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Resumen de ponencia
¿Es preciso un giro de la integración latinoamericana y caribeña? Consideraciones sobre las "nuevas" propuestas de las instituciones financieras internacionales.

Grupo de Trabajo CLACSO: Neoliberalismo, desarrollo y políticas públicas

*Guillermo Andres Alpizar



Durante 2017 fueron publicados varios trabajos por parte del Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) referidos al diseño de la integración en América Latina. En dichos textos, se aboga por aprovechar la actual coyuntura para expandir el librecomercio a nivel regional, entre otras propuestas de carácter neoliberal que tendrían un profundo impacto en las políticas públicas de la región. Sobre esta base, se plantea la necesidad de un modelo de integración diferente, sustentado en las necesidades endógenas del desarrollo regional, y en este ámbito se sintetizan algunos de los imperativos para la estrategia que han de seguir las fuerzas progresistas del continente en el contexto actual.
A pesar de la bonanza experimentada en el pasado inmediato, caracterizada por un avance de las fuerzas progresistas en el continente, buenos resultados económicos e impulso a la integración regional, en los últimos años, la situación comenzó a cambiar. En el ámbito comercial, regresó el deterioro de los términos de intercambio, y cayeron las exportaciones. Disminuyó la tasa de crecimiento económico y algunos países entraron en recesión. Los indicadores sociales, que desde inicios del siglo estaban mejorando, empezaron a verse afectados. Los avances del progresismo han sido puestos en jaque, y regresó el discurso neoliberal a las políticas públicas de varias de las principales economías del área, como Argentina o Brasil. Los pueblos, como tantas otras ocasiones, volvieron a sentir el peso del ajuste económico, esta vez bajo el nombre de “consolidación fiscal”.
En ese marco, la agenda de unidad regional e integración para el desarrollo, impulsada con tanta fuerza en años anteriores, aparece como una agenda pospuesta. Sin embargo, no ha faltado la propuesta de los centros de poder mundial, en un intento para modelar las relaciones económicas del área, acorde a sus intereses.
Como resultante, en 2017 aparecieron dos documentos dirigidos al abordaje de la temática. De parte del Banco Mundial, el libro “Mejores vecinos: hacia una renovación de la integración económica en América Latina”, mientras que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), incorporó el tema dentro del Informe Macroeconómico de América Latina y el Caribe 2016 bajo el título de “Caminos para crecer en un nuevo mundo comercial”.
En términos políticos, no es casualidad que se escoja el momento para lanzar estos documentos. Lo que se pone sobre la mesa, es la construcción de un mundo donde las relaciones entre países y las políticas públicas se rigen por la lógica neoliberal de la acumulación capitalista y no por su efecto sobre el bienestar de los pueblos.
Profundizando en la propuesta realizada, el texto del Banco Mundial se sustenta en cinco pilares enfocados en hacer avanzar a la región por el sendero del libre comercio, bajo la promesa de que la reducción de aranceles traerá el anhelado crecimiento con estabilidad; la aplicación de los principios del liberalismo económico no solo al comercio, sino también a otros mercados de factores (capital y trabajo) y la profundización de las relaciones centro-periferia.
A través del referido informe, el Banco Mundial también se empeña en señalar la importancia de los factores geográficos en la integración. Para fundamentarlo, los autores emplean un modelo económico denominado como “modelo gravitacional”, a partir del cual tratan de explicarse las relaciones comerciales en función del tamaño del PIB y la distancia entre los países.
En su esencia, el uso de un modelo de este tipo constituye un remiendo de la teoría neoclásica, altamente ineficaz a la hora de considerar las variables de espacio o distancia dentro de su cuerpo teórico. Pero más allá de la discusión en torno a los supuestos sobre los cuales se construyen esos modelos (omisión de factores estructurales, desconocimiento de las trayectorias históricas, no atención de variables políticas, etc.), este termina convertido en una poderosa justificación para concluir que las economías latinoamericanas y caribeñas deben “gravitar” en torno a la órbita de los Estados Unidos.
