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Resumen de ponencia
Salud mental y pos acuerdo en Colombia

*Wilson Díaz Gamba



Decía Sigmund Freud que la guerra es una pulsión destructiva inherente al ser humano, la cual le permite expresar toda la violencia arcaica que tenía dentro de sí. Pero era a través de la cultura que éste lograba reprimir dichas pulsiones. Para John Keegan (2014), la guerra se podría señalar como la piedra angular sobre la cual se han configurado los sistemas democráticos modernos. Ella ha sido el punto fundacional de las primeras urbes, los Estados-nación, las repúblicas modernas, y hasta de la libertad en si misma. Esta es la razón por la que todas las naciones, exaltan héroes y batallas épicas, que fueron etapas violentas pero transitorias hacia la constitución de Estados unificados.

En efecto, la guerra en la mayoría de los países ha sido un proceso de transición hacia la constitución de Estados-Nación, en el que el uso de la violencia con fines patrióticos y nacionalista contra los mismos compatriotas se constituye como parte de la historia. Colombia es uno de los pocos países en los que no ha existido un momento de ruptura entre la reivindicación de la guerra en aras de la libertad y la democracia, y la violencia política per se; ello a partir de la incapacidad que se ha tenido para erradicar las fuentes de conflicto y la violencia, como lo son: la pobreza, la marginación, la injusticia, la opresión, la tiranía, la explotación, la ignorancia y la intolerancia (Fisas, 2008).

La guerra en Colombia es un legado macabro que recibimos desde comienzos de nuestra historia, razón por la cual, ésta es narrada y aprendida a través de hechos de violencia, conflictos armados y violación al sentido de humanidad. Secuencia que se inició con la abrupta llegada de los españoles y el holocausto de su conquista, seguido por una imposición colonial que organizó las relaciones sociales sobre la desigualdad y la exclusión, desembocando en una lucha por la libertad que inició el día en que los próceres de la independencia alzaron sus espadas y concluyó cuando los doctores redactaron en el país una bella constitución que negaba todos los derechos al pueblo que había puesto los muertos en el campo de batalla, como no lo recuerda Eduardo Galeano.

En Colombia, pareciera que es la desconfianza en las instituciones, el odio, la intolerancia e intransigencia lo que nos identifica. Es así, que si la guerra es la continuación de la política por otros medios como exclamo Carl Von Clausewitz; de Colombia podría decirse que la guerra es la expresión de su cultura, y de ello dan cuenta las doce guerras civiles que se dieron a partir del grito de independencia de 1810 en el siglo XIX y las dos guerras civiles no declaradas durante el siglo XX e inicios del XXI donde la constante pareciera ser que sólo a partir de la eliminación del otro es que se refunda el orden y la paz.

Pero hoy cuando se avizora el fin del conflicto armado entre el Gobierno Nacional de Colombia y la guerrilla de las FARC, luego de más de cincuenta años de confrontación bélica. La sociedad colombiana tiene el reto de comenzar a reescribir su historia después de la guerra, empezar a sanar sus rencores y exorcizar sus odios. Reconocer que a través de la violencia, se han generado costumbres y prácticas, que, sumadas a los principales problemas del país, deben ser analizadas a la luz del comportamiento, el bienestar, la convivencia y la concepción de una sociedad en paz. Imaginarios que se construyen de manera individual, pero que tienen un efecto sobre el colectivo que naturaliza la violencia como una práctica social común, un desequilibrio mental que se arraiga en el individuo pero que a su vez se aloja en el inconsciente colectivo del pueblo colombiano.

En tal sentido, surge la necesidad de comprender y reflexionar sobre los procesos de bienestar psicológico, la salud mental de los excombatientes, las victimas y los mismos actores perifericos que han visto el conflicto por medio de una pantalla de televisión. Se hace necesarior entender las secuelas emocionales que les ha dejado la guerra, con el fin de fortalecer las capacidades de construir un proyecto de vida en la legalidad, en el marco del proceso de reinserción y reintegración a la sociedad, enmarcado en un fortalecimiento de la salud mental, para reconstruir el tejido social y asi poder avanzar en el proceso de reconciliación. Un trabajo arduo y complejo, que implica entre otros, la correlación de todos los actores inmersos en el conflicto, el conceso de los mismos y la definición de acuerdos, garantías y rutas para la construcción de una paz duradera y sostenible.

El fin del conflicto armado entre el Gobierno Nacional de Colombia y la guerrilla de las FARC, ha generado un sinnúmero de posturas políticas, sociales y económicas, respecto a los desafíos que propone la construcción de un nuevo país en paz. Luego de más de cincuenta años de confrontación bélica, la sociedad colombiana tiene el reto de comenzar a reescribir su historia después de la guerra. Un trabajo arduo y complejo, que implica entre otros, la correlación de todos los actores inmersos en el conflicto, el conceso de los mismos y la definición de acuerdos, garantías y rutas para la construcción de una paz sostenible.

En este sentido, es necesario reconocer que el conflicto armado interno ha sido desarrollado por actores como la fuerza pública, los grupos guerrilleros y paramilitares, las bandas criminales, la delincuencia organizada y los carteles de droga, entre otros. Los cuales, a través de la violencia, han generado costumbres y prácticas, que, sumadas a los principales problemas del país, deben ser analizadas a la luz del comportamiento, el bienestar, la convivencia y la concepción de una sociedad en paz. Dichos imaginarios y la forma como se construyen de manera individual, tiene un efecto sobre el colectivo que naturaliza la violencia como una práctica social común, desligando valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida positivos, enfocados en el fin de la violencia y la promoción del respeto a la vida como garantía constitucional.

Lo anteriormente planteado sucede en desarrollo de un nuevo proceso de paz, esta vez con el Ejército de Liberación Nacional – ELN, y en la construcción de un escenario de posacuerdo. Haciendo aún más importante, la necesidad de analizar y replantear todos los temas que aportan a la construcción de una nueva sociedad organizada en torno a la paz, y enmarcada en la promoción y defensa de los Derechos Humanos.

De acuerdo a este panorama, la ponencia, pretende desarrollar un trabajo exploratorio en torno a visiones y argumentaciones sobre el tema de la Salud Mental en un escenario de posacuerdo como el actual. Partiendo de la comprensión sobre la importancia de la salud mental desde el plano individual, familiar y colectivo, como herramienta esencial y prioritaria en el trabajo de atención y asistencia a víctimas y excombatientes del conflicto armado interno.




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* Díaz Gamba
Instituto para la pedagogía, la paz y el conflicto urbano. Universidad Distrital Francisco José de Caldas - IPAZUD/UDISTRITAL. Bogotá, Colombia