En su obra Estado y Forma política (Buenos Aires, Prometeo, 2015), el filósofo de derecho Alysson Leandro Mascaro trae una importante consideración respecto a la relación entre Estado y recientes transformaciones de la económica: en lo que se refiere al "establecimiento de condiciones de acumulación y regulación postfordistas, se trata de un proceso contradictorio y dinámico, en la medida en que el neoliberalismo alcanza economías de todo el mundo que se presentan en niveles distintos de desarrollo y, además, revelan específicos patamares de las luchas de clase y distintas consolidaciones políticas institucionales e ideológicas "(p. 124).
Esta enseñanza nos muestra que la comprensión actual del Estado, la democracia y el derecho e no puede desconsiderar dos elementos: (i) la dinámica contradictoria existente en el curso del desarrollo del postfordismo; (ii) las particularidades del modo en que cada región del globo, incluso América Latina y los países emergentes, son impactados por esas transformaciones.
El objetivo de nuestra ponencia consiste justamente en trazar un panorama a partir del cual las transformaciones del Derecho y del Estado en las últimas décadas pueden ser entendidas, sobre todo considerando la pérdida y / o reducción de las ganancias (aunque limitadas) que los trabajadores, desde el punto de vista social, puedan obtener a partir del Estado de bienestar social a lo largo del siglo XX, durante el período de maduración del fordismo. Las bases teóricas de nuestra ponencia es la filosofía mascariana y el debate de la derivación del Estado, desarrollado en Alemania e Inglaterra a partir de la década de 1970.
La crisis estructural del capitalismo en la década de 1980 condujo a un discurso que mezcla reflexiones políticas (crisis del Estado, de la democracia y de las instituciones) y económicas (crisis del fordismo y emergencia del postfordismo), responsabilizando al Estado como culpable por los problemas existentes. Como consecuencia, ganó fuerza el discurso reaccionario de que la legislación laboral del país es "atrasada" y no respeta la "autonomía de la voluntad entre empleado y empleador". En este punto en particular, Brasil vive exactamente un momento en que el presidente Michel Temer y el Congreso Nacional retira derechos y garantías tradicionales de los trabajadores, bajo el pretexto que pueden ser ahora "negociadas" por los trabajadores (se lee, cedidos mediante coacción indirecta). Bajo el pretexto de promover un ajuste fiscal, limitó - por medio de alteración en la Constitución Federal - los gastos sociales con educación, salud, etc a un nivel mínimo.
Históricamente, los países antes llamados subdesarrollados (ahora denominados "en desarrollo") enfrentan problemas para dar efectividad a los derechos - individuales y, sobre todo, sociales - y ni siquiera logran estabilizar el modelo (limitado) de democracia de los países capitalistas desarrollados. En estos países, la presión ejercida por el capital internacional siempre se ha revelado como una fuerza mayor que en las economías más desarrolladas. Esta situación se ha alterado, para peor, en las últimas décadas, a partir de la constitución y consolidación de los bloques económicos. Así, como consecuencia, se observa que las instancias tradicionales de poder político del Estado-Ejecutivo y Legislativo-, en el postfordismo, han perdido poder ante instituciones y grupos internacionales en los que hay poca o ninguna interferencia de la voluntad general de los ciudadanos.
Comprender el papel del Derecho y de la Democracia dentro del capitalismo y en el contexto del postfordismo, momento histórico de transformación del régimen de acumulación, crea una doble tarea desde el punto de vista de la investigación científica.
Por un lado, considerar que el capitalismo es un proceso, un conjunto de relaciones históricas en movimiento, por lo que nunca se desarrolla en condiciones iguales. Como consecuencia, la distribución del poder político, la fuerza de las organizaciones sociales -especialmente de los sindicatos, por ejemplo-, la formación de la subjetividad de los ciudadanos (y, por lo tanto, la forma en que su percepción es construida y suavemente mobilizida) un modo en el régimen fordista y se ha desarrollado de modo distinto en el postfordismo, ya que la sociabilidad dentro y fuera del mundo del trabajo ha cambiado sustancialmente. Siendo así, las estrategias de lucha política deben corresponder a esa nueva realidad, o sea, sumar los aspectos locales y particulares a las características marcantes del régimen de acumulación postfordista.
