Los episodios de violencia en el fútbol profesional venezolano son cada vez más frecuentes y de mayor envergadura. Aunque desde el Estado y la FVF se han tomado algunas medidas, estas han sido incapaces de erradicar el problema. Por su parte, desde los medios de comunicación, mediante una lectura simplista y tendenciosa han intentado visibilizar a las hinchadas como las principales responsables del fenómeno.
Esta investigación –aún en curso- pretende realizar un balance histórico de las barras en Venezuela. Estudiar su proceso de asentamiento y masificación, los sentidos que subyacen en sus prácticas, sus estructuras y sus vinculaciones políticas. A su vez se analizará el tratamiento que se la ha dado a este hecho y se propondrá una agenda de acción.
Pese a su pertinencia y vigencia, la reflexión académica sobre este suceso ha permanecido totalmente obturada dentro de nuestras fronteras. Aunque en varios países de Suramérica gracias al esfuerzo y dedicación de un nutrido grupo de científicos sociales se ha producido una vasta literatura y una profunda elaboración teórica, en Venezuela es prácticamente inexistente el estudio especializado de nuestro objeto de investigación.
El fenómeno de las barras en el país se remonta a finales de la década de los ochenta y comienzos de los noventa, producto de la influencia del balompié argentino que logró extender esta forma de alentar a los equipos hacia el resto de Sudamérica, aunado a la consolidación del espectáculo deportivo como género principal de la industria cultural y del entretenimiento.
No obstante, esta práctica aparece con fuerza renovada en nuestro territorio a partir del nuevo milenio. Debido a la efervescencia generada por la actuación de la selección nacional, las importantes participaciones de oncenas criollas en los torneos continentales y la realización por primera vez de la Copa América en suelo patrio. Así como por la ampliación del número de conjuntos en el torneo de Primera División, la masificación del internet y de la televisión por suscripción, junto con la irrupción de las redes sociales.
Tras la conformación y fortalecimiento de estos grupos organizados de aficionados, se ha instalado en el imaginario colectivo la visión de las denominadas barras como el cáncer del fútbol. Como una banda de descerebrados que intentan sembrar el terror dentro de las canchas, una suerte de pandilla de malhechores que actúan sin lógica ni razón y que usan como subterfugio la exacerbada pasión por su club para delinquir y generar destrucción.
Desde el Estado y los medios de comunicación encuentran un único culpable. Parten de una lógica monocausalista y pretenden reducir el problema de las tribunas solamente a este grupo de simpatizantes. De esta forma, legitiman las medidas punitivas y coercitivas que cotidiana, estructural y sistemáticamente recae sobre estos.
El aparato seccionador de los órganos de coacción, mediante una postura dicotómica, busca diferenciar entre espectadores indisciplinados y los correctamente adaptados. En palabras de Gastón Gil, existe un consenso general que presenta a los “violentos” como unos pocos individuos que son identificados y “repudiados por todos”. Estos son los que hay que erradicar para que el fútbol sea la fiesta –pacífica y armónica- que era antes de su aparición.
Esta mirada trivial, que pretende criminalizar el aliento, parece ignorar que en la historia de este juego ha habido más muertes por condiciones de seguridad que por enfrentamientos entre barras. Y que antes de su aparición ya se habían perpetrados actos de vandalismo y agresión en los estadios. Es decir, ellos ni son los únicos ni son los primeros.
En consonancia con lo expresado por Garriga Zucal, se realiza un juego de luces y sombras, en el que se visibiliza las acciones de unos y se oculta la de otros. Al tiempo que se naturalizan, toleran, justifican y son asumidas como parte del folklore las prácticas violentas que en distintas dimensiones realizan los diversos actores del universo balompédico.
Este trabajo se propone a través de una revisión bibliográfica y hemerográfica, junto con diálogos y entrevistas con los miembros de las distintas barras, realizar un análisis histórico de la conformación de las hinchadas en Venezuela. Haciendo énfasis en sus jerarquías, comportamientos, conductas, rituales y representaciones. Además, se intentará profundizar en los motivos que los llevan a vincularse a estas organizaciones y sus funciones dentro de ellas.
Indagaremos acerca de la participación que tales agrupaciones tuvieron durante la coyuntura política acaecida en 2017 tanto en apoyo como en protesta al gobierno nacional. Se intentará visibilizar cómo ni los aficionados ni los jugadores escaparon a esta situación de aguda confrontación social.
A su vez, se examinarán las expresiones estigmatizantes y estereotipadas, así como los repertorios discursivos y narrativas hegemónicas empleados por los medios de comunicación. Los cuales a partir de sus pautas editoriales, asumen una postura generalmente superficial, parcializada y poco crítica frente a los hechos de violencia en el balompié, expresando sus prejuicios y diagnósticos, predisponiendo a la opinión pública en contra de las hinchadas.
De igual forma, se evaluará las medidas que se han aplicado para la erradicación de este fenómeno que no para de crecer. Del mismo modo, se formularán posibles propuestas que estén acorde a la complejidad y particularidades del mismo.
En este sentido se busca ir allanando el camino en esta área de estudio que hasta la actualidad ha permanecido totalmente relegada al anonimato. Para a través de una mayor comprensión de la misma y de una elaboración teórica, que entendiendo las rivalidades propias de este deporte, no convalide los actos de violencia en cualquiera de sus expresiones y ayude a promover el fútbol como elemento para la transformación social y así poder disfrutar de la fiesta en los estadios en paz.