, dada por obvia en ocasiones, entre mestizaje y América Latina. Asumiendo que lo tenido por obvio no siempre es cuestionado en su fundamentos, en aquello que le da dicha condición. Es decir, la pregunta por las historias de cómo algo llegó a ser tenido por obvio no es formulada y no es respondida. Son esas historias, por las cuales no se indagan, las que brindan sutura a distintos contextos y horizontes históricos. Aquellos en los que desarrollamos nuestras existencias. Cada historia implica una selección de recuerdos y de olvidos, que en su conjunto legitiman posiciones, privilegios y desigualdades en el seno de nuestras sociedades. Esas historias en América Latina dan cuenta de procesos de conjunción y disyunción, en otras palabras, de mestizajes. Que nunca han sido lineales y unívocos. Por ejemplo, el mestizaje en algunas oportunidades ha sido utilizado como recurso de reciclaje colonial, de actualización colonial. Alguien crítico a esta posición ha sido Fausto Reinaga, cuya obra nos ayuda a desbaratar obviedades para evitar amnistías de responsabilidades en las historias de América Latina.

Darcy Ribeiro dice, en "Sobre lo obvio" (1992 [1988]), que trabajamos con lo obvio. La mayoría de las cuestiones parecen tener alguna respuesta. Basta plantearla para que algo o alguien concurra con alguna formulación para saciar aquella inquietud. Por suerte en la cotidianidad de la existencia ni lo obvio resulta tan obvio. Las relaciones que se establecen entre los sujetos en el día a día se modifican constantemente en diversos grados, en diversos matices. Es un intercambio continuo. Los sujetos realizan las más diversas y variadas actividades para no naufragar en su existencia, para sobrevivir. La incertidumbre de lo por-venir hace que los sujetos tengan que estar abiertos a las modificaciones. Porque cada respuesta obvia se circunscribe a un escenario histórico y lo obvio tiene fronteras endebles, permeables. Aunque esto no sea siempre un dato obvio.

Ribeiro nos brinda ejemplos de aquello que se llegó a juzgar, o se lo sigue haciendo, como obvio. El primer hecho ilustrativo es la creencia de que el sol "sale" por el este y se "oculta" por el oeste. El segundo es "los pobres viven de los ricos", ¿es obvio? Otro ejemplo de igual talante es "los negros, al igual que los indios, son inferiores a los blancos". ¿Es así? Lo obvio pareciera ser algo de sentido común, una obviedad constatable en ciertos marcos culturales que tenemos a mano para consumir. Fijémonos en qué consumen los que "progresan". Fijémonos en la suerte de los que son "minorizados" históricamente en América Latina. Fijémonos a quiénes es funcional lo que se re-presenta como obvio y qué se oculta en aquello que se juzga sin dificultad. Quizás podamos ver, si se agudizan los sentidos, ciertas grietas en la linealidad y univocidad de aquello que identificamos de manera tan obvia.

Las obviedades son justificadas por historias. Entendiendo a éstas como conjuntos de narraciones seleccionadas sobre determinados sujetos, sucesos, hechos y memorias. Es esa característica de seleccionadas la que permite también la posibilidad de poner en cuestión o desmentir cualquier obviedad o aquello re-presentado como obvio. Recordemos a Calibán y su mal-decir que abre la posibilidad de re-pensar "desde el otro lado, desde el otro protagonista". Resulta un recurso importante para cuestionar lo obvio el contar con más de una historia. Esto porque las historias, en algunas de sus versiones, tienden a "[evaporar] nombres, fechas, circunstancias, verdades [...]" dice Roberto Fernández Retamar. En la construcción de América Latina son varias las historias que se nos han impuesto. Las cuales están cargadas y gravadas de identidades y de formas de identificación. Las historias impelen a elegir por una u otra de ellas, a elegir una diferencia por sobre otra para distinguir un sujeto de otro, una cosa de otra. Pero hay que tener en cuenta que las distintas diferencias no son equivalentes, no son iguales. Ante cada elección se representa un proyecto para lo diferenciado, sea sujeto, cosa... No resulta lo mismo identificarse, por dar unos ejemplos, como blanco, indio o mestizo. También, dichas identidades, varían según las circunstancias de los sujetos que se identifican con ellas.

