Esta ponencia se centra en la relación entre juventud y trabajo en un contexto rural-urbano que experimenta ciertas transformaciones en base a la conjugación de procesos históricos y los efectos producidos por la imposición del modelo neoliberal. El territorio seleccionado es el pueblo de San Miguel Topilejo ubicado en el margen sur de la Ciudad de México, donde las comunidades rurales tradicionales esperan y resisten a ser engullidas por la expansión urbana modernizadora. Así, se conforma en un escenario donde conviven distintos tipos de trabajos: formales, informales, ilegales, rurales, entre otras diversas maneras que los jóvenes inventan para poder sobrevivir.
A lo largo de cinco meses de trabajo de campo -septiembre a diciembre del 2016- donde se realizaron 30 entrevistas y observación participante, se registraron diferentes actividades laborales realizadas por jóvenes buscando comprender cómo se constituyen las experiencias laborales juveniles. Luego de un extenso período de análisis de datos y escritura se presentan algunos resultados de la investigación
Si partimos del postulado que las relaciones económicas siempre han estado reguladas, es decir, la fuerza de trabajo nunca ha sido una mercancía libre de vínculos culturales y sociales, se vuelve necesario preguntar por las múltiples regulaciones que rigen tales relaciones. Estas últimas pueden estar atravesadas indistinta y simultáneamente por reglas culturales o familiares, por la regulación (y des-regulación) del Estado, por leyes comunitarias o las del mercado. De esta forma, la legalidad, como los ordenamientos establecidos que son fuente de legitimidad en términos weberianos, es una situación eminentemente contextual y dinámica y más específicamente es relativa a los múltiples marcos regulatorios entrelazados y asumidos por los sujetos involucrados. Por lo que haremos referencia a estas normatividades, valores, principios por los cuales los jóvenes se rigen para poder, dentro de sus contextos y posibilidades económicas, suplir sus necesidades contextuales e históricas.
En este territorio las trayectorias laborales de los jóvenes se caracterizan por ser inestables y por una sucesión de experiencias precarias y heterogéneas. Estando “totalmente” incluidos en los valores que impone la sociedad en la cual crecen, los jóvenes buscan, inventan, imaginan las posibilidades de conseguir recursos que, frente al contexto adverso de pobreza y marginación, les permitan acceder a ciertos bienes para “sentirse parte”, como expresa Reguillo. Estas alternativas económicas, amparadas en diferentes legalidades, coadyuvan para forjar las ideas económicas que dan el sustento simbólico y subjetivo a las prácticas cotidianas. Naturalizado el devenir de sus trayectorias laborales, la contraparte es la implementación de diferentes principios de legalidad para poder generar mayores ingresos y realizar otras actividades a su conveniencia. En este sentido, se describen, por un lado, algunos de los trabajos que realizan los jóvenes y qué principio de legalidad utilizan en cada caso para cumplir, transgredir u omitir las normatividades impuestas. Por otro lado, expondremos el doble rol socializador que posee el trabajo ya que se conforma como un ámbito de socialización que moldea a los individuos al imponer hábitos, rutinas, valores. Y, además, porque los otros agentes socializadores (escuela, familia, mercado, grupo de pares) influyen en las prácticas laborales juveniles. Así los distintos procesos laborales que están regulados con diferentes normatividades (estatales, comunitarias, familiares, informales, ilegales) repercuten en los sujetos no sólo en las decisiones y prácticas cotidianas sino también van forjando su subjetividad. La juventud interioriza estos principios de legalidad que se constituyen como posibilitadores de ciertas prácticas al legalizarlas, y cuando son implementados en un ámbito diferente al que los crea, pueden ser utilizados para justificar o permitir las (i)legalidades consumadas.
Esta ponencia consta de tres apartados ordenados según un esquema de clasificación arbitrario de las relaciones laborales que los jóvenes entablan; en cada uno se vislumbran diferentes relaciones entre los marcos regulatorios. En el primero hemos agrupado todos los trabajos donde la ley laboral generada y modificada por el Estado (Ley Federal del Trabajo) es el parámetro que delinea y determina las (i)legalidades. Es decir que son trabajos que podríamos denominar, dentro de la configuración de tipos ideales, como “formales”; entendiendo que, alrededor de éstos, también surgen y se reproducen múltiples (i)legalidades que serán aceptadas, omitidas y/o permitidas. El segundo apartado abarca la heterogeneidad de formas de trabajar existentes dentro de la llamada “economía informal” (Portes y Castells, 1989), como actividades que en otros contextos se encuentran regulados por la ley del Estado, pero no lo están. Se describen así diferentes modalidades de trabajo que se rigen por múltiples (i)legalismos que serán trasgredidos o aceptados por los jóvenes y que, luego, los principios de legalidad allí interiorizados son transportados y utilizados en otros procesos laborales. En el tercer apartado, nos focalizamos en las prácticas económicas o picardías que los jóvenes implementan, inventan o reproducen para poder sobrevivir y suplir sus necesidades, las cuales están sustentadas por los múltiples principios de legalidad que se forjan en el complejo entramado de legalismos en el que han crecido y vivido.