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Resumen de ponencia
Contribuciones para una pedagogía de la convivencia: emociones, empatía y diversidad como pilares del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Fundación Semilla - FS (Chile)

*Nicolás Nieto
*Pablo Robledo
*Romina Espinosa



La presente ponencia discute los primeros resultados de la aplicación de WAYNA, una herramienta lúdico-pedagógica elaborada por Fundación Semilla que busca apoyar a las comunidades educativas en su tarea de fortalecer la convivencia escolar. Esta herramienta condensa diez años de trabajo con juventudes orientado a la formación de liderazgos participativos y la promoción de la convivencia escolar. Constituyendo además un dispositivo investigativo pues permite evidenciar la ocurrencia de fenómenos y situaciones de violencia que atentan contra la convivencia dentro del espacio escolar.
De acuerdo con la bibliografía especializada un buen clima de convivencia escolar constituye un requisito indispensable para que la institución educacional pueda cumplir satisfactoriamente con sus objetivos de socialización y formación tanto académica como ciudadana. De ahí que su consecución deba ser una preocupación del conjunto de la comunidad educativa y que deba concebirse como un elemento central del proceso de enseñanza-aprendizaje. La convivencia escolar afecta positivamente en la comunidad educativa así como en sus resultados académicos (Sandoval, 2014).
Por otro lado, las relaciones entre mundos juveniles y mundos adultos en la escuela estarían atravesadas por un conflicto generacional derivado de la vigencia en nuestra sociedad de una matriz adultocéntrica que condiciona las relaciones entre los grupos de edad, lo cual redunda en que el mundo adulto aparece como ejemplo unívoco de lo que las juventudes deben ser, siendo los profesores un ejemplo paradigmático de ello (Duarte, 2002). Es necesario considerar el sistema de relaciones sociales existente entre “lo adulto” y “lo juvenil” pues establece una asimetría de poder social que hace emerger discursos y sustenta prácticas que marginan o subordinan aquello identificado con lo juvenil (Duarte, 2001). Lo anterior conlleva que los/as profesores/as se enfrenten a un/a sujeto/a que les aparece dividido/a entre: su condición de joven, expresada en sus adscripciones culturales y configuraciones identitarias; y su rol de estudiante, materializado en las exigencias y en las expectativas asignadas al mismo por parte de la escuela. En este sentido una educación que no conciba al sujeto juvenil de forma compleja y multidimensional no podrá realizar una incidencia positiva (Oyarzun, 2000).
A esto se añade que las relaciones entre jóvenes y adultos/as tienden a estar permeadas por las imágenes estereotipadas que mantienen unos/as respecto de otros/as, que en el caso de la escuela se ven reforzadas por los estereotipos que se asocian a cada grupo dependiendo del rol institucional que desempeñan en su interior. Por tanto se requiere realizar un ejercicio crítico de cuestionamiento y deconstrucción de dichos estereotipos con miras a entablar relaciones sustentadas en el respeto mutuo, la confianza y la valoración de la diversidad. Para ello deben desplegarse intervenciones socioeducativas orientadas a provocar un encuentro intergeneracional (Duarte, 2002), teniendo como premisa de base las potencialidades que alberga la escuela como lugar de encuentro.
Con este marco conceptual y producto de más de diez años de trabajo con Jóvenes, Fundación Semilla ha creado la herramienta lúdico-pedagógica WAYNA basándose en tres pilares de desarrollo que potencian la convivencia educativa: alfabetización emocional, empatía y diversidad. La creación de esta herramienta pretende contribuir a enfrentar una serie de nudos críticos que afrontan los espacios escolares en su tarea de gestionar pedagógicamente la convivencia:
a) Por un lado, la construcción social de los géneros, dado que las violencias en la escuela están marcadas por la vigencia del sistema patriarcal heterenormado, lo cual se expresa a modo de ejemplo en la feminización de los insultos, la reproducción de estereotipos de género, el uso diferenciado de los espacios escolares según género, la permanencia de prácticas discriminatorias hacia quienes adscriben a identidades de género disidentes, etc. Esta herramienta lúdico-pedagógica permite integrar un enfoque de genero en el abordaje de la convivencia, visibilizando y problematizando dichas construcciones, permitiendo evidenciar que responden a procesos históricos, culturales y de socialización más que a fenómenos meramente “biológicos” o “naturales”; pudiendo por ende ser transformadas con miras a establecer relaciones que permitan una mayor igualdad entre los diferentes géneros.
