Las mujeres del Sur son narradoras de sus propias vidas. A
pesar de ser (re)escritas por otras mujeres, a menudo bajo lo
que llamo “retóricas salvacionistas” (Bidaseca, 2010) y narrativas
orientalizadas por Occidente que eliminan todo rastro de con-
temporaneidad, no deja(rá)n de contarse mutuamente historias.
Suele haber mucha más riqueza en las conversaciones con las
mujeres que ya que una parte de esa riqueza se pierde inevitable-
mente, por más sensibles que ellas se muestren.
Como animales al acecho, los encuentros coloniales están vi-
vos ahora. La colonización y la descolonización, la colonialidad y
la descolonialidad se han vuelto conceptos y banderas de luchas
que erigen los movimientos sociales contemporáneos para en-
frentar las políticas conservadoras y neoliberales, raciales, sexistas
y capitalistas. Así pues, en el nuevo orden geopolítico, construir
un lugar en que las memorias de las mujeres afrocubanas, pales-
tinas, iraníes, indígenas, africanas, asiáticas y tantas otras narren
sus historias es vital para la superación de prácticas “metodoló-
gicas extractivistas” en la producción de conocimiento (tomando
la expresión de Boaventura de Sousa Santos). Como alcanzar lo
que llamo una “justicia cognitiva”, que puede lograrse a partir
de una puesta en suspensión de las metodologías hegemónicas
convencionales.
La piel muta. Para transformarse y res(ex)istir, la piel de la na-
rrativa descolonial es inexorablemente estética, erótica y espiritual.
“Hay muchos tipos de poder, usados y no utilizados, reconocidos
o no. Lo erótico es un recurso dentro de cada uno de nosotros
que se encuentra en un plano profundamente femenino y espiri-
tual, rmemente enraizado en el poder de nuestro sentimiento no
expresado o no reconocido. Para perpetuarse, toda opresión debe
corromper o distorsionar esas diversas fuentes de poder dentro
de la cultura de los oprimidos que pueden proporcionar energía
para el cambio. Para las mujeres, esto ha signicado una supre-
sión de lo erótico como una fuente considerada de poder
La revolución será feminista o no seráen nuestras vidas”, nos deja como legado Audre Lorde en
( Texto “Uso de lo erótico: lo erótico como poder”, que es parte
de su libro Sister Outsider (1984).
Abordaré las prácticas de tres mujeres artistas nómades en tres
escenas específicas: la Guerra Fría, el Post 9/11 y el escenario ac-
tual de lxs migrantes y refugiadxs en un nuevo orden global. In-
terpretaré de qué modo las tres artistas feministas exiliadas –que
producen su obra desde el Sur– escribieron en sus cuerpos los
procesos de ocupación/colonización/descolonización acudiendo
a una re-semantización de los signos contemporáneos de la agen-
cia femenina.
En este lugar omitido y borrado que hoy emerge como un
necesario espacio de escucha, mi tesis es que la “nueva razón
imperial” escribe el guión de los “fundamentalismos coloniales
globales” (culturales, religiosos, políticos, económicos y episté-
micos) en los cuerpos racializados de las mujeres del Sur global.
En tanto, la Historia que se conoce, la historia ocial, siempre es
obra del colonizador. Él ha desacreditado el trabajo de alumbra-
miento de las memorias orales en favor de los archivos escritos del
Estado, ante la apatía del mundo. Y, en esa Historia, las mujeres
son representadas a través de lo que en mi libro ya citado llamo
una “retórica salvacionista” (Bidaseca, 2010) bajo una monoglo-
sia: la monoglosia del colonizador.
Me referiré a las esculturas-cuerpo-tierra de la cubana Ana
Mendieta (1948-1985) tituladas Siluetas (1973-1980), enmarca-
das en el escenario de la Guerra Fría; al arte visual de la iraní
Shirin Neshat (1957) en la serie Women of Allah (1993-1996), ubi-
cadas en el contexto post-9/11, marcado por la islamofobia; y a la
cineasta postcolonial vietnamita Trinh T. Minha-ha (1952) en su
lm Tale of love (1995), situado en la era del nomadismo planeta-
rio, las migraciones y los refugiados políticos.