¿Quién están en nuestras memorias como referencia de otro mundo posible, rescatado desde otra historia? ¿Por qué celebramos tan pocas heroínas, y menos aún, oriundas del Sur? A pesar de que las mujeres del Sur global luchan por sus derechos, siguen siendo estigmatizadas y olvidadas.
Los silencios y las mentiras de la historia nos dicen tanto como las verdades. Abrir la historia es siempre un desafío democrático: dejar que todas y todos los que integran una determinada comunidad, se sienten parte de ella, porque su historia también es conocida.
La explotación económica capitalista y colonial no es comprensible sin la emergencia del otro como sujeto racializado, subhumano; la negación total de la humanidad de los sujetos que habitaban el Sur apunta una barrera ontológica de reconocimiento de la historia que se vivió allá de esa línea. La historia de este lado es contada primordialmente a partir de lo que los europeos consideran ser la historia del otro lado; es decir, es una historia parcial, repleta de medias verdades y silenciamientos.
Si nos centramos sólo en la fractura producida por la diferencia colonial, resulta difícil identificar otras fracturas, igualmente perversas. Es ejemplo de esta alianza perversa el pacto singular entre la tradición política y filosófica eurocéntrica, donde las mujeres han sido representadas como subalternas, y las estructuras políticas heteropatriarcales en los espacios coloniales. Esta doble articulación de formas de poder creará, al otro lado de la línea, en el espacio colonial, una doble subalternización -la mujer colonizada, vista unidimensionalmente, por la mirada colonial, como un cuerpo despojado de saberes, incapaz de luchar. La consecuencia inmediata de esta doble opresión fue la tentativa de exclusión de las mujeres de la esfera pública colonial; fue la transformación de la mujer colonizada en una ‘niña grande’. Otro de los problemas resulta de una tentativa de lectura internacional del Sur global bajos un modelo universalizado como único. Como muchos estudios vienen demostrando, coexisten varias formas de comprender el Sur global bajos los enfoques particulares del Sur, apostando en un dialogo intercultural sobre temas y problemas comunes, como forma de democratizar la historia e descolonizar el saber.
¿Quiénes están en nuestras memorias como referencia de otro mundo posible, rescatado desde otra historia? ¿Por qué celebramos tan pocas heroínas, y menos aún, oriundas del Sur? A pesar de que las mujeres del Sur global luchan por sus derechos, siguen siendo estigmatizadas y olvidadas.
Los silencios y las mentiras de la historia nos dicen tanto como las verdades. Abrir la historia es siempre un desafío democrático: dejar que todas y todos los que integran una determinada comunidad, se sienten parte de ella, porque su historia también es conocida.
La explotación económica capitalista y colonial no es comprensible sin la emergencia del otro como sujeto racializado, subhumano; la negación total de la humanidad de los sujetos que habitaban el Sur apunta una barrera ontológica de reconocimiento de la historia que se vivió allá de esa línea. La historia de este lado es contada primordialmente a partir de lo que los europeos consideran es la historia del otro lado; es decir, es una historia parcial, repleta de medias verdades y silenciamientos.
Si nos centramos sólo en la fractura producida por la diferencia colonial, resulta difícil identificar otras fracturas, igualmente perversas. Es ejemplo de esta alianza perversa el pacto singular entre la tradición política y filosófica eurocéntrica, donde las mujeres han sido representadas como subalternas, y las estructuras políticas heteropatriarcales en los espacios coloniales. Esta doble articulación de formas de poder creará, al otro lado de la línea, en el espacio colonial, una doble subalternización -la mujer colonizada, vista unidimensionalmente, por la mirada colonial, como un cuerpo despojado de saberes, incapaz de luchar. La consecuencia inmediata de esta doble opresión fue la tentativa de exclusión de las mujeres de la esfera pública colonial; fue la transformación de la mujer colonizada en una ‘niña grande’. Otro de los problemas resulta de una tentativa de lectura internacional del Sur global bajos un modelo universalizado como único. Como muchos estudios vienen demostrando, coexisten varias formas de comprender el Sur global bajos los enfoques particulares del Sur, apostando en un dialogo intercultural sobre temas y problemas comunes, como forma de democratizar la historia e descolonizar el saber.