Expongo una serie de reflexiones que vinculan lo teórico y lo vivenciado en torno al Programa de Formación y Capacitación para Mujeres Campesinas del convenio INDAP-PRODEMU. Desarrollo una reflexión crítica hacia el enfoque de género, enfoques de desarrollo y enfoque interseccional, desde una mirada descolonial, feminista y situada, e incorporando como telón de fondo y apuesta lo que se ha venido denominando Epistemologías del Sur. Esto con el objetivo de comprender las experiencias de opresión múltiples, las luchas y resistencias que conforman los muchos sures dentro del Sur, en este caso, desde el Ngulumapu, región de La Araucanía, y en específico desde las experiencias del ser mujer-campesina-mapuche en el territorio. La oportunidad de trabajar con mujeres rurales, acompañándolas en sus procesos de desarrollo personal, organizativos y productivos con el objeto de mejorar sus condiciones de vida, se convierte en hito indispensable que ha aportado a mi formación y a situarme desde las perspectivas mencionadas, como estrategias claves de aproximación a la realidad generada por la articulación de los sistemas de dominación imperantes: colonialismo-capitalismo-patriarcado.
Las reflexiones y debates teórico-prácticos en torno al Programa de Formación y Capacitación de Mujeres Campesinas, surgen en parte, producto de mis intereses político-investigativos y académicos, y por otro, desde mi experiencia como monitora del Programa con dieciocho grupos de mujeres de la Araucanía. Considero como objetivo generar una lectura crítica y situada desde la vereda del pensamiento contrahegemónico feminista, descolonial, y de las epistemologías del sur, hacia los enfoques comúnmente utilizados en la elaboración de estrategias de intervención institucionales. Esto pues dichos enfoques emergen desde el lugar de enunciación geo-políticamente dominante que es occidente. Así, manifiesto importante relevar y compartir las experiencias de trabajo con mujeres rurales, primero pues considero que la construcción de conocimiento debe sustentarse en el vínculo y reconocimiento de los procesos comunitarios de experiencias y acción, y que esta construcción debe reconocer la multiplicidad de saberes silenciados, ampliando así los puntos de vista, cuestionando el extractivismo académico imperante y las formas tradicionales de generar conocimiento.
Las interrogantes que fueron urdiendo una trama de indagación en torno a este tema, parten desde el impacto que ha provocado en mí la experiencia de trabajo con mujeres campesinas, y el encuentro muchas veces conflictivo que se genera entre la realidad situada de las mujeres y las teorías foráneas y eurocentradas, utilizadas por las instituciones con la pretensión de comprender y dar respuesta a sus contextos. Me sentí interpelada entonces por el interés de analizar y reflexionar respecto a mi propia experiencia laboral desde estas nuevas corrientes y miradas latinoamericanas, con el fin de poder generar aportes que se sustenten en la mirada atenta a la triple dimensión de la dominación, al vínculo encarnado entre teoría y praxis y a ampliar los espacios de enunciación.
El debate se articula en tres grandes momentos. Comienzo con una descripción y caracterización del Programa, luego continúo con el análisis en torno al enfoque de género, los enfoques de desarrollo, debates respecto a la interseccionalidad y la experiencia de ser mujer campesina en la Araucanía. Y finalizo con un último momento referido a mi experiencia personal y situada en las comunas de Temuco y Lautaro.
Es así, que mediante una sinergia entre análisis desde enfoques teóricos y mi praxis personal situada, he intencionado una reflexión en torno al PFCMC. Sostengo que dicho programa, a través de su carácter integral e intersectorial, logra constituirse en una apuesta relevante en cuanto a la consideración del desarrollo económico, personal y comunitario de las mujeres campesinas. Es una iniciativa que se destaca en el sentido de sus alcances y pretensiones integrales en sus ejes de trabajo, que van más allá de lo netamente económico-productivo, lo que se ha traducido también en su perdurabilidad en el tiempo y las altas valoraciones positivas de sus participantes. Sin embargo, los enfoques utilizados en su formulación, enfoque de género, enfoques de desarrollo, e incluso un enfoque interseccional, son limitados. Esto pues todos ellos emergen desde el norte global, es decir, desde occidente como lugar de enunciación simbólico, histórico y políticamente dominante sobre los territorios entendidos como periferias. Ninguno de estos enfoques es capaz de generar una mirada situada y no fragmentada de las realidades de la subalternidad en el continente, y en este caso de las mujeres rurales de Chile. Entonces, ¿desde dónde pensar-nos, y comprender las opresiones inseparables producto de la dominación articulada y la inefable herida colonial?, ¿desde dónde y cómo observar, que no sea desde la constante mirada de “los vencedores”? , ¿cómo incluir estas miradas alternativas en la institucionalidad, si esta misma emerge del estado-nación moderno y colonial? ¿qué tan efectivas en cuanto a cambios culturales-sociales significativos pueden ser las iniciativas de orden institucional? ¿cómo lograr que las políticas públicas y programas implementados a nivel nacional en Chile consideren las particularidades de los territorios y las/os sujetas/os que los habitan? Más que ofrecer respuestas absolutas, “soluciones” o rutas de acción determinadas, mi intención es brindar una reflexión que genere a su vez, más interrogantes para ir tejiendo de otro modo, a decir de Espinosa, Gómez y Ochoa (2014), distintos entramados y aproximaciones.