Por su parte, la retórica que emplea el BID en su informe es más integral y sutil. Aunque de forma similar al otro texto emplea herramientas econométricas como el modelo gravitacional, no duda en hacer referencia a temas como los antecedentes históricos de la integración latinoamericana o los efectos de esta sobre la desigualdad. En ese sentido, algunas de las ideas que allí expone el BID, por momentos parece que brindan una alternativa a los criterios del Banco Mundial, lo cual sería creíble y posible siempre y cuando se pase por alto el detalle de que el principal accionista de ambos es el gobierno de los Estados Unidos.
Desde la perspectiva del BID, se busca promover una plataforma de libre comercio a nivel regional que tenga como punto de partida los Acuerdos de Comercio Preferencial (ACP) vigentes en la región. En términos prácticos, esto implicaría la consolidación de un espacio dinámico que amplíe las escalas requeridas para la acumulación del capital, el cual en su forma de capital comercial tendría las mayores libertades dentro del ámbito latinoamericano y caribeño.
Frente a esto, se hace evidente que América Latina no necesita una integración de corte neoliberal, garante del pillaje a escala continental por parte de las empresas transnacionales, sino que por el contrario requiere de una integración que permita impulsar el desarrollo económico y el bienestar de sus habitantes. Por ello, más allá de la propuesta reduccionista del Banco Mundial o del BID, la integración puede desempeñar un amplio conjunto de funciones en el desarrollo de la región. Sin pretender enumerarlas todas, es posible al menos señalar que esta puede llegar a ser:
- Un instrumento en favor del desarrollo productivo, que permita consolidar complementariedades económicas y favorezca el cambio estructural.
- Un pivote para el desarrollo tecnológico, que aproveche la complementariedad entre los países del área.
- Un soporte amplio que permita coordinar las políticas públicas nacionales y complementar las estrategias de lucha contra la pobreza, disminución de la desigualdad, enfrentamiento al cambio climático, freno a la fuga de capitales, lucha contra la corrupción y el delito económico transnacional, entre otros grandes problemas,
- Un marco para la construcción de espacios donde se fomenten alternativas a la lógica de la acumulación del capital, sustentadas en formas de propiedad cada vez más sociales (cooperativismo, economía social y solidaria, entre otras opciones).
- Una herramienta que ayude a conformar un interlocutor colectivo para la negociación frente a las grandes potencias globales, por ejemplo, en foros como la OMC.
Ello no quiere decir que la región renuncie a la posibilidad de entablar negociaciones comerciales con uno o varios países centrales, como Estados Unidos o la Unión Europea, solo que en cada caso se debe considerar las características particulares de Latinoamérica y su condición de región más atrasada. En un proceso de integración con niveles de desarrollo tan dispares, no puede dejar de explicitar su impacto en las políticas públicas, y asumir temas tales como la protección a las industrias estratégicas de los países de la periferia, o los compromisos de cooperación que establecen los países más desarrollados, entre otras propuestas indispensables para que las relaciones sean mutuamente ventajosas.
Pero mientras la integración se conciba como un instrumento de apuntalamiento del poderoso contra el débil, como mecanismo para el fortalecimiento de las relaciones de dependencia, o sencillamente para garantizar los intereses de las oligarquías, se impone la necesidad de resistir, y continuar proponiendo “otra” integración.
De ahí que, frente a las actuales propuestas neoliberales formuladas por el Banco Mundial y el BID, sea necesario que las fuerzas progresistas del continente consideren una estrategia coherente de respuesta. En principio, esta pudiera contener al menos cuatro grandes ámbitos de acción:
1. Defensa de los avances integracionistas que se obtuvieron en los últimos años.
2. Enfrentamiento a la ofensiva de Washington sustentada en negociaciones de TLC con carácter bilateral, o de “renegociación” de los acuerdos vigentes.
3. Freno a las propuestas sustentadas en una integración económica de corte neoliberal, que sentaría bases institucionales muy difíciles de cambiar en el futuro.
4. Sostenimiento de una agenda propositiva de avanzada, que permita continuar concibiendo a la integración como uno de los pilares del desarrollo a nivel regional.
No obstante, para avanzar en esta se requiere la coordinación y cooperación de todos los actores y niveles involucrados. Al respecto, ha habido exitosas experiencias en materia de concertación, como los “Encuentros Continentales de Lucha contra el ALCA”, realizados en La Habana, cuyo saldo favorable se percibió en la derrota de ese proyecto imperial en Mar del Plata.




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* Andres Alpizar
Centro de Investigaciones de la Economía Mundial - CIEM. La Habana, Cuba