¿Por qué una biblioteca étnica e interdisciplinaria de las ciencias sociales? Porque a lo largo de la historia de Colombia los investigadores, intelectuales y pensadores de la diáspora africana, han sido relegados a un segundo plano en las ciencias sociales. Pocas veces la reflexión, pensamiento e imaginación como acto creador del hombre afro e indígena, han sido aceptados por la intelectualidad académica. La fuente de esos estereotipos está en el pasado colonial-esclavista y en la visión del mundo que dicha ideología plasmó en la psique colectiva de la cultura académica de Colombia y de la “América Mestiza”. Por ello, autores clásicos de la diáspora colombiana siempre insistieron en des-colonizar y desalinear la psique y la historia. Nos referimos a Juan Zapata Olivella, Manuel Zapata Olivella, Aquiles Escalante, Natanael Díaz, Rogerio Velásquez, Diego Luis Córdoba y Sofonías Yacub.
Siempre el imaginario-colonial-dominante habló de la incapacidad de los afros e indígenas para la reflexión y el pensamiento abstracto, al decir de ellos, nuestra creatividad no iba más allá del esquema mitológico y de la expresividad musical-religiosa plasmada en la oralitud. Tanto afros como otros grupos étnicos deberían, entonces, exaltar sólo lo corporal y lo artístico religioso; pues Dios no nos había dado atributos para inmiscuirnos en la reflexión analítica de la ciencia, el conocimiento filosófico y los saberes elevados del espíritu humano. Mentiríamos si dijéramos que estos arquetipos e ideales nefastos ya desaparecieron. No, cuando el investigador afro e indígena escribe algo en cualquier campo, todavía debe luchar contra dichos estereotipos heredados para ser valorado en nuestra academia. Si es hecho por indígena es solo para indígenas, si es realizado por afros es sólo para afros; como si a la cultura colombiana, a su interculturalidad y su ciudadanía no le importase lo realizado por los otros sectores humanos que conforman la diversidad e interculturalidad de la “Nación mestiza” colombiana.
Sabemos que se ha jugado demasiado con la identidad cultural colombiana, somos colombianos cuando nos conviene, como si el mestizaje nos avergonzara. Siempre se vendió la idea de pureza en la sangre, la raza, el idioma o la cultura. Entre más despigmentada la piel mejor porque, según el Canon dominante, esa “raza” es mejor, más pura, más cercana a Dios y al ideal cristiano-colonial-europeo. Mejor dicho, ello era señal de “civilidad”, “humanidad”, “civilización” y “cultura”; entre más se semejara en el vestido, costumbre y tradiciones al ideal Europeo, más sería aceptado por la sociedad y la academia.
De esta negación de nuestra identidad plural, mestiza y diversa, los grupos afros e indígenas son los que más sufrieron el impacto sociocultural y psíquico; pues siempre nuestra historia se avergonzó de tener en su suelo identidario mujeres y hombres de cosmovisión distintos y diferente. Si dicha negación se dio en el ámbito de la raza, la religión y el idioma ¿cómo no iba a presentarse en el campo de la creación cultural? La finalidad de la Biblioteca Interdisciplinaria de las Ciencias Sociales Afrocolombianas, es resaltar las ideas y valores de los intelectuales, académicos, universitarios y ciudadanos afros que en el siglo XX y XXI, han difundido su pensamiento, identidad y memoria creativa en Colombia; reflejando los hechos políticos, sociales, económicos y culturales en los que hemos estado imbuidos a lo largo de este proceloso siglo. Con esta biblioteca étnica se ayudará a visualizar la creatividad de los investigadores afros, publicando y reeditando libros “clásicos” que no fueron conocidos o difundidos lo suficiente.
Ante la necesidad de tener referentes propios, auténticos de la “etnia” afro, que estimule a los jóvenes de hoy en las universidades y en la sociedad civil, esta biblioteca afrocolombiana nace para decirles: si podemos volver al pasado para emular héroes, intelectuales, pedagogos, mártires, escritos y pensadores. Porque si los hemos tenido y los tenemos más allá del paradigma corporal, artístico, musical y religioso. Motivo de dignidad profesional, de orgullo académico, lucidez ética, estética y de postura moral-política para la reescritura y valoración de nuestra historia; llenado de contenido afro y colorido a las ciencias sociales.
