Resumen de ponencia
Monomarentalidad: Producción y Reproducción de los Hogares en la Provincia de San Juan, Argentina
Universidad Nacional de San Juan. Facultad de Ciencias Sociales. Instituto de Investigaciones Socioeconómicas - IISE/UNSJ (Argentina)
*Sonia Vega
Desde hace varios años la estructura y dinámica familiares están siendo objeto de un profundo proceso de transformaciones a nivel mundial. Este proceso está relacionado con la extensión de formas inéditas de constitución de los lazos de pareja y filiación, dando lugar a un heterogéneo universo de formas familiares, entre ellos los hogares monomarentales.
La monomarentalidad, entendida como el tipo de estructura familiar en la que la mujer convive y cría en soledad al menos a un hijo, es una tendencia creciente en Argentina y en casi todos los países de la región (CEPAL, 2004). La evidencia es abrumadora si se tiene en cuenta que solamente en los últimos veinticinco años, la monomarentalidad prácticamente se duplicó, alcanzando a uno de cada cinco hogares argentinos.
Para algunos autores (Arriagada, 1993; Del Valle, 2002) los cambios en la estructura familiar están asociados con el incremento de la participación laboral femenina, su contribución económica al hogar, la delegación de tareas domésticas a otros miembros y la intensificación de su jornada de trabajo. Estos procesos, y otros, contribuirían a la producción de concepciones más amplias sobre la familia, los hogares y los vínculos intrafamiliares, así como al creciente cuestionamiento de los roles de género fuera y dentro del hogar.
Las tendencias de la fecundidad y la nupcialidad dan cuenta de estos procesos de transformación. Al parecer la posición de las mujeres en el mercado de trabajo y su creciente acceso a niveles superiores de educación, están influyendo en el aplazamiento voluntario de la nupcialidad y la maternidad, con incidencia directa en el número de hijos y en los vínculos de pareja.
Los datos oficiales indican que, en Argentina, hay un crecimiento de uniones consensuales, como opción de vida en pareja, en detrimento del matrimonio y que en los últimos diez años (Censo 2010) descendió notablemente el promedio de hijos por mujer, especialmente en el grupo de las más jóvenes. La provincia de San Juan se encuentra entre aquellas que presentan un descenso de la paridez media, hasta los grupos de 40 a 49 años de edad y un leve incremento en las edades más avanzadas. Además, siguiendo la tendencia nacional, las uniones consensuales son cada vez más frecuentes, especialmente entre los más jóvenes.
Para ciertos autores (Wainermann y Geldstein, 1994) la aparición de esas nuevas formas familiares es el resultado de la crisis del modelo más tradicional de familia, legitimado por el contrato matrimonial y organizado sobre la base de un poder familiar centralizado en la figura masculina. La mayor participación de las mujeres en el mercado de trabajo y el aumento de la jefatura femenina, están transformando ese modelo familiar. Así se propicia que las mujeres contribuyan más económicamente a la familia, asuman la jefatura del hogar (muchas veces en soledad) redefinan su posición frente a su cónyuge en términos de dependencia económica, acepten o rechacen la maternidad y el matrimonio y busquen una mayor autonomía individual.
Esto sin dudas supone cambios en la forma de organización familiar y favorece la independencia económica de las mujeres. Sin embargo, aún no es suficiente para alterar las relaciones de poder entre los géneros, arraigadas fuertemente al modo capitalista de producción social y económica.
El patriarcado, considerado como uno de los primeros sistemas de dominación, ha sido y sigue siendo muy bien aprovechado por el capitalismo. Como señala Haug (2006) el trabajo doméstico no reconocido ni remunerado como tal y realizado siempre por mujeres, contribuye a la reproducción de la fuerza de trabajo (con beneficio directo para el capital) constituyéndose en la condición de posibilidad para la producción fuera del hogar y de la dominación de los hombres sobre las mujeres.
Esa condición de doble dominación masculina es posible gracias a la división social y doméstica del trabajo que permite definir las relaciones de género como relaciones de producción y a la familia como el primer sustento de la desigualdad y la dominación capitalista. Así el trabajo doméstico y todas aquellas actividades esenciales para la reproducción biológica son, en realidad fundamentales para la organización del trabajo capitalista, pues contribuyen a la reproducción de la fuerza de trabajo.
En Argentina cuando las crisis económicas profundizaron la pobreza de los hogares más vulnerables, las mujeres debieron reforzar su rol como soporte de estrategias de sobrevivencia (Girón, 2010) y el de reproducción de las condiciones familiares de existencia. Situaciones más claramente manifiestas cuando es ella la principal o única perceptora de ingresos, ya sea porque su cónyuge no trabaja o está ausente.
La ausencia del varón, en el caso de las mujeres solas con hijos a cargo, implica que ellas deban centralizar en sí mismas la responsabilidad de la producción, consumo y distribución de los bienes de la familia. Son hogares que suelen tener muchas dificultades para generar recursos y mantener la organización del grupo familiar, esto es conciliar la doble jornada laboral al trabajar fuera y dentro del hogar.
Sin dudas la conciliación entre vida laboral y familiar es para estas mujeres uno de los grandes problemas que deben enfrentar. De hecho, y como sostienen González y Jimenez (2004) si la conciliación es un núcleo de dificultades y contradicciones para las familias biparentales lo es mucho más para una familia monomarental.
En ese sentido el presente trabajo constituye una aproximación a ese tipo de hogares, especialmente en la forma en que se producen y reproducen como unidad doméstica y las formas con que se logra la conciliación entre el trabajo fuera y dentro del hogar.
La ponencia es parte del Trabajo de Tesis de Maestría “Hogares Monomarentales en el Gran San Juan. El doble rol de las mujeres y los dilemas de la conciliación” . Se muestra una aproximación a la realidad de los hogares monomarentales de sectores socioeconómicos medio y bajo en el Gran San Juan. En ellos las mujeres son protagonistas fundamentales de los procesos de producción y reproducción de la unidad doméstica, ya que encarnan el doble rol de cuidadoras y proveedoras económicas. Especialmente se analizan y muestran las distintas estrategias a las que suelen recurrir en busca de compatibilizar el trabajo de cuidados en el hogar con el trabajo remunerado fuera de él. Se trabajó sobre una muestra intencional de once (11) hogares del Gran San Juan en los cuales las mujeres no conviven con un cónyuge, realizan alguna actividad remunerada y conviven al menos con un hijo menor de edad. Son hogares en los cuales la madre es la única responsable de la jefatura parental, asumiendo en soledad las labores productivas y reproductivas que comprenden la contención afectiva y material de todos los miembros del hogar.
Atendiendo a la complejidad del análisis propuesto y considerando que la monomarentalidad suele ser una estructura familiar temporal y transitoria hacia otras formas familiares se propuso una investigación acotada temporal y espacialmente, que refleja exclusivamente la situación de los hogares seleccionados y observados durante el transcurso de la investigación.