América Latina se ha venido constituyendo por medio de encuentros forzados entre culturas distintas. Sí, forzados, porque los encuentros no siempre han sido esperados o no siempre se han dado como se esperaban. En esos encuentros cada sujeto ha participado contando con una cultura distinta. Culturas poseedoras de una serie de identidades o formas de identificación iguales de distintas. De esos encuentros entre distintos, de la expresión de esos encontronazos, de esas luchas, son los mestizajes que se produjeron en nuestras latitudes. Entendemos mestizajes como aquellos procesos de conjunciones y disyuntivas de elementos contradictorios entre sí, juzgados como opuestos por las partes en pugna. En las relaciones, generalmente asimétricas, que se establecieron en esos procesos se produjeron intercambios, cruces. Los sujetos afectados por lo que sería y es América Latina se influenciaron mutuamente, llegando a modificarse entre sí y deslegitimando cualquier identidad tenida por sustancial. Los mestizajes en América Latina aun siguen actuando en nuestros días, porque aun los sujetos siguen en pugna.

Aunque hablamos de los mestizajes como formas de intercambio y de modificación cotidiana, esto no resulta una realidad tan obvia. Una de las partes de los encontronazos que constituyen América Latina para justificar sus posiciones de privilegios y sus beneficios no está dispuesta a reconocer a los mestizajes de la forma antes expresada. Esta parte juzga que el mezclarse es para seres inferiores y sutura a los mestizajes con distintos discursos políticos. Uno de ellos es el considerar al mestizaje como una forma de homogeneización de opuestos, una forma de resolución de conflictos y un medio para combatir identidades no deseadas. En América Latina varias élites criollas que se identificaban, algunas lo siguen haciendo, con países europeos o con Estados Unidos de Norteamérica, apostaron al mestizaje como vía de asimilación de los pueblos indios, negros y de sus "mestizos". Designados así estos últimos por las élites criollas por no saber cómo identificarlos. Vale aclarar que la asimilación era hacia un modelo abstracto de sujeto, funcional a los intereses de las élites criollas. El mestizaje, en este caso, fue utilizado "para afirmar la igualdad –ocultar la desigualdad– de los diferentes grupos que componen una sociedad nacional" según Martin Lienhard.

Las élites criollas de América Latina veían, en algunos países lo siguen viendo y en otros directamente los ignoran, a los sujetos indios como un problema por su reticencia a integrarse a sus modelos nacionales. Además los sujetos indios serán considerados como parte de los obstáculos que impedían, o impiden, la modernización y el progreso de las repúblicas latinoamericanas. Las soluciones que se le buscaron a este problema fueron de las más variadas. En su conjunto fueron un intento de reciclaje del colonialismo occidental y de los sujetos sometidos a éste, un intento de rebozar viejas prácticas a la luz de nuevos proyectos de dominación. El reciclaje es entendido como actualización y no como transformación de algo viejo en algo nuevo. "La violencia de la conquista metamorfoseada en institucionalidad, [...] lugar desde donde [se] impone el 'orden', la historia oficial, los símbolos y monumentos, la educación, la religión, etc., todo esto visibilizado en un ordenamiento racializado de lo social" según Carlos Macusaya Cruz.

Fausto Reinaga combatió las idealizaciones de indios, exponiendo la racialización de la que son objeto los sujetos indios. Que se traduce en el hecho de ser tratados como si fueran un "raza" distinta a la de sus opresores, de modo de justificar su explotación de mano de estos. Estas práctica racistas que aunque con el tiempo quisieron ser naturalizada, invisibilizando su proceso de construcción, dejando de hablar de razas, de indios, y empezando a usar términos como campesinos o ciudadanos. Por esto Fausto Reinaga instaba a los sujetos indios a conocer sus historias, para que sus intereses y reclamos no fueran ignorados y olvidados. Las historias permiten ver que la discriminación racial a las que se somete a los sujetos indios no tiene fundamentos biológicos ni de purezas raciales. Desde la lectura de Fausto Reinaga podemos comprender que no es una "mera coincidencia" que a los sujetos indios se les guarde, por lo general, el lugar de sometidos en América Latina. No es coincidencia, el orden que discrimina a esos sujetos de ese modo es histórico. La desmemoria, por no decir el olvido, es lo que puede hacer creer que tal situación es una mera coincidencia. El sujeto indio no permite que las realidades de América Latina sean representadas como meras coincidencias.




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* Pedoni
Centro de Estudios Avanzados . Universidad Nacional de Córdoba - CEA/UNC. Córdoba, Argentina