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Resumen de ponencia
La Cátedra para la paz y su implementación tras los acuerdos en la Habana entre el gobierno colombiano y la insurgencia de las FARC

*John Fredy Cardenas Romero



La labor de educar en derechos humanos es de radical importancia para una nación como la nuestra que ha experimentado la violencia de la manera más absurda y despiadada, en contra del ejercicio de la paz y la vivencia de los mencionados derechos. Colombia está marcada en su historia por un espíritu de violencia y barbarie, de allí la necesidad de que los procesos educativos llamen a gritos por una recuperación de la memoria, la reconstrucción histórica de lo que somos y dar un paso adelante, un paso al cambio de esa cultura de odio y venganza para avanzar a una cultura de solidaridad, vida y respeto por los derechos humanos, teniendo como pilar la dignidad humana y la construcción de una cultura de la Paz. Más aún, si se tiene en cuenta, que nos encontramos en un proceso de transición a la vida civil y política de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) después un largo proceso de negociación en Cuba y desarme por parte de este grupo en el último año.

En este importante marco de negociaciones el gobierno colombiano el 1 de septiembre de 2014 estableció por medio de la Ley 1732 la “Cátedra para la Paz”, la cual reglamentó el 25 de mayo de 2015 por medio del decreto 1038. Es la educación llamada aquí por el Estado colombiano a trabajar por la construcción de una paz que trascienda a lo sucedido en Cuba y fomente procesos de trasformación de la violencia por el de una cultura de la convivencia y los derechos humanos.
La educación, como promotor de los procesos culturales de las sociedades tiene como propósito enarbolar las banderas de la formación y la vivencia de los derechos humanos como quedó consignado en el Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Nuestro país no ha sido ajeno a este reconocimiento, de allí que durante las últimas décadas nuestras calles y avenidas, pueblos y ciudades griten por una educación cercana a los mencionados derechos. En medio de las dictaduras, las guerras y los conflictos regionales latinoamericanos y colombianos se respira un aliento que suena y huele al anhelo de la paz y los derechos humanos. En los últimos años, se han concretado una serie de procesos, políticas públicas, legislaciones y proyectos que transitan por ese camino, el cual está en continua construcción y cambio; por supuesto que la legislación mencionada anteriormente no se da por casualidad histórica o por un sentimiento de filantropía del Estado colombiano, antes bien coincide con compromisos, intereses internacionales, demandas sociales, pero sobre todo, por la negociación desarrollada con la, otrora, guerrilla de las FARC y en ciernes con el Ejército de Liberación Nacional ELN.
De acuerdo con lo expuesto anteriormente, se puede afirmar que la Ley y el Decreto reglamentario de la Cátedra de la Paz antes mencionado son parte del resultado de un proceso histórico que está en construcción y desarrollo en la actual coyuntura. La educación está siendo llamada a participar de manera activa en la construcción de la paz mencionada y la normatividad es el brazo que el Estado colombiano ha extendido a la educación para que se involucre de manera directa en este proceso.
En este escenario, surgió la necesidad de identificar las características particulares que dan sustento histórico, teórico y metodológico a la Cátedra de la Paz, acompañado de un análisis de la misma desde los aportes conceptuales del pensamiento crítico (de preferencia latinoamericano), en aras de enriquecer la construcción de la misma. En el proceso se buscó identificar las características mínimas a tener en cuenta en la implementación la Cátedra de la Paz en el contexto de las negociaciones con los grupos insurgentes desde la perspectiva del pensamiento ya mencionada.
La hipótesis de esta investigación señaló que la Cátedra de la paz, tal como fue propuesta, no tiene un enfoque teórico claro, al solo proponer unos contenidos curriculares y algunos parámetros de aplicabilidad, deja muy abierta la propuesta para que los establecimientos educativos la adopten con un nivel de flexibilidad que de no ser estructurado acorde con las necesidades y posibilidades del contexto puede fácilmente desviarse del objetivo para el que fue creada.
En consonancia con lo anterior, la investigación se dispuso de la siguiente manera. Un primer momento en el que, mediante una ilustración de carácter documental, se buscó explicar los elementos que configuraron los hitos más importantes de la educación para la Paz, esto desde el contexto internacional hasta la actual Cátedra de la Paz en Colombia. Allí se identificaron los antecedentes históricos en este proceso de que la humanidad se pensara en la necesidad educar para la paz de conformidad con el surgimiento de los derechos humanos en el siglo XX. Allí se realizó la lectura analítica y comparativa de una serie de Declaraciones, Pactos, Tratados y/o Convenios que siguen proclamándose hasta la actualidad en esta dirección.
