En este trabajo se presentan parte de los resultados de mi investigación de doctorado en Antropología referida a las relaciones entre agua y poder en espacios agrarios. Específicamente aquí se hace foco en las trayectorias -históricamente consideradas- de la introducción y desarrollo del riego -sus lógicas técnicas, institucionales, saberes y subjetividades- en una de las principales regiones de regadío del Uruguay.
En ese marco se desarrolla una aproximación historiográfica en torno a la cuestión: ¿cómo se producen los paisajes de riego en la agricultura en Uruguay? Y más específicamente ¿Qué condiciones ambientales propiciaron el inicio y desarrollo del riego en Uruguay?¿Qué eventos y conflictos delinearon la trayectoria de los paisajes del riego del este uruguayo? ¿Quiénes y cómo han participado de la producción de este paisaje? Y ¿cuáles son los elementos centrales que definen estos espacios?
Adicionalmente, se explora la pertinencia del concepto paisajes de riego en particular a través de una mirada histórica que enfatiza el carácter ambiental de esta tecnología físico-social. Este carácter ambiental está dado, por el énfasis en la dimensión política del proceso de mutua constitución, que expresa no solo formas de organización ecológica sino relaciones de poder, conflicto, resistencia y construcción de hegemonías.
Se entienden los paisajes de riego, como una forma particular de paisaje de agua. Si bien la expresión, no pretende opacar la relevancia del agua en sus múltiples formas y flujos en los espacios socio-ecológicos que se abordan permite definir un foco de atención inicial en paisajes constituidos por el riego como práctica ambiental (tecnológica, ecológica y social) que se considera determinante.
Se presenta una reflexión historizada del desarrollo de la tecnología del riego, entendida como práctica socio-ambiental, en la región este del Uruguay y se exploran sus (dis) continuidades con el actual impulso del riego a escala nacional.
Las aguas y su enfoque: ¿por qué el riego?
Worster (1985) afirma que el estudio del riego en la historia es uno de los campos más útiles para darse cuenta de cómo las sociedades pueden ser dependientes no solo del agua, sino de las manipulaciones de sus flujos. Al mismo tiempo, argumenta, es uno de los campos más esclarecedores sobre la relación entre el control del agua y la organización social humana.
Las tecnologías de irrigación constituyen un tipo de control de aguas constante, penetrante y extremadamente exigente socialmente, que en su experiencia histórica ha llevado a la reorganización de comunidades, a nuevos patrones de interacción humana y a nuevas formas de disciplina y autoridad (Worster, idem).
Uruguay, aguas y riegos
En Uruguay el agua se constituyó en tema nacional a inicio de los años 2000 especialmente sus significados y gestión. Luego de una fuerte movilización social donde la Comisión Nacional para la Defensa del Agua y la Vida (CNDAV) fue un actor fundamental, se registró un hito en el año 2004 con la aprobación de una reforma constitucional del Artículo 47 mediante Plebiscito. Allí se declaró al agua como bien público y el acceso al agua potable y al saneamiento como un derecho humano que solo deben brindar las empresas públicas, mientras que la gestión de los recursos hídricos se realizará de acuerdo con las cuencas hidrográficas y de manera participativa (Santos, 2010; Taks, 2008).
En ese momento clave de la historia reciente uruguaya, el debate respecto al agua era marcadamente urbano y centrado en el Estado; siendo la producción de agua potable y su gestión dos temas principales.
Ese énfasis en el debate no habilitó un análisis crítico en torno a "otras" aguas hasta más recientemente cuando se comenzó a cuestionar la idea de la abundancia de agua -ampliamente extendida en el país-. Estos cuestionamientos se articulan fundamentalmente con la aparición de múltiples conflictos respecto al uso y control del agua frente a las demandas crecientes de algunos sectores económicos, la degradación y la correspondiente limitación de su uso para el consumo humano y la modificación de los estándares de calidad del agua aceptados por el Estado para el consumo humano. Entonces las nuevas dimensiones comenzaron a debatirse y cuestionarse, y el agua y su disponibilidad para uso agrícola se ha convertido en un tema importante, junto con los efectos de ciertas actividades productivas en aguas destinadas a otros usos (consumo, recreación, ecosistemas protegidos, etc.).
Por otra parte en este contexto, el riego se presenta como una respuesta tecnológica en expansión promovida a nivel estatal bajo la égida del discurso sobre el cambio y la variabilidad climática, debido a su capacidad para "reducir la incertidumbre" y como un medio para mejorar la rentabilidad de empresas agrícolas en un escenario de consolidación del llamado agronegocio. Como parte de este proceso encontramos la discusión de nuevos marcos regulatorios para la actividad que coloca el agua para el riego en el centro del debate nacional. Este debate incluye varias acciones de política pública y una reforma de la Ley de Riego a raíz de una iniciativa del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca; que ha encontrado fuerte resistencia en organizaciones sociales y grupos académicos.
En términos históricos, Uruguay como país estructurado en base a la producción ganadera y sus ciclos por una parte y con un sistema hídrico que permitió el desarrollo de importantes rubros agrícolas, por otra, no se ha caracterizado por un importante desarrollo del regadío de gran escala. Esta mirada cambia si se analizan espacios especializados en ciertas producciones, como arroz y caña de azúcar, los que no podrían desarrollarse en nuestro país en ausencia de sistemas de riego. En otros casos, existe un importante componente de la producción que se realiza con riego como es el caso de la producción vegetal intensiva (horti-frutícola). Haciendo estas salvedades, podemos afirmar que el riego en términos generales no ha sido hasta el momento una práctica predominante en la agricultura nacional, aunque sí tiene una historia considerable en regiones específicas.
A pesar de esto, en los últimos cuarenta años el proceso de crecimiento de las prácticas de riego comenzó a acelerarse, cuadruplicando la superficie bajo este sistema en base al crecimiento de rubros que utilizan riego a gran escala, como el arroz (Failde et al, 2013). Pero recientemente, además, se han sumado nuevos sectores como la agricultura tradicionalmente de secano, las pasturas (lechería y ganadería) y la forestación (DIEA,2014).
Hay aguas y aguas: algunos hallazgos
Debido a sus relaciones socio-ecológicas, espaciales e históricas predominantes puede analizarse el riego en Uruguay en tres configuraciones que en principio denominamos por su rubro productivo: 1) el riego horti-frutícola, 2) el riego integral en arroz y caña de azúcar y 3) el “nuevo” riego en agricultura, pasturas y forrajes.
Este trabajo explora el trayecto desde la constitución histórica de la región arrocera del este uruguayo y sus confluencias o no con el actual contexto del desarrollo del riego de carácter nacional ligado fuertemente al tercer tipo de riego.
Una vieja determinación moderna domina hoy el paisaje de agua de los arrozales del este uruguayo. La determinación de establecer un orden tecno-económico frente al impulso de dominar un ambiente adverso. Este esfuerzo de control de las aguas, tantas veces recreado en tiempos y espacios diversos, es una voluntad de poder que a pesar de su persistencia tiene un rumbo sinuoso e imbricado. Regar el arroz, no es “solo echar agua” son necesarias una serie de objetivaciones, instituciones, saberes y relaciones humanas y no-humanas para constituir el hoy natural paisaje del riego de esa región.
La discusión -y aprobación- de la nueva Ley de Riego, por su parte, materializa una “nueva” determinación: constituir al riego en una estrategia nacional para dominar y sacar el mayor provecho de un “ambiente adverso”. El riego hoy también se piensa en términos de necesidad, esta vez nacional.
Finalmente otro campo de emergentes de la investigación es la cuestión de cómo los paisajes de riego considerados, se constituyeron en torno a diferentes formas de experiencia humana (y no humana) con el agua: hay aguas que se sufren, que se disfrutan, hay aguas que se dominan, otras con las que se lucha y aguas que se gestionan y disputan.
Esto en términos metodológicos referidos el abordaje de paisajes de riego, supuso el desafío de situar esos territorios, habilitar la reflexión en escalas diversas y contemplar etnográficamente también ámbitos donde el agua no fue/es experimentada sensorialmente en un contexto de compromiso de percepción directa (Ingold), ya que existen innumerables ambientes donde el agua y el riego son centrales y que no se sitúan en los espacios físicos concretos donde éste se desarrolla (espacios institucionales, científicos, empresariales y otros). La pertinencia de considerarlos como integrantes del paisaje de riego, es una cuestión que aborda este trabajo.