Por otro lado, hay que mantener la atención al hecho de que el mantenimiento de los fundamentos más estructurantes del capitalismo implica, necesariamente, de formas sociales correspondientes, entre ellas a aquello que tradicionalmente conocemos como democracia y Derecho contemporáneo. En este sentido, ambos continúan y seguirán siendo limitados desde el punto de vista social, y por lo tanto jamás pueden ser interpretados como instrumentos neutros puestos a disposición de los grupos con mayor fuerza política en el interior del Estado. Mantenerse atento a esta cuestión implica evitar ilusiones -como a los marxistas incluso- de que Estado y Derecho y Democracia no están implicados estructuralmente en la lógica de reproducción del capital. En otras palabras, tal atención nos conduce a la necedad de no perder del horizonte los presupuestos que constituyen el materialismo histórico, ya que esta perspectiva nos permite entender-a partir del análisis de la economía- que hay en el capitalismo un tipo específico de igualdad, su mínimo y en su máximo, que impacta directamente en la constitución del régimen democrático.
Las experiencias políticas recientes, especialmente en América Latina, han demostrado la dificultad de los partidos históricamente vinculados a la izquierda de promover acciones políticas en conformidad con sus compromisos originales, sobre todo en lo que se refiere a la política macroeconómica y a la defensa de los intereses de la clase obrera y de la sociedad como un todo. En ese contexto, se ha convertido en una especie de lugar común hablar acerca de la incapacidad de promover cambios más radicales a partir de la mera ocupación de cargos en el Poder Ejecutivo. Como solución, aparece la defensa de la organización de movimientos "de base" articulados con amplias fuerzas sociales. Sin embargo, sin que se identifiquen con precisión los cambios surgidos con postfordismo, sea en el interior del Estado o en las organizaciones sociales, especialmente de los sindicatos, es imposible postular nuevas estrategias políticas a ser adoptadas y existe el riesgo de permanecer creyendo que los instrumentos e instituciones tradicionales del Derecho y de la Democracia pueden ser suficientes para alcanzar los objetivos perseguidos.
La teoría de la derivación del Estado muestra una profundización de la teoría política y jurídica marxista que necesita ser remodelada considerando el proceso de reestructuración productiva que resultó en un nuevo régimen de acumulación (post-fordista) y de nuevos movimientos sociales, cuyas demandas sectoriales deben ser entendidas en parte como independientes y en parte estructuradas a partir de la dinámica histórica del capitalismo y de los impactos de esa sociabilidad en relación a determinados grupos sociales. Así, nuestra investigación busca presentar tres conclusiones principales:
1. El estudio sobre Estado y Derecho es indisociable del estudio de las crisis económicas y de sus efectos en el nivel político y jurídico; en este sentido, se debe observar que los riesgos a los derechos humanos de segunda dimensión no se derivan sólo de la correlación de fuerzas políticas internas, sino del ambiente económico a nivel nacional e internacional que construye nuevas formas de organización social que amenazan los derechos sociales tradicionales del Estado de Bienestar social (instrumento que ya es bastante limitado para lidiar con las contradicciones estructurales del capitalismo).
2. Los partidos políticos tradicionalmente vinculados al pensamiento de izquierda necesitan considerar la experiencia política concreta de las primeras décadas del siglo XXI en América Latina, especialmente el hecho de haber conquistado espacio en el aparato de Estado, incluso en la jefatura del Poder Ejecutivo, para comprender las razones por las que se han enfrentado a problemas similares (señalados por la teoría de la derivación del Estado) a los partidos de izquierda en Alemania e Inglaterra en la década de 1960 y 1970: el ascenso al poder no provocó una mayor aproximación con las bases sociales que constituyeron tales partidos, tampoco se les permitió escapar de las trampas de la burocratización y de las dificultades para adoptar una pauta que pudiera disminuir los aspectos autoritarios del Estado y ampliar el carácter social de sus políticas.
3. El embate político, sobre todo ante el escenario de crisis económica y de debilitamiento de la segunda dimensión de los derechos humanos, pone en riesgo los derechos humanos de primera dimensión, aumentando la posibilidad de supresión parcial de tales derechos con relación a sujetos y grupos considerados " subversivos "y demasiado peligrosos en el orden institucional. Este fenómeno de represión -con la consiguiente aniquilación puntual de los derechos de primera dimensión- puede ocurrir por intermedio de la acción u omisión de las instituciones estatales, especialmente las policías, judiciales y legislativas.