San Martín Tepetlixpan, es el primer ejido del país que después de distintas reformas constitucionales asociadas a la tenencia de la tierra, decidió vender sus terruños anunciando con ello una nueva etapa dentro de la historia de México. Conocer a detalle las edades, los hechos, las políticas macroeconómicas y sus implicaciones en el territorio de lo cotidiano es el objetivo principal del presente trabajo. Para ello describimos desde la etnografía, cómo los ejidatarios de San Martín transitaron su tierra, desde el momento en que la recibieron mediante procesos agrarios, hasta aquel punto en el que decidieron venderla. Así también hacemos un énfasis en cuanto a los modos de recomposición social y cultural en medio de un mundo metropolitano voraz en crecimiento, desbocado en intereses y desigual en sus modos de construir la gran ciudad. El fin de la presente investigación estriba en visibilizar los recursos que las comunidades ponen al servicio de su permanencia en situaciones de despojo inminente.
Haciendo una revisión desde las ciencias sociales, encontramos un conjunto amplio de estudios que analizan el territorio desde distintos y paradigmas metodologías. Este especial interés no es baladí ni gratuito, el territorio tiene que ver con el pasar de las identidades, la construcción de la memoria y la composición desigual de las sociedades. Es también contenedor y continente de los modos de negociación del poder; de la potestad de las expresiones de la naturaleza y la historia del disfrute de unos por el despojo de otros.
Es por lo anterior que cuando hablamos del territorio de manera intrínseca encontraremos la palabras: disputas, tensiones, negociaciones, paradojas y luchas. La tierra es al final la expresión donde encuentran materialidad los sueños y las sociedades. Es donde se erigen las comunidades, los estados y las naciones. En sus confines se levantan las fronteras, los limites, las pertenencias y las exclusiones. El territorio es el narrador privilegiado de la historia de la tierra. Sus modos de dominio y relaciones, sus regulaciones y sus formas de definición, nos hablan de actores sociales que convergen y divergen a partir de sus modos plurales de relaciones de poder. El territorio lo podemos entender desde sus múltiples edades en términos históricos, en sus muchas dimensiones en términos espaciales, y dinámico a partir de la gestión y el usufructo que proyectan las decisiones del poder.
Tal y como lo han señalado múltiples autores (Giddens, (2007) Zibechi, Gupta y Ferguson, 2002) los procesos de globalización de la economía en los últimos treinta años, han reconfigurado a nivel estructural las sociedades. Podemos decir que los territorios viven hoy día entre la emancipación de los sueños locales y la imposición de los deseos globales. Esta paradoja territorial expresa tensiones claras en distintas dimensiones pero donde centraremos la atención es en aquellos modelos normativos que regulan las relaciones alrededor de la propiedad de la tierra.
Hoy en día las narrativas sobre la posesión de la tierra, el usufructo de las expresiones de la naturaleza y la regulación de las relaciones entre los actores que convergen en un espacio y en un tiempo determinado nos remiten a la historia de la humanidad desde que habita en el planeta tierra. Lo que quizá haga particular esta etapa es la velocidad en la cual los grandes relatos sociales (el estado, la religión y los modos de producción) han cambian a partir de necesidades de mercados transterritorializados que atienden a la demanda comercial en escala global.
Es por ello que elementos que parecían imposibles de vender, comprar, permutar, rentar o adquirir, como la tierra, el agua, el aíre o la vida, a partir de la instauración de este modelo, se convierten en productos y las empresas transnacionales en conjunto con los gobiernos, van pactando acuerdos en los territorios para su explotación. La razón por la que son susceptibles de convertirse en objetos de mercado, es que hay una enorme demanda comercial que observa en los ecosistemas y expresiones de la naturaleza elementos susceptibles de ser vendidos, observa en ellos un espacio para expandir sus proyectos económicos globales y ve en estos contextos los modos de maximizar ganancias y minimizar costos políticos, económicos y sociales.
Así mismo es pertinente una nota teórico metodológica acerca de las concepciones del desarrollo; las políticas liberales aplicadas al campo forman parte de un conjunto de acciones en caminadas a la modernización del país con un discurso asociado al crecimiento económico y al libre mercado. Esta definición hace visibles los efectos del despojo (Zibecchi 2013) y la desigualdad que dan voz y contenido a las resistencias que los pueblos generan para hacer frente al fenómeno de la acumulación por desposesión de la que habla el autor.
Para el trabajo que se presenta hemos engrosado el concepto de las alternativas al desarrollo o al desarrollo otro, del que hablan Quijano(2012), Vázquez y Prieto (2012), Toledo y Barrera-Bassols (2008) y Escobar (2010) entre otros. Los autores proponen que mirar el proceso de los pueblos y comunidades, como en este caso, el de la gestión territorial, desde el conocimiento local nos permitirán comprender sus motivaciones y la agencia que tienen en la valoración de lo que pierden y lo que conservan de acuerdo al contexto expresado por ellos mismos. El conocimiento local, entre otros factores construye concepciones propias de desarrollo con epistemologías del mundo, de las naturalezas, de la salud y el bienestar todo ello sostenido en una memoria viva.
En estos dilemas se circunscribe la historia del ejido de San Martín Tepetlixpan (o también conocido por los locales como San Martin Obispo) que en el año 2013 termina un proceso de venta de la tierra, para convertirse en el primer ejido privatizado del país. Esta colectividad juzgada de vende patrias, de agachones y cómplices del despojo, ha realizado un conjunto de acciones concretas para mantener viva su memoria que le permite avanzar a la luz de los eventos vividos en el pasado, reinventando su identidad sobre los significados y valores que se gestaron su el caminar como colectivo, planteando hoy en día preguntas complejas sobre las viejas certezas de los estudiosos del agro mexicano, reviviendo y sofisticando las controversias entre los intelectuales campesinistas y descampesinistas: ¿es necesaria la tierra para significar el territorio? ¿es posible ser ejidatario sin tierra? O ¿cuáles son los modos en los cuales la identidad y organización social de estos colectivos, se transforma a la par de la recomposición del territorio?
Sírvanse los siguientes párrafos para dar cuenta de los sucesos por los cuales ha transcurrido la trayectoria contemporánea del territorio mexicano, especialmente desde en el siglo pasado y la primera mitad de la segunda década de este nuevo milenio. En sus distintas edades, observaremos como la tierra, luego la tenencia de ella y luego los derechos de posesión sobre la misma han constituido garantes de la territorialidad entre los ejidatarios, hasta llegar a las reformas estructurales de los últimos años, donde esto ha cambiado y sigue en constante transformación.