Si se observa el proceso de desarrollo y consolidación del campo científico de la Sociología es inevitable constatar que este avanza con la presencia “espectral” del marxismo, en particular de la teoría de Marx. Bien se puede decir que la Sociología busca responder a la crítica marxista y el reto teórico de explicar la sociedad desde la noción de relación social. Existe un punto de coincidencia fundamental: la importancia que en la teoría de Marx tiene el concepto de "relación social" coincide con que -desde muy temprano- la sociología lo considerará como su objeto de conocimiento científico.
No obstante, de modo explícito o implícito las corrientes sociológicas más representativas mantienen una posición crítica respecto del marxismo. Como lo sostiene Michael Burawoy, el campo científico de la sociología, en sus tendencias dominantes, ha sido renuente al marxismo. Esta condición ha sido señalada también por teóricos marxistas como Lefebvre, Therborn, Burawoy o Erik Olin Wright.
¿Cuáles pueden ser los elemento fundamentales de este largo debate? Esta ponencia pretende sistematizar el debate en torno a tres problemas. En primer lugar, las dificultades de la sociología en su comprensión de la “vida material”; en segundo lugar, los vacíos en el marxismo en cuanto a la interpretación del vínculo entre las relaciones de producción y el resto de las relaciones sociales, especialmente aquellas relacionadas con la interacción “cara-a-cara”; por último, las posibilidades de una “sociología concreta” de los fenómenos del fetichismo y la enajenación como resultado de los puntos anteriores.
La búsqueda de la especificidad disciplinaria de la sociología limita sus posibilidades de comprensión de la sociedad capitalista tardía, lo hace de tal modo que conduce incluso a las formulaciones acerca de la “sociedad post-capitalista”, en esencia –siguiendo a Therborn- el problema radica en la resistencia de la sociología a la consideración sobre la importancia de las relaciones sociales de producción como «patrón determinante», o como sostiene Bensaïd, el énfasis en la interacción concreta omite la necesidad de inscribirla en las estructuras generales de las relaciones sociales que no necesariamente deben reproducirse en esas formas de interacción. La teoría de las prácticas de Bourdieu o la de las «redes sociales» de Castells o Granovetter o el retorno a la performatividad goffmaniana o la teoría de los sistemas, no dejan de mostrar un límite significativo al momento de interpretar el orden de las relaciones sociales por su completa desvinculación con la problematización de las relaciones sociales de producción. No obstante, la crítica marxista presenta una dificultad inversa: sus limitaciones en comprender científicamente la articulación entre las relaciones sociales de producción y las otras formas de relación social, la interacción “face-to-face” por ejemplo. Es posible abrir formas alternativas de comprender este debate si se contrastan las consideraciones anteriores con el largo debate entre «objetivismo» y «subjetivismo» en sociología, una clave interpretativa sobre esto supone poner en cuestión la tendencia predominante que comprende al marxismo como una corriente «objetivista» o «macrosociológica» sin más. Así, por ejemplo, Bourdieu propone su teoría de las prácticas como una salida a ese debate, comprendiendo que la vida social es una combinación permanente e inestable de «estructuras objetivadas» y «estructuras incorporadas», pero esa posibilidad de comprensión ya está sugerida en el concepto de praxis de Marx.
Finalmente, el contraste entre marxismo y sociología abre una posibilidad de superar la tendencia estrictamente filosófica de la discusión de dos conceptos centrales de la crítica marxista: enajenación y fetichismo. En el contraste de estos conceptos con el desarrollo científico de la sociología es posible superar la tendencia a una interpretación metafísica de esos fenómenos. Si se tiene en cuenta que ambos fenómenos tienen que ver con la «cosificación» de relaciones sociales es bastante claro que la “puesta en relación” con la sociología puede resultar muy fructífera en su capacidad heurística sobre la forma social capitalista.