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Resumen de ponencia
Entre la organización y la crítica interculturales. La construcción política tras el emergente movimiento social de migrantes (2006-2017).

*Bruno Rojas



Nuestra américa vive en su conjunto un crecimiento de los flujos migratorios intrarregionales. Si en el norte global han comenzado a imperar políticas de control y seguridad frente a las trabajadoras y trabajadores migratorios y sus hijos, la emergencia en algunos países de la región de mercados laborales más dinámicos, basados en procesos de integración económica y política, han derivado en un cambio regional del patrón migratorio. La clave de éste consiste en la ampliación de los territorios involucrados en los intercambios de población, pasando de migraciones vecinales hasta intercambios entre subregiones. Emergen nuevos flujos y se consolidan otros, se articulan nuevas redes de apoyo e integración, mientras los proyectos migratorios se diversifican y recorren diversos derroteros. En ese sentido, se dan procesos en que la integración de las comunidades basa su historicidad y alcance en los marcos que se establecen localmente para su recepción sociocultural, su regulación política y los intereses económicos que ordenan su inserción laboral. Desde fines de los noventas, Chile destaca en este contexto por convertirse en un creciente destino de estos flujos, mientras su añeja legislación migratoria se conserva desde los tiempos de la dictadura y rige, con los criterios de la ensangrentada doctrina de seguridad nacional, su arribo.
En efecto, los diferentes pactos gobernantes hasta la fecha no han implementado una política migratoria sistemática que rija los procesos de inclusión social para los extranjeros pese a haber firmado una serie de acuerdos administrativos y tratados internacionales que así lo estipulan. La existencia de un Estado negligente en esta materia y la reciente llegada al Gobierno de una derecha política que legisla mediante decretos medidas de inmigración selectiva (articuladas a discursos de criminalización hacia los migrantes pobres), lejos de un fenómeno circunscrito a la institucionalidad o a políticas derivadas de cálculos macroeconómicos coyunturales, son expresiones de procesos de exclusión y subordinación estructural de largo aliento, que han imbricado históricamente las categorías de raza, clase y sexo para estratificar y jerarquizar a la sociedad internamente y a los pueblos que en ella habitan. Los grupos dominantes alimentan la reproducción y el perfilamiento de jerarquías étnicas y sociales al interior de la población en función de sus intereses y la correlación de fuerzas internas en la que operan, dando pie a una estratificación social, étnica e ideológica, marcada por la continuidad en la actualidad del vínculo colonial: a modo de «colonialismo interno» (González Casanova). La máscara del multiculturalismo oficial que las elites adoptan como estrategia de travestismo para encubrir esta estructura de poder, con diferentes esquemas de cooptación y neutralización de las contradicciones que esto implica, reproducen una inclusión condicionada de una parte de la sociedad civil, y producen una “ciudadanía recortada y de segunda clase, que moldea imaginarios e identidades subalternizadas al papel de ornamentos o masas anónimas que teatralizan su propia identidad” (Rivera Cusicanqui).
Más allá de los abusos laborales, inhumanas jornadas de trabajo y la sujeción a las arbitrariedades patronales, la vida de estas comunidades se ven limitadas por la falta de acceso a viviendas dignas y el hacinamiento habitacional, la violencia xenófoba, la violencia sexual, la marginación del sistema educativo y la precarización en el acceso a los ya desbaratados servicios sociales básicos locales: siendo subsumidas al encadenamiento de exclusiones y negaciones que, reproducidas institucionalmente, local y centralmente, mediática y cotidianamente, relegan a la población migrante latinoamericana (especialmente a haitianos, dominicanos, bolivianos y peruanos) al ámbito de lo económico y su “reproducción simple”. Sujetos al mundo del trabajo neoliberal y la producción de plusvalor, son excluidos como un “otro” externo de la dinámica cultural y la vida pública de los chilenos, en un “reparto de lo sensible” que los deja a trasmuros de los términos estructurados históricamente de la política y sus posibilidades de acción.