Colombia involucrada también en este proceso se ha encaminado de a poco en esta ruta de educar para la paz y los derechos humanos, de allí que también se realice un estudio de los lineamientos jurídicos que la han estructurado, la política pública más sobresaliente para la implementación de ella y el contexto particular en el que surge la Cátedra de la paz.
En la segunda etapa realizó una caracterización de la mencionada Cátedra. Para ello fue necesario establecer las particularidades de lo que se ha configurado como la Cátedra de la Paz en el actual contexto reciente de negociaciones y proceso de paz con los grupos insurgentes en Colombia, y su relación con los derechos humanos. Esta Cátedra pretende fomentar una cultura de la paz, pero ¿el concepto de paz entendido desde qué perspectiva? La paz, en el discurso mediático es leído superficialmente como la inexistencia de la guerra o del conflicto armado, sin embargo, la Corte Constitucional ha ido más allá e indicó que la paz es un concepto que cobra valor como derecho y, más aun, va ligada a los derechos humanos y al pilar constitucional de la dignidad. Lo que no es ajeno a los postulados de algunos académicos expertos en el tema (Magendzo, Tuvilla R., Herrara F., entre otros). Las posturas teóricas y jurídicas implementadas brindaron herramientas de análisis que permitieron identificar una serie de contradicciones entre los objetivos de la Cátedra y la realidad de quienes son objetivo de ella. Así, la paz vista como la simple ausencia de la guerra, se convierte en una mirada sesgada de las relaciones humanas, ya que su complemento por excelencia son las realidades humanas. Solo en la conjunción de estas dos caras vistas por medio del cristal fáctico de los derechos humanos, es posible hablar de paz con letras mayúsculas, PAZ dignificante.
Es reciente la coyuntura de la Cátedra, y las posibilidades que en el Decreto reglamentario se brindan son muchas, además, la interpretación y ejecución de la misma es laxa, sujeta a las particularidades contextuales de quienes la llevan a la realidad del ejercicio pedagógico. En este escenario se identificaron dos propuestas acerca de la implementación de la Cátedra de la paz ofreciendo contenidos curriculares, estándares, competencias y metodologías evaluativas de la misma. Esta escasez de propuestas estructuradas refleja una incipiente, aunque importante, preocupación por el tema en los escenarios educativos.
Las dos fases anteriores permitieron llegar a una tercer y última en la que se proponen una serie de elementos que se colocan a consideración para ser tenidos en cuenta en el ejercicio contextual de la puesta en práctica de la Cátedra. Para lo que es importante también, determinar los aportes que el pensamiento crítico brinda para la implementación de la Cátedra de la Paz en el particular contexto colombiano de las negociaciones con los grupos insurgentes La flexibilidad del decreto reglamentario, que se expone en el capítulo dos, brinda esta posibilidad y el mega diverso horizonte nacional en el que ésta se busca implementar reclama enriquecer su aplicabilidad con factores relacionados a cada contexto particular.
El decreto indica una serie de contenidos temáticos para tener en cuenta y las disciplinas que habrían de hacerse cargo del trabajo pedagógico de los primeros; sin embargo, hablar de paz y de derechos humanos es remitirse a realidades humanas, a hechos de vida, experiencias particulares y condiciones heterogéneas, por esta razón, la Cátedra no se puede lanzar al río de los currículos escolares para ver cómo lograr flotar allí, antes bien ella debe lograr asidero en una serie de condiciones tales como: los sujetos particulares a los que se dirige esta, o el contexto histórico en el que se implementa. Estos elementos, que son la realidad del protagonista, que son la razón de ser de la Cátedra son inobjetables, por lo tanto, para su éxito es fundamental que se tengan en cuenta. Allí sobresale la exposición de dos elementos que se consideran fundamentales; el primero es la presentación del individuo que desde el pensamiento crítico se debe tener en cuenta para la implementación de una Cátedra de la paz, quién es ese sujeto de derechos que es objeto de la Cátedra y las condiciones particulares que desde el pensamiento crítico se aborda en la implementación de la misma. El segundo es la exposición de cómo el modelo económico implementado en Colombia (y que impera en el mundo) es enemigo de la paz y los derechos humanos. Aquí el papel de la educación va más allá de la Cátedra y debe tocar los muros de una transformación social más cercana a la paz y a los derechos humanos que los intereses económicos de las elites políticas de la nación.
Quedan más caminos por investigar en aras de una educación que permita la transformación y/o construcción de realidades más dignificantes para las comunidades que son objeto de estas.




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* Cardenas Romero
Instituto para la pedagogía, la paz y el conflicto urbano. Universidad Distrital Francisco José de Caldas - IPAZUD/UDISTRITAL. Bogotá, Colombia