b) Por otro lado, el escaso conocimiento y manejo de las emociones que ostentan adultos/as y jóvenes, así como las escuetas habilidades de empatía y aceptación de la diversidad; realidad que tiende a convertirse en una fuente recurrente de conflictos debido a las dificultades con que se enfrentan ya sea al momento de expresar su malestar o disconformidad ante alguna situación determinada, a la hora de afrontar un conflicto o intentar resolver un problema, o bien al tratar de adecuarse a nuevos contextos culturales, etc. Lo cual conlleva que con frecuencia recurran a modos de expresión violentos o utilicen prácticas violentas como estrategias de socialización o resolución de conflictos dentro de la institución educativa, reproduciendo y normalizando los malos tratos como formas válidas de relación social, con lo cual se vuelven prácticas extremadamente difíciles de erradicar dado que tienden a ser concebidas implícita o explícitamente como la “única” forma posible de interactuar socialmente. En este sentido, la herramienta lúdico-pedagógica en cuestión facilita que las comunidades educativas incorporen en su intervención socioeducativa la emocionalidad, la afectividad y la corporalidad como dimensiones que permiten comprender a quienes participan de ella desde una perspectiva compleja y holística; evitando así reducirles a su mera condición de seres pensantes o cognoscentes.
Ahora bien, la implementación práctica de la herramienta lúdico-pedagógica WAYNA ha ido acompañada de un proceso de investigación social que mediante la utilización de metodologías mixtas ha permitido identificar aspectos claves para trabajar la convivencia escolar, como los recién señalados, y además evidenciar las formas que adquiere la violencia en tanto negación de la convivencia dentro de los contextos educativos. Entre estas manifestaciones de violencia, concebidas como la expresión de violencias sociales, esto es como el resultado particular de un contexto sociohistórico determinado, es posible señalar las siguientes:
i) La realización de violencias como estrategia en la lucha por el reconocimiento implicada en el proceso de construcción de identidad. Violencias que tienden a ser una reacción social por parte de los y las jóvenes frente al discurso estigmatizador que se despliega desde los mundos adultos, dirigido especialmente hacia quienes pertenecen a sectores populares y/o adscriben a contra-culturas juveniles.
ii) La ejecución de violencias como estrategia en la construcción de la identidad de género, imágenes que convertidas en aspiraciones identitarias pueden detonar entre los y las jóvenes formas violentas de relación social, tanto con otros y otras como consigo mismos.
iii) El ejercicio de violencias como respuesta ante la incapacidad de aceptar la diversidad, lo cual corresponde a procesos de configuración de identidades colectivas en que los y las jóvenes tienden a valorar las semejanzas hacia dentro de sus grupos y exaltar las diferencias hacia fuera de los mismos. Esto puede llevar a que las diferencias generen desconfianza y sospechas que terminen en violencias, especialmente cuando los otros son concebidos como una amenaza a la existencia misma del grupo.
Referencias Bibliográficas
Duarte, Claudio. (2002). Mundos jóvenes, mundos adultos: lo generacional y la reconstrucción de los puentes rotos en el liceo. Revista Última Década, N° 16. Valparaíso: CIDPA. Pág. 103.
Duarte, Claudio. (2001) ¿Juventud o juventudes? Versiones, trampas, pistas y ejes para acercarnos progresivamente a los mundos juveniles. En: Duarte, C. y Zambrano, D. (Eds.). Acerca de Jóvenes, Contraculturas y Sociedad Adultocéntrica. San José de Costa Rica: Departamento Ecuménico de Investigaciones. Págs.: 28-30.
Oyarzún, Astrid. (2000). La cultura juvenil se ha hecho secundaria, pero aún es una allegada… Revista Última Década, N° 12. Valparaíso: CIDPA. Pág. 38.
Sandoval, Mario. (2014). Convivencia y clima escolar: claves de la gestión del conocimiento. Revista Última Década, N° 41. Valparaíso: CIDPA. Pág. 161.





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* Nieto
Fundación Semilla FS. Santiago, Chile

* Robledo
Fundación Semilla FS. Santiago, Chile

* Espinosa
Fundacion Semilla - FS. Santiago, Chile