De frente a una racializada exclusión sociopolítica, modulada en sus términos histórico-concretos en la «transición elitaria» a la democracia, diferentes comunidades migrantes han comenzado procesos de organización y politización que han cuestionado muchos de los términos de ese “cierre social” así como han visibilizado las formas en que se violan sus derechos humanos y las exclusiones que afectan a sus comunidades. Surgidas a fines de los noventas y dinamizados por una serie de liderazgos que, no faltos de experiencia política anterior, se empaparon de las luchas sociales que acompañaron los ciclos de movilización popular y estudiantil del 2006 y el 2011. A partir de estos aprendizajes y la propia experiencia de su camino propio, las organizaciones migrantes y promigrantes han comenzado a desarrollar redes de sociabilidad y de apoyo mutuo entre comunidades, levantado orgánicas territoriales, operando mecanismos comunitarios de integración social, civil y cultural para con sus distintas comunidades, y más recientemente han comenzado procesos de construcción identitaria sociocultural en tanto migrantes, a fin de unificar, trascender e integrar a las diferentes nacionalidades que los componen, y poder representar su lucha y sus derechos. Luego del 2011, tal acumulación de fuerzas comienza un proceso de construcción de orgánicas que se proyectan a nivel nacional como el Movimiento de Acción Migrante y la Coordinadora Nacional de Inmigrantes en Chile. Con su articulación política y la construcción de algunas alianzas sociales con otros actores (centrales sindicales, organizaciones de pobladores y partidos políticos de izquierda), la fuerza social migrante ha articulado e instalado en el espacio público discursos en defensa de los derechos humanos y la dignidad de migrantes y chilenos, construyendo espacios de encuentro intercultural práctico y democrático en la sociedad civil, desde los cuales ha apuntalado al racismo y la xenofobia como problemas estructurales de la sociedad, proponiendo política pública en materia de migraciones, educación y discriminación.
A partir de esta constatación histórica y mi trabajo de investigación militante con organizaciones de migrantes, en esta ponencia quisiera tematizar las dinámicas de construcción política que han llevado a cabo los liderazgos y organizaciones migrantes en la última década, con el objetivo de compartir los emergentes proyectos políticos y culturales que se están perfilando en su historicidad.
Metodológicamente, la investigación tras esta ponencia fue una investigación cualitativa y transdisciplinar, realizada a través de una serie de análisis sociohistóricos de distintos materiales y registros. Además de la pesquisa en la prensa en que los liderazgos de estas organizaciones habían instalado sus discursos (Revista SUR, Diario Uchile, Palabra Pública, El Mostrador, El Desconcierto, La Tercera, Emol, El Mercurio, La Estaca, CIPER, etc.), también he recopilado y analizado ciertos documentos colectivos de las mismas organizaciones (Coordinadora Nacional de Migrantes, Warmipura, Comunidad Haitiana en Chile, Movimiento de Acción Migrante, Colectivo Sin Fronteras, INDH, Munem, Plataforma de Organizaciones Haitianas en Chile). Pude revisar también una serie de videos y materiales audiovisuales relacionados a entrevistas, foros, charlas y documentales en donde se tematizan las migraciones, la política migratoria y el racismo local, y en donde muchos de estas actoras y actores han intervenido. Sin embargo, el registro quizá más rico con el que he trabajado son las anotaciones procedentes de mi militancia en el Movimiento de Pobladoras/es Vivienda Digna, plataforma en la que estamos organizados y luchando por la vivienda digna sin importar color ni nacionalidad, en un proceso en el que nos hemos vinculado a diversas organizaciones migrantes a nivel nacional. Esta participación me permitió la realización de una serie de entrevistas en profundidad a algunos de los liderazgos claves del movimiento, cuyos resultados me permitieron una interpretación más humanizada e interna de sus proyectos políticos y sus formas de construcción orgánica.
Tres son las claves analíticas que quisiera presentar de este trabajo investigativo. En primer lugar, caracterizaré las etapas y periodos históricos que he definido a partir de la relación entre la fisonomía social de la inmigración latinoamericana en Chile y las formas de organización, repertorios de acción y objetivos propuestos que exhibe su desarrollo. Relevando en especial las acciones y funciones que los liderazgos e intelectuales orgánicos migrantes han cumplido tanto al interior del movimiento y sus organizaciones como en la disputa política en el espacio público a la que han dado dirección. En segundo lugar, pretendo exponer de forma particularizada las posiciones y tensiones políticas que se han ido perfilando al interior movimiento respecto a temas claves como: la integración y sus límites, su diagnóstico del panorama político local, las formas de construcción política y orgánica, su identidad sociocultural y de clase, las diferentes proyecciones en el espacio nacional y/o local, y en especial, la conceptualización que del racismo estos intelectuales y dirigentes han comenzado a posicionar y tensionar. Para concluir, me gustaría compartir mis reflexiones políticas respecto a la trascendencia y necesidad que se expresa tras estos espacios de interculturalidad práctica y deliberación democrática, en función de relevar y proyectar una serie de prácticas prefigurativas y construcciones de sentido que a la vez son necesarias de considerar en una visión estratégica de parte de organizaciones e idearios políticos que se definan y operen políticamente como antirracistas y anticapitalistas.




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* Rojas
Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos. Universidad de Chile - CECLA/UCHILE. Ñuñoa, Santiago, Chile