Dentro de las “nuevas” corrientes, es menester reconocer los aportes esenciales de las feministas latinoamericanas, esta es una deuda constante pues como es costumbre, prima su ausencia. Al participar de los debates de la academia masculinista latinoamericana, las feministas deben reclamar sus derechos epistemológicos (Mendoza, s/f). Son contribuciones esenciales del pensamiento feminista descolonial latinoamericano y las Epistemologías del Sur, la fusión/co-constitución de opresiones, la colonialidad de género, el sistema moderno/colonial de género, las identidades de coalición de María Lugones; la traducción intercultural, la ecología de saberes, sociología de las ausencias/emergencias, la justicia cognitiva, desde Boaventura de Soussa Santos, entre otros tantos aportes. Imprescindibles si queremos pensar-nos y comprender la opresión múltiple generada por la articulación inseparable de los sistemas de dominación colonialismo-capitalismo-patriarcado. Ya no desde enfoques impuestos desde el norte global y validados universalmente, sino, desde un Sur no geográfico sino metafórico: un Sur anti-imperial. Desde estas veredas, deben buscarse nuevas estrategias y formas de hacer intervención, relevando el ethos de las ciencias como contrahegemonía al poder, ya que desde el ascenso de la burguesía y el dominio del capitalismo, estas han sido serviles cómplices de la dominación moderna-occidental-colonial.
Pienso que la ruta se dibuja hacia el reconocimiento de la pluralidad de saberes, distintos tipos de conocimientos y las relaciones que se pueden dar entre estos. Es necesario desmonumentalizar el conocimiento escrito y ponerlo a dialogar con el oral (De Soussa Santos), la invitación es a descolonizar los saberes, toda vez que descapitalizarlos y despatriarcalizarlos. Los desafíos entonces son políticos y metodológicos: las metodologías deben dejar de ser extractivistas y profundizar en las experiencias de lucha, conocer CON el/la otro/a, sujeto/a con sujeto/a, multiplicando los puntos de vistas, visiones, posicionamientos, experiencias, autores/as y sujetos/as. Aquí la invitación es a generar conocimientos colaborativos, camino donde no hay recetas universales ni rigor pragmático, sino, todo lo contrario. Ochy Curiel (2014), plantea que el desprendimiento de la colonialidad del poder, del saber y del ser, implica por un lado, el reconocimiento y la legitimación de saberes subalternizados “otros”, y en segundo, problematizar las condiciones de producción de conocimientos. Ergo, el desenganche conlleva la teorización desde los procesos comunitarios de lucha, resistencia y acción, junto con una creatividad en las metodologías que minimicen las relaciones de poder en la manera de construir y reproducir el conocimiento (Curiel, 2014). Enfatizo entonces, en la importancia de relevar los saberes situados de los distintos sectores rurales del territorio, de las comunidades indígenas, los conocimientos que se encuentran en las personas mayores campesinas y de pueblos originarios, las experiencias de lucha y resistencia de las mujeres campesinas, y partir de esta incorporación esencial para comenzar el camino de reflexionar, teorizar, comprender e “intervenir”.
Finalmente, en las vidas y trayectorias de las mujeres campesinas que he conocido estos años se fusionan discriminaciones múltiples en distintos niveles, posicionándolas en lugares de exclusión y discriminación diversos, situaciones que con la ejecución del programa se ha pretendido mejorar. Estas discriminaciones no se vivencian como una sumatoria ni se expresan de manera homogénea en sus vidas, para comprenderlas, es necesario incluir a las mujeres como sujetas en la plenitud de los campos en los que actúan, reconociendo sus voces propias y las narrativas silenciadas de sus experiencias como prácticas de transformación, aumentando las posibilidades de desafiar a las hegemonías del saber científico moderno expresado en los enfoques comunes que se utilizan para abordar sus realidades: el conocimiento pues, está llamado a convertirse en experiencia transformadora (Meneses, 2016).