Tendríamos una nueva historiografía afro marcada por la epopeya y gestas por la libertad de los cimarrones y movimientos de liberación nacional, venerando su heroísmo y exaltando su proyecto libertario con sus imágenes en las escuelas, colegios y universidades. Hay que cambiar las fechas, la periodización, el nombre de los héroes, las celebraciones, los días de fiestas nacionales por la de otros símbolos y referentes invisibilizados (no basta el 21 de mayo ni el 12 de octubre). Hay que instituir una nueva antropología, una “antropología-otra”, con elementos histórico-sociales devenidos de las concepciones afro de la vida y del mundo. Para que los estudios universitarios entiendan en su singularidad y especificidad la esencia del ser afro, entendiéndolo como un ente bello, creador, artístico, poético y mitológico. También hay que reinventar la literatura en una “literatura-otra”, donde los personajes, espacios, tiempos y estilo literario utilizado por los narradores sean valorados y reconocidos como literatura. Hay que hacer un nuevo modelo de novela, cuento, drama y crónica; donde el protagonista afro se universalice, valore, dignifique y merezca el estudio juicioso de los críticos.
De igual manera, se debe plantear una ciencia política-otra, que incluya las gestas por la autonomía de los afros en el proceso de consolidación de la independencia, que nombre la importancia del proyecto político de los cimarrones en sus palenques por la libertad de América. Que se diga que hay un pensamiento social-afro que viene desde que el hombre se hizo hombre en África, que construyó un pensamiento libertario como resistencia a la esclavización y se hizo presente en los momentos de resistencia al colonialismo en África y el Caribe. Que se diga que siempre hubo un proyecto afro contra-hegemónico frente al régimen esclavista colonial, que se alzó victorioso en 1804 con los próceres de la independencia de Haití. Que se reivindique la existencia de un pensamiento político afrocaribeño guiado por la impronta ideológica de Frantz Fanon y Aimé Césaire, de un movimiento social por los derechos civiles y ciudadanos en los Estados Unidos, bajo la batuta de Garvey, Dubois, Luther King y Malcolm X. Que en África subsahariana una serie de intelectuales como Diop, Senghor, Cabral, Nyerere, Nkrumah y Kenyatta, pensaron el proyecto emancipador de ver los afros de todo el mundo unidos; así como lo pensó Marx desde la perspectiva de los trabajadores de todo el mundo.
Hay que decir, con orgullo, que en el ámbito político hemos tenido figuras insignes como Nelson Mandela, Barack Obama, Rosa Park y Ángela Davis. Hay que decir, que los movimientos políticos sociales y afrocolombianos están presentes y vigentes, reconfigurando el escenario del pensamiento colombiano; aunque se criminalice la protesta y se asesine a los líderes políticos y cívicos, seguimos en pie de lucha... Hay que decir que muchos que trabajamos en las universidades estamos en el aula de clase haciendo una nueva etnoeducación y una nueva historia de las ciencias sociales; buscando des-colonizar la noción de poder y de saber convencional para cambiarlos por otros discursos, por otros lenguajes y por otras polifonías que haga alusión a la diversidad que nos caracteriza como país y como región. Estamos renombrando, revalorando y actualizando el rol de estos insignes investigadores de las ciencias sociales desde una perspectiva histórica y social con sus libros, metáforas, frases, palabras, ideas y proyectos de autonomía individual y colectiva; tanto en el hacer como en el pensar.
Y esta propuesta en ningún momento es racismo o discriminación, sino autenticidad e identidad para valorar sin vergüenza el rol de esas personas que anónimamente han hecho demasiado en la construcción del nuevo país, de la Colombia justa, democrática y participativa. Esta “biblioteca étnica” se justifica porque el pensamiento y la reflexión histórica en las ciencias sociales, siempre obnubiló e ignoró el legado y el pensar de los afro; como si la constante histórica fuese participar y excluirnos al mismo tiempo. En la historia ello se plasma porque casi siempre se cita a investigadores del extranjero y no a los propios afros con sus ideas, conceptos y valores. Ya no habrá quejas de que no escribimos, de que “somos orales” o de que no tenemos nada que decir al pensamiento y a la reflexión teórica profunda de las ciencias sociales en Colombia.
Una cosa es escribir mi propia historia y otra que me la escriban. Por suerte, todo este ambiente cultural entró en metamorfosis constante con las legislaciones afros, las acciones afirmativas, las cátedras de etnoeducación, la movilizaciones pacíficas al estilo de Martin Luther King y de la No-Violencia; a esto se suma la justicia reparativa, los estudios culturales, los pensadores no-enajenados por el discurso oficialmente colonial, con el apoyo de algunas ONG, con la educación alternativa-popular, las emisoras alternativas, los periódicos, la comunicación disidente y sobre todo con la fuerza y el impulso que dio la constitución de 1991. Nuevos tiempos para cambiar las mentalidades. Dejar de ser ortodoxos para abrirnos a la polifonía de lenguajes y poéticas: filosóficas, artísticas y literarias que muchos no habían oído del elemento pensante, imaginario y creativo afro. Esta biblioteca apunta entonces, a visibilizar todo el aporte intelectual de los afros; para enriquecer la diversidad y la interculturalidad del conocimiento histórico y